Carta abierta para Andrés Arauz

Andrés Arauz aceptó su candidatura ante el CNE el pasado 27 de agosto. FOTO: Tomada de la cuenta TW de Arauz.

Por Juan Carlos Coéllar

No nos conocemos personalmente, pero te confieso que me embarga una profunda tristeza y desazón tras la condena al expresidente Rafael Correa por el caso “Arroz Verde”, pese a que hace mucho tiempo dejé de apoyarlo políticamente porque me decepcionaron sus rasgos autoritarios y las limitaciones de su gestión para emprender en otros caminos que no sean los del desarrollismo de Estado. Estoy convencido de que esta decisión, al igual que la condena por el llamado “Caso Balda”, son parte de una estrategia perversa de judicialización de la política y de politización de la justicia, aupada por las élites políticas y económicas del Ecuador, los medios de comunicación hegemónicos y el poder imperial de los Estados Unidos. 

He seguido atentamente los razonamientos de dos juristas expertos en temas penales que, al igual que yo, son críticos a la gestión del expresidente Correa: Pedro Granja y Ramiro Aguilar. Coincido con ellos en que los casos en contra de Correa carecen de pruebas tangibles y concretas que fundamenten las sanciones penales aplicadas. Escucho regularmente también los comentarios de un comunicador profesional como Fabricio Vela quien ha advertido innumerables veces, en el programa radial que dirige en Radio Majestad, sobre los graves peligros que conllevan las interferencias políticas en los procesos judiciales, el socavamiento del Estado de Derecho y del debido proceso. No solo se trata de los casos del expresidente Correa. Ha pasado lo mismo con los procesos judiciales abiertos en contra de Paola Pabón y Virgilio Hernández a raíz de la poderosa rebelión popular de octubre del año pasado. En todos éstos se han cometido injusticias tremendas contra la honra y el buen nombre de estas personas. Son casos que desnudan la fragilidad y el temor que tendríamos otras personas, menos conocidas públicamente, por la indefensión a la que nos expondríamos de mediar una eventual denuncia en nuestra contra. 

Sin embargo, no puedo dejar de decir que en el período de gobierno de Rafael Correa también hubo muchos casos de indefensión y politización de la justicia. Están frescos en mi memoria los casos de los chicos de Luluncoto; la criminalización contra protestas legítimas del movimiento indígena que se opuso a la instalación en sus territorios de proyectos mineros; la persecución a dirigentes sociales de la Unión Nacional de Educadores (UNE); el cierre por ahogamiento económico de medios de comunicación alternativos como el que dirigió Juan Carlos Calderón; la presión política que ejerció el gobierno de Correa sobre el Consejo Nacional Electoral para invalidar la consulta popular sobre el Yasuní; la creación de movimientos sociales paralelos en el peor estilo del PRI en México; entre otros. 

Pienso, como estarán pensando muchos ecuatorianos y ecuatorianas, que el odio que generó Correa adquirió ribetes tan altos e irracionales que hoy se están cobrando con las mismas medidas y atropellos que cometió su gobierno. Pero así no se construye éste ni ningún país. Tan repudiables fueron los casos que se emprendieron antes, como los que se han cometido en este período de mal gobierno de Lenin Moreno, ineptitud, entreguismo, corrupción e insensibilidad con los más pobres. 

“Tan repudiables fueron los casos que se emprendieron antes, como los que se han cometido en este período de mal gobierno de Lenin Moreno, ineptitud, entreguismo, corrupción e insensibilidad con los más pobres”. 

No me ubico en esa categoría de odio. No odio a Correa. Trabajé en su gobierno pero me alejé quizás tardíamente, como saben algunos pocos amigos. Le reconozco muchas virtudes, sobre todo, su liderazgo y clara visión de unidad y defensa de soberanía latinoamericana. No soy tan ingenuo para creer que muchas de las personas cercanas que lo acompañaron no se aprovecharon y utilizaron el poder para beneficio propio. Pero no creo que Correa lo haya hecho. Ni que se haya enriquecido con plata mal habida y corrupción. Otras son mis críticas contra él. 

Pero esto no tiene mayor importancia. No soy una persona pública, apenas una que trata de mirar y a veces escribir con equilibrio y objetividad —si esto es posible–, pero también con pasión y con rabia, sobre las cuestiones que me preocupan o que me molestan. 

Andrés Arauz, tú eres ahora el candidato de esa tendencia denominada progresismo. He visto las entrevistas que te han hecho. He leído tus declaraciones. Eres una persona joven e inteligente. Buena en el debate y en la defensa de tesis y razonamientos políticos. Has mencionado que llevarás el programa de la “Revolución Ciudadana”, pero en su versión 2.0. Tienes muy buenas posibilidades de ganar las elecciones. Creo que acertaron en la estrategia de presentar un candidato joven por el inmenso caudal de votos de personas de tu rango de edad y más jóvenes, inclusive, que participarán por primera vez en la próxima contienda electoral. En caso de que así sea, concreta ese programa. Renuévalo con propuestas, que no son necesariamente de jóvenes ni tampoco de viejos, pero necesarias para este país casi fallido en el que nos encontramos. 

En los temas ambientales podrías corregir las limitaciones que tuvo el expresidente Correa, al opacar los procesos de consulta previa, libre e informada en territorios indígenas, y al pensar -con sus presupuestos desarrollistas- que no podemos “sentarnos en un saco de oro” cuando existen tantas necesidades insatisfechas. Ningún ambientalista sensato –creo que lo soy–, está de acuerdo con la tesis de que hay que impedir por todos los medios proyectos mineros o petroleros. Pero esto hay que hacerlo con cuidado y con respeto hacia las poblaciones y a la naturaleza con la que formamos una estrecha simbiosis. Hay límites para las estrategias extractivistas que no se pueden trasgredir. El extractivismo no es posible en todos los lugares. Retoma la iniciativa de los jóvenes yasunidos, exprésale a la gente joven de este país (también a los que ya no lo somos) que garantizarás una consulta limpia y sin trampas. 

En los temas culturales, de los que provengo por formación y pasión, he leído tus declaraciones y coincido contigo. No tengo casi nada que agregar, a más que expresarte que refuerces la relación del Ministerio de Cultura con el de Finanzas. No habrá una política cultural fuerte, sin recursos económicos. Garantiza la libertad de creación y producción artística. Ese es un derecho clave. No intervengas, como representante del Estado, ni permitas que otro organismo de él use la cultura para su propio beneficio. El Estado debe garantizar derechos culturales de toda la población, no decir lo que es o no cultura.  Y claro, aguanta nomás las críticas y los perfomances que te harán artistas y colectivos culturales. 

“En los temas ambientales podrías corregir las limitaciones que tuvo el expresidente Correa, al opacar los procesos de consulta previa, libre e informada en territorios indígenas, y al pensar -con sus presupuestos desarrollistas- que no podemos “sentarnos en un saco de oro” cuando existen tantas necesidades insatisfechas.

En temáticas de género y de violencia, y en general en políticas sociales tan venidas a menos desde que salió de ese ministerio Berenice Cordero, avanza todo lo que puedas y más. Cambia esa política fondomundialista de bonos de desarrollo basadas en transferencias económicas condicionadas. Mira algunos ejemplos europeos que critican  de manera fundamentada esa medida y que están tratando de concretar propuestas como la “Renta Básica”. La directora de la CEPAL, Alicia Bárcenas, ha planteado algunas veces la posibilidad de avanzar en esa iniciativa en los países de América Latina. Desarrolla una estrategia de largo plazo, con el apoyo de los colectivos de mujeres y de defensa y promoción de derechos de niñas, niños y adolescentes para detener tanta violencia, maltrato y atropello de género. Somos una sociedad patriarcal que requiere cambiar con urgencia patrones de relacionamiento basados en el poder y la violencia de una masculinidad que está en una crisis profunda. 

Pelea contra el racismo. Comienza, porque en el gobierno de Correa se hizo en verdad muy poco, a pensar cómo concretar aquello que la Constitución denomina “Estado plurinacional”. Conversa con líderes indígenas, especialmente de la CONAIE, con líderes afrodescendientes y montuvios. Ellos te orientarán en el camino a seguir. Somos una sociedad profundamente racista. Socaba estructuralmente las causas en que se levanta. No voy yo a decirte qué hacer para ello. Tú tienes la formación y la inteligencia, y quizás, la voluntad (quiero creerlo) para hacerlo. Avanza en la articulación de la justicia indígena y la justicia convencional. Revisa con ojos críticos, pero renovados, los conceptos de “autonomía” y “buen vivir”. No hagas de esto último solo una consigna. Entiéndelo y encárnalo de manera profunda y respetuosa. 

Sobre otros aspectos importantes ya te he escuchado. Pondrás prioridades para salir de la profunda crisis en la que nos encontramos provocada por el catastrófico desgobierno de Moreno. Coincido en lo que has planteado. Utilización creativa de recursos internos y externos existentes para paliar la emergencia de escasez de alimentación, pérdida de empleo y desmoralización profunda de la gran mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas. Promoción de una integración soberana de los países de América Latina. Supresión del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional. Incorporación del Ecuador en estrategias regionales de renegociación de la deuda externa… 

Te confieso que me ha gustado mucho escucharte decir que crees y que defenderás el estado de derecho y la separación de poderes. La institucionalidad de las formas de la vida democrática. Esto lo he aprendido de adulto. Creo que la defensa y radicalización de la democracia, que incluye también los rituales electorales (lo digo sin sarcasmo), es una forma importante de construir, sin violencia, otra sociedad. Para quienes venimos de una formación marxista este tema ha constituido una inflexión, un parteaguas respecto a la concepción instrumental de la democracia que teníamos cuando pensábamos y soñábamos en una ruptura de características socialistas. Quizás ya no piense lo mismo. Por otra parte, nunca estuve plenamente convencido en la dictadura de una clase sobre otra, peor de un partido sobre otro. Pero sí creo que el capitalismo es la barbarie y que nos llevará a la destrucción como humanidad sino somos capaces de transformarlo. Creo que la dirección de radicalizar la democracia a partir de la participación y movilización popular, consciente y voluntaria, es una posibilidad. Pero al mismo tiempo también es fundamental honrar las leyes y las normas justas que hacen posible una convivencia pacífica, respetuosa y creativa. Tal vez no estés de acuerdo conmigo en esta perspectiva más amplia de cambio y transformación. Pero no importa. Quién soy yo para enseñarte nada. 

Andrés, permíteme este trato casi personal, no pretendo darte ningún consejo. Solo he señalado algunas limitaciones del ejercicio del gobierno de Correa que deberías superar de manera autocrítica y honesta en el discurso de una campaña electoral difícil, compleja y virulenta que con seguridad gatillará contra ti. El 20, 21 y 22 % que te dan hoy las encuestas te llevará a la segunda vuelta. Pero será insuficiente para ganar. Una derecha reforzada irá esta vez con todos los mecanismos legítimos e ilegítimos para imponerse. Tienen mucho que perder. Yo, como muchos ecuatorianos y ecuatorianas, quisiera que ganes. Que podamos reconstruir un país mejor y más justo. Que lo hagamos sin revanchismos, con diálogo, con respeto a las diferencias, con firmeza y con decisión. No se trata de emular al gobierno de Correa. Se trata de rescatar sus aciertos, sí, pero sobre todo de construir una propuesta fresca, genuina, inclusiva y con nuevas esperanzas. Danos algunas señales en esta dirección. 

“Una derecha reforzada irá esta vez con todos los mecanismos legítimos e ilegítimos para imponerse. Tienen mucho que perder. Yo, como muchos ecuatorianos y ecuatorianas, quisiera que ganes”.

*Juan Carlos Coéllar, Sociólogo. Miembro del colectivo de alternativas anticapitalistas CK