Renovación generacional o una renovación de alterizquierda

El churo es un elemento importante en las cosmovisión andina-indígena. FOTO: Conaie

Por Atawallpa Oviedo Freire 

El progresismo ecuatoriano (correísmo) ha puesto en el tapete un falso dilema y un eufemismo, nacido del oportunismo a sabiendas de que la mayoría del voto será joven en las próximas elecciones.

Empecemos con la siguiente reflexión. El joven Marx a sus 30 años publicó el Manifiesto Comunista en donde proponía la dictadura del proletariado para oponerse a la dictadura de la burguesía, pues consideraba que para crear el socialismo era necesario salir del estado feudal, procediendo a la industrialización masiva y que implicaba consolidar el capitalismo para de ahí pasar al socialismo y al comunismo. Así pensaba el joven idealista, que debía ser el camino de transformación, pero resulta que 30 años más tarde se dio cuenta que no era necesario para todos los pueblos fortificar el capitalismo y pasar por el socialismo para llegar al comunismo, sino directamente consolidar los sistemas comunitarios. (Aquí un artículo completo al respecto.)

De lo anotado, se puede desprender que la madurez PUEDE darle más sabiduría a una persona, pero la juventud no la puede dar, pues la sabiduría viene de la vivencia recorrida. Por lo tanto, el asunto de un cambio que se propugna para la humanidad no es un problema generacional. Como tampoco es una cuestión de género, como ha cobrado fuerza últimamente, pues no toda mujer nace ni piensa como las demás mujeres. Ni es un dilema de “raza” o etnia, ninguna persona que es de un color de piel tiene un pensamiento racial determinado. Ni siquiera es una cuestión de clase, pues ninguna persona pobre que sufre esa situación apoya necesariamente a gente de su misma condición.

El asunto es de ontologías, de epístemes, de concepciones, de creencias. En eso nos dividimos los seres humanos. En la historia de la humanidad se han expresado básicamente dos concepciones, una vitalcéntrica y otra antropocéntrica, o heliocéntrica y geocéntrica, o indígena y civilizada, o animista y religiosa, etc. El paradigma antropocéntrico puso como referente al varón europeo como el centro del mundo, y todo funciona dentro de esta categoría, desde dios, la democracia, los partidos políticos, hasta las calles y los autos, todo tiene una impronta machista y patriarcal. Ésta es la diferencia principal, las otras son secundarias o subyacentes a ésta.

El paradigma colonial en su conquista del planeta ha puesto a discutir al mundo sobre sus prototipos. Hoy casi todo gira alrededor de lo que ellos han creado como centro y las periferias solo deben acoplarse o desaparecer. No importa si son de derecha o de izquierda, todos giran sobre lo mismo, solo se diferencian en si el ESTADO es capitalista o ESTADO socialista, DEMOCRACIA liberal o DEMOCRACIA comunista, DESARROLLO económico o DESARROLLO sostenible, etc. Mientras desde la alteridad se plantea otras instituciones y otras condiciones a lo producido por el eurocentrismo.

Lo revolucionario o nuevo o diferente es de tipo ontológico o fundacional, es decir, no son los cambios radicales que se den al interior del paradigma antropocéntrico, pues lo único que hacen es prolongarlo en el tiempo, ya han pasado 500 años y la humanidad sigue dándose las vueltas sobre el mismo disco rayado o queriendo morderse la cola como los perros locos. La izquierda, históricamente, en todo el mundo, solo le ha disputado a la derecha el otro lado del mismo paradigma civilizatorio. Solo la alteridad ha ido más allá, y particularmente desde el sumak kawsay como teoría política, pero además filosóficamente, rompiendo y cuestionando el esquema capitalismo-socialismo y todo el racionalismo reduccionista creado.

La mayoría de personas y de intelectuales siguen atrapados en el esquema reduccionista y se disputan sus conceptos y creencias, a un lado o al otro del mismo modelo. Han pasado 500 años y no descubren otros paradigmas, viven junto a él pero lo siguen mirando racializadamente y lo desprecian. Lo único que vale es lo producido por lo “blanco” y lo demás son “solo” de los Otros o de los Ningunos. El “blanquismo” pone el juego y las reglas, y todos juegan a su juego. Y a este juego, cuando la izquierda gana o pretende ganar, lo llama revolucionario. Esto es un eufemismo. No importa sin son las izquierdas progresistas o las radicales, todos juegan a ese juego, participando de sus instituciones, de sus creaciones y de sus expresiones, en la vida cotidiana y en lo público.

Después de 500 años emerge la alteridad, la otredad, lo indígena, lo vital; y, rompe con los esquemas normalizados que han hecho de esta forma de vida algo natural; pero que igual a la pandemia del coronavirus, no será el virus ni la vacuna la que cambie este tipo de vida sino la decisión de las personas para cambiar a otro estilo de vida. El virus es el capitalismo y la vacuna no es el socialismo, sino otras ontologías y epistemes fuera de este paradigma colonial denominado derecha e izquierda, dicotomía que existe, pero que es solo un problema al interior del mismo paradigma reduccionista. La disyuntiva tiene otros niveles y matices, que el reduccionismo no lo puede ver, muy diferente al paradigma integral, holístico, complejo, cuántico, (en síntesis: tetrasófico).

Evidentemente, que hay una confrontación en el paradigma antropocéntrico, y que ellos denominan de izquierda-derecha, pero el asunto está más allá de este axioma. Es decir, existe esta dualidad, pero como una parte de otras mayores. Dicho de otra forma, hay una izquierda colonial o colonizada y una izquierda decolonial y a la que nosotros la llamamos “alterizquierda”. Esta última tiene diferencias de forma y de fondo con la izquierda colonial, y evidentemente con la derecha. La izquierda colonial y dogmática califica a la alterizquierda como romántica, extremista, esencialista, regresiva, pachamamista, etc. (sin negar que hay algunas expresiones en ciertos grupos). La izquierda colonial es una izquierda conservadora que se resiste a los cambios, que no quiere revolucionar sus concepciones. De ahí, la urgencia de descolonizar las izquierdas, si se quiere un cambio profundo y real, sino lo que tendremos son más gatopardismos.

Solo la alteridad ha ido más allá, y particularmente desde el sumak kawsay como teoría política, pero además filosóficamente, rompiendo y cuestionando el esquema capitalismo-socialismo y todo el racionalismo reduccionista creado.

—Atawallpa Oviedo Freire

Caso ecuatoriano

La izquierda colonizada ecuatoriana, especialmente la progresista, solo quiere darle “una mano de gato” al sistema, eso lo han hecho en todos estos años de experiencia del “socialismo del siglo 21”. Y lo quieren seguir haciendo, con todo lo que han hecho últimamente y con lo que dicen que pretenden nuevamente. Ahora prometen hacer cambios con “gente joven” y “bien preparada”. Preparada en qué y para qué. Arauz estudiado en el colegio más caro de Quito y en las universidades coloniales, qué puede ofrecer, pues, más colonialismo de izquierda.

De otra parte, es cierto que es un joven en edad, pero ya es recorrido en el correísmo. 15 años es bastante, y es un personaje conocido. Y hay personas, como en mi caso, que soy de la edad de su tutor, pero que nunca ha hecho carrera política, que soy desconocido y que soy parte de la alteridad. Personas así serían una renovación en todo sentido y no otro más del montón normalizado por el sistema.

La mayoría de la izquierda ecuatoriana es colonial, pero hay izquierdas que se están descolonizando poco a poco. Incluso, el partido político Pachakutik sigue siendo parte de la izquierda colonial, tal como se ha visto en la elección de candidatos de este partido. Pero en relación a todo el movimiento indígena hay una disputa entre la izquierda colonial y la alterizquierda, a diferentes niveles y estados.

Entonces, el problema central no es de personajes, Yaku Pérez o Leonidas Iza, sino de concepciones y de visiones a corto y largo plazo. El asunto es de descolonización, habiendo los mucho y los poco colonizados. No se puede quedar la disputa en los personajes, para mi ambos son importantes figuras sino ir al trasfondo, que es lo colonial, lo antropocéntrico, lo civilizatorio, lo logocrático, lo reduccionista. Esa es la discusión y cambio de fondo en Pachakutik, en el movimiento indígena, y mucho más en las otras izquierdas.

En síntesis, la renovación no es generacional, Arauz es solo el joven Correa, y muchos son como el joven Marx, necesitamos la sabiduría para rebasar toda la civilización colonial y antropocéntrica por una trans-civilización integral, eso es la alterizquierda.

“No se puede quedar la disputa en los personajes, para mi ambos son importantes figuras sino ir al trasfondo, que es lo colonial, lo antropocéntrico, lo civilizatorio, lo logocrático, lo reduccionista. Esa es la discusión y cambio de fondo en Pachakutik, en el movimiento indígena, y mucho más en las otras izquierdas”.

—Atawallpa Oviedo Freire

*Atawallpa Oviedo Freire es escritor, periodista y filósofo nacido en Ecuador.