UN 2020 PARA OLVIDAR| El peligro en el desprecio al arte y la cultura

Por Gabriela Montalvo*

Al pensar en 2020 pienso en cómo todas las personas nos hemos visto expuestas, en mayor o menor medida, a la incertidumbre,  la inestabilidad,  la fragilidad, la vulnerabilidad, la precariedad y el miedo. Y, pienso en cómo todas estas palabras, tan usuales en este momento, han sido parte siempre de la vida de quienes de alguna forma trabajan en el arte. Pienso en un fenómeno que he estudiado desde hace varios años: el carácter contagioso de la precariedad, cómo se transmite de un ámbito a otro, con la misma eficacia con la que se transmiten los virus. He podido constatar que el arte es uno de los espacios en los que más rápido y con especial intensidad se han observado características de la precariedad contemporánea.

El uso del espacio doméstico para el trabajo, no por elección, sino como única opción; la inexistencia de límites temporales entre el trabajo y el descanso, entre el trabajo creativo y el trabajo reproductivo; el hecho de estar atravesados por emociones y sentimientos, como el amor o la libertad, que se utilizan astutamente como medios de pago. En definitiva, una feminización del trabajo dada por las características asociadas al mismo.

Y solo así puedo explicar que el arte y la cultura puedan ser tratados con tanto desprecio desde ámbitos diversos. He oído con estupor y con dolor a cientos de voces afirmando que estos no son temas prioritarios. He visto a gobiernos centrales y locales estrangulando o eliminando los presupuestos para arte y cultura, desconociendo que incluso en las condiciones de pobreza más extrema, las personas destinan un significativo porcentaje de su tiempo y de sus exiguos ingresos a la música, a la televisión, al cine, a las imágenes, a la participación, al rito, a la fiesta, sí: al entretenimiento, a la cultura, porque eso es justamente lo que nos mantiene vivos en las más adversas circunstancias, lo que nos hace humanos. 

Y me temo que el aire o el agua no son lo único que ahora se pretende privatizar, sino la misma posibilidad de ser parte de la humanidad. 

Y solo así puedo explicar que el arte y la cultura puedan ser tratados con tanto desprecio desde ámbitos diversos. He oído con estupor y con dolor a cientos de voces afirmando que estos no son temas prioritarios.

*Gabriela Montalvo es feminista. Economista. Tiene un posgrado y una especialización superior en Gestión Cultural y un máster en Estudios de la Cultura. Su trabajo se ha centrado en el análisis económico con enfoque de género, trabajo reproductivo y de cuidados, y trabajo en el arte. Desarrolla su campo de investigación académica en el cruce entre Economía, Cultura y Feminismo.