Contra los hijos, contra el Estado, contra el mercado, Meruane nos salva a gritos

Contra los hijos es un recorrido por las imposiciones sociales que se acompañan de una serie de mandatos. Foto: ElDesconcierto.cl

Por Natalia Enríquez*


Tapa y contratapa: Lina Meruane; escritora chilena contemporánea del 70, ha escrito una colección de relatos Las infantas, y las novelas Póstuma, Cercada, Fruta Podrida Sangre en el Ojo; ha escrito también los ensayos Viajes virales y Volverse Palestina.


Contra los hijos lleva por subtítulo diatriba, cuya segunda acepción es injuria contra algo. Y ese es el tono de las 7 secciones del libro que nos conduce por una mirada amplia, con perspectiva histórica y generacional, pero sobre todo urdida desde la irreverencia y la complicidad íntima de quien sin tener hijos lanza su discurso a favor de todas las clases de mujeres; y, consigue engarzar los mecanismos que las han injuriado de forma legal y legitimada.

Desenmascara un antiguo y conservador, pero de todos modos siempre actualizado, mandato social: confinar a las mujeres en sus casas y ese mandato se ejecuta de mejor manera a través de los hijos. “La maternidad: una consigna a prueba de revoluciones, un dogma contrarrevolucionario”. 

Lo mejor es que lo termina haciendo con un repaso extensivo de nombres de mujeres que de alguna manera han estado vinculadas a esferas artísticas, o literarias directamente, sitúa las libertades de las mujeres en contextos políticos, mujeres que se atrevieron en sus épocas a interrumpir en la vida pública a través de panfletos u otros textos.

“Me estoy tomando libertades temporales en este relato, es cierto, pero no pretendo trazar más que una tendencia: no va a ser este el repaso erudito de la historia de las mujeres o de sus reclamos maternos o domésticos o laborales o sexuales. Espero que esto baste para hacer notar que seguimos dando vueltas sobre una misma situación: adelantando y retrocediendo”. 

–Meruane, escritora chilena

Contra los hijos, un recorrido por las imposiciones sociales que se acompañan de una serie de mandatos que terminan reduciendo la independencia de la mujer y su supuesta libertad de elección. La primera demanda social es ser madres, dice la autora, y además ser buenas madres, y también buenas esposas.

Las pioneras aquellas que buscaban igualarse a ciudadanas, luego las sufragistas, pasa por el papel de las mujeres durante las guerras que ocupan el espacio público, pero que regresan a la casa cuando los hombres vuelven de la guerra; es así como señala que la maternidad es un péndulo que oscila todo el tiempo.

Luego se detiene en las intelectuales, largamente en Virginia Woolf para destacar la idea de un mandato angelical impuesto a las mujeres que Woolf parecía comprender en todo su lugar de privilegio incluso. Pasa por la figura de la heroica ama de casa quienes pudiendo ejercer sus profesiones, vuelven como sus abuelas a elegir la vida matrimonial y doméstica, dice Meruane.

“No existe un afuera. La puerta que se cierra no es nada más que giratoria”. Y en esa puerta giratoria infinita Meruane se lleva todos los tipos de madre por delante, la lectura adquiere un efecto de una revista de las modas, de las consignas, de las páginas de sociales, pero globales y multitudinarias. Postura provocadora que se vuelca hacia el propio feminismo incluso, pues incita a desmontar los discursos y a un cuestionamiento permanente de las estructuras, que se ha desplegado hacia el deber ser de una buena feminista. 

En épocas de pandemia y de confinamiento en casa, del naturalizado #quédateencasa, qué vigente el pensamiento potente y la empatía de Meruane al decir que:

“… el poder o la sociedad o la cultura, o como queramos llamar a esa fuerza que nos moviliza ciegamente, así fue, como se estableció un nuevo cordón umbilical para amarrarnos a la casa, apretando tanto el nudo de los requerimientos domésticos que resulta insuficiente el apoyo de la pareja cuando la hay, y la repartición equitativa de los deberes, cuando esa improbable repartición existe. Cuatro brazos y dos cuerpos y veinticuatro horas en el día ya no son bastantes porque en el cuartel doméstico se redoblaron las ocupaciones y las responsabilidades”.

Una narración muy vital, no hay adornos, ni eufemismos está todo dicho de la manera más cruda y real, voz muy desenfadada que punza. Un libro necesario para mirar hacia delante con los mismos ojos con los que miramos hacia atrás; es decir bajo la lupa de la crítica ante la imposición de un modelo de vida individual y colectiva para las mujeres de este tiempo. 

Pasa por la figura de la heroica ama de casa quienes pudiendo ejercer sus profesiones, vuelven como sus abuelas a elegir la vida matrimonial y doméstica, dice Meruane.


*Natalia Enríquez es comunicadora social, máster en Estudios de la Cultura – Políticas Culturales. Es madre de un niño de 6 años, tiene un gato negro y ama la literatura, tanto que piensa que su vida es una ficción.