Violencia, pandemia y Estados

Las calles de Colombia se llenaron de protestas tras el asesinato del abogado Javier Ordóñez. Foto: ruidoenlared.com

Por Jaime Chuchuca Serrano

Cuanto más decadente y autoritario es un sistema, más inclementes son los suplicios, torturas y penas para los pueblos. Son inenarrables los sufrimientos de la población en la primera y segunda guerra mundiales, en las conflagraciones de invasión y conquista imperialistas, en la conservación del orden social en la periferia levantada. La violencia pandémica forma parte de esta lista histórica. El capitalismo pandémico trajo el confinamiento, sobre todo, de los sectores acomodados, la exposición de la población con menos recursos, el agudizamiento de los malestares sociales y enfermedades. La guerra económica entre las potencias es sostenida con la competencia agresiva interna, donde la creación de excedentes y acumulación de capital se sigue incrementando para la burguesía.

Las campañas globales de miedo, producidas por los medios de comunicación corporativos y los gobiernos, tienen por objetivo la anulación de la respuesta política de las masas trabajadoras. Sin embargo, la muerte, la pobreza y el sufrimiento crean un ánimo de protesta que rebasa los cercos disciplinarios. El corazón del imperialismo mundial, EE.UU., lo demostró en las jornadas desatadas por el asesinato de George Floyd y la réplica de las protestas en otros territorios.

Con el transcurso de los días, la violencia intrafamiliar, los femicidios, la delincuencia, la mendicidad y la prostitución se incrementa a pasos agigantados. Todos los países de Latinoamérica claman soluciones sociales para las grandes mayorías y no sólo para los capitalistas. En Europa y los países asiáticos, la movilización también es una herramienta política de expresión y transformación.

La estrategia de represión pandémica estatal recoge los mecanismos acumulados, pero se modifica en varios sentidos: policías y militares son quizá los únicos sectores remunerados al día, y forman parte de una clase media conservadora, ideológica y políticamente; la represión se incrementa hacia las clases subalternas, pero también a las clases medias desarticuladas; la violencia pandémica contra los médicos, personal de la salud, profesores, trabajadores y otros funcionarios es de modo económico y coactivo. Los estados de excepción alteran el comportamiento social y subjetivo de la gente. La totalidad pandémica altera el comportamiento y causa trastornos mentales colectivos.

Con la tecnología de estos días se ha pasado, como dice Harari, de la vigilancia de la piel a la vigilancia subcutánea (Harari 2020). Hace falta poca tecnología para que la información de nuestra actividad la tengan los gobiernos. Pueden saber a dónde vamos, con quién nos reunimos y qué compramos. La vigilancia tecnológica operará para saber si estamos enfermos y qué sentimos. La vigilancia emocional y biológica es una realidad. El experimento de la empresa Neuralink Corporation, propiedad de Elon Musk, muestra ya un dispositivo tecnológico que se conecta al cerebro de los cerdos (cyberpunk), dentro de nada se hará lo mismo con los seres humanos (Rusia Today 2020).

Las brutales agresiones, asesinatos y persecuciones que se viven en Colombia, demuestran que el terror de Estado es una enfermedad mucho más grave que el virus y de más larga data. En Paraguay, Chile, Brasil, Bolivia, Argentina, Perú y Ecuador se replica la violencia de las fuerzas del orden. América toda se convierte en un laboratorio de atemorización pública. Con EE.UU. a la cabeza, se forman los procedimientos de violencia gubernamental, se planifica lo mínimo: empujones, rodillas en gargantas, ahorcamientos, mutilaciones oculares, balas de goma, patazos a personas que están en el piso, disparos a quienes graban; persecución en motos y caballos; nuevos equipos robotizados antimotines; espionaje y seguimiento digital. El Estado se actualiza para impedir los levantamientos que se vienen. La élite conoce que la gente no aguanta más la pobreza provocada, la crisis inducida, la corrupción y los robos descarados. Su única opción es la fuerza, el control y la violencia sistemática. Confiamos en que la voluntad del pueblo sea más grande y juzgue con verdad y justicia a los responsables de la era pandémica.

“Las brutales agresiones, asesinatos y persecuciones que se viven en Colombia, demuestran que el terror de Estado es una enfermedad mucho más grave que el virus y de más larga data”.


*Jaime Chuchuca Serrano es abogado, licenciado en Ciencias de la Educación en Filosofía, Sociología y Economía; magíster en Sociología y doctorando en Ciencias de la Educación.


Bibliografía:

Harari, Yuval. «”El coronavirus podría terminar dejando un gran legado positivo”: 3 destacados pensadores dan su visión de un mundo postpandemia.» bbc.com. 27 de Agosto de 2020. https://www.bbc.com/mundo/noticias-53921192 (último acceso: 16 de Septiembre de 2020).