La izquierda posible y la imposible, un dilema que hay que esclarecerlo

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Por Jorge Oviedo Rueda*

Evo Morales fue tratado como un enemigo peligroso del que había que deshacerse. ¿Quién le trato de esa forma? Las clases dominantes bolivianas aliadas con los intereses norteamericanos. Que algunos cegatos quieran ahora echarle la culpa a Adriana Salvatierra no sólo es una idiotez, sino una insolencia torpe. ¿Quiénes la promueven? Los integrantes de la izquierda imposible.

¿Quién se atreve a poner en duda la obra material de Evo Morales en todos los años de gobierno? La derecha y el imperio, por supuesto, pero sobre todo esa izquierda imposible. 

De igual forma, quienes son los únicos que no perciben el cambio conciencial que se ha dado en el pueblo boliviano. Las clases dominantes si lo perciben y el imperio, por eso tienen miedo y quieren fumigar la conciencia del pueblo evista. Los únicos que no perciben ese cambio son los militantes de la izquierda imposible.

¿Quién puede negar que la única fuerza política que en Bolivia puede arrasar en unas elecciones con los rivales de la oligarquía boliviana es el MAS y Evo Morales? Nadie, salvo esa izquierda imposible.

¿Quién puede considerar un error apoyar a la figura de Evo Morales en Bolivia? Nadie, que no sea esa izquierda imposible.

¿Quién puede dudar de que el cuento del fraude fue un andamiaje montado por la OEA y la UNION EUROPEA para sacar a Morales? Nadie, salvo esa izquierda imposible, que lo dice sin que se le suba la sangre a la cara. 

¿Quiénes son los que se atreven a dudar del aporte teórico del marxismo a la teoría revolucionaria universal? Nadie, salvo esa izquierda imposible que ahora se hace llamar del Buen Vivir.

¿Quiénes condenan de manera agresiva y desmedida la corriente progresista en la región? Las fuerzas tradicionales, aliadas con el imperio y, por supuesto, la izquierda imposible.

¿Quiénes no comprenden que el sentido de la historia significa el eslabonamiento de las posiciones menos radicales con las más radicales en un proceso lento e infinito? Esa izquierda imposible que comete la torpeza de creer que una nueva gnoseología puede sobreponerse de manera violenta e inmediata a la vieja gnoseología propia de la cultura occidental. Esa izquierda imposible que no puede ver un elefante atravesado en el camino.

¿Quiénes no entienden que la izquierda auténtica, a nivel mundial y, de forma particular en la región andina, es el resultado de la superación sistemática de los errores cometidos y del pensamiento creador que hunde sus raíces en las formas de vida de nuestros pueblos ancestrales, en sus ideas, concepciones y formas de adquirir conocimientos? Esa izquierda imposible que tiene la tonta idea de que una nueva izquierda puede salir de la nada, como un mago saca conejos de su sombrero.

¿Quiénes son los que no tienen ni idea de que el vicepresidente actual de Bolivia comprende, con claridad meridiana, que la lucha revolucionaria se la da desde adentro del progresismo y no desde afuera? Esa izquierda imposible que cree que ganar unas elecciones en medio de los tiburones del sistema no es sino presentar un candidato disfrazado de indio, esa izquierda que de tan pachamamista que se proclama no está sino empujando al triunfo a la extrema derecha.

¿Quiénes son los que siguen discutiendo con el “marxismo dogmático” que ya fue enterrado junto a los restos de la ex Unión Soviética y no enfrentan la discusión con quienes entendemos a cabalidad a los dos Marx, al joven y al viejo? Esa izquierda imposible, experta en mirarse el ombligo e imaginar que son el centro del mundo.

¿Quiénes son los que quieren debatir con líderes aborígenes que, al igual que Choquehuanca, entienden que dentro de la corriente progresista se puede ser la punta de lanza de un nuevo socialismo, americano, enraizado en nuestra vida y pensamiento ancestral, pero heredero también de lo mejor del pensamiento teórico de occidente, en una fusión complementaria y nada excluyente? Esa izquierda imposible, esa izquierda que, pudiendo ahora conquistar las llanuras posibles del poder, se plantea conquistar su cima, engañando de esa forma a los pueblos que buscan el cambio, pero todavía no pueden “tomarse el cielo por asalto”.

La izquierda posible es la que camina por andariveles lógicos, que se plantea lo políticamente posible y que está dispuesta a ser la izquierda del progresismo a nivel latinoamericano, la que sabe que más allá de la heterodoxia económica -ésta si occidental-, está el socialismo comunitario americano, único destino posible para nuestros pueblo, un socialismo que no se propone una solución de continuidad en el proceso histórico que viven nuestros pueblos, porque sabe que todavía no ha llegado ese momento, pero que tiene la obligación de ir preparando las condiciones para cuando llegue el verdadero momento de asaltar el cielo.

Por eso admiro a esos líderes indígenas que estuvieron en la posesión de Arce en Bolivia, porque ellos tienen un sentido del olfato histórico más fino que aquellos que se ubican en las filas de esa izquierda imposible, que nos pinta el proceso con pajaritos de colores pero que nada significan en la vida práctica de los pueblos.

Dicen los que así piensan que “que quizás alguien acepte el reto de debatir” Ñukanchik Socialismo les está proponiendo debatir estos temas desde hace mucho tiempo, pero su respuesta ha sido el silencio. Una vez más pongo sobre el tapete algunas de las ideas de este debate trascendental, que está más allá de la mediocridad político-teórica que caracteriza a nuestro medio.

¿Quiénes son los que siguen discutiendo con el “marxismo dogmático” que ya fue enterrado junto a los restos de la ex Unión Soviética y no enfrentan la discusión con quienes entendemos a cabalidad a los dos Marx, al joven y al viejo?

*Jorge Oviedo Rueda, Escritor. Me gusta hablar y escribir de frente. Amo la Historia y estudio la economía.