UN 2020 PARA OLVIDAR| Un año único (hasta la próxima semana)

Por Jorge Basilago*

La tentación de caer en el lugar común es muy fuerte y repetida en los medios de comunicación: llega a su fin un año “diferente a todos”. ¿Hubo alguno que no lo haya sido? ¿Lo habrá después? Claro, vivimos el curso incierto de una pandemia –pocas veces estuvimos tan informados y tan confundidos, al mismo tiempo, y sobre un mismo tema-, y el confinamiento derivado de ella hizo que se modifiquen muchos aspectos de lo que conocíamos como normalidad

            Algunos de esos cambios resultaban necesarios desde hace décadas –como la disminución del consumo idiot… perdón, acrítico-, pero otros vinieron a interpelarnos o angustiarnos de diferentes maneras. Cada hogar se transformó en escuela, centro primario de salud, sala de ensayo o campo de deportes, aun aquellos que no tenían las dimensiones ni las condiciones para imaginarlo antes. La carga laboral del personal médico y docente, y de las madres-padres de familia, se multiplicó y complejizó hasta el infinito. Cuando se realicen estudios profundos sobre el correlato pandémico en términos de estrés, nadie podrá fingir sorpresa.

            Por supuesto, estos datos resultan menores frente a las millones de muertes por covid-19 en todo el mundo, y a las formas antes burdas que sutiles con que el poder se aprovecha de ello, para tratar de arruinar, cada día, un poco más las vidas de los sobrevivientes. Incluso desde ciertas posiciones de privilegio es evidente la desmejora; para quienes disfrutamos del arte y la cultura en sus diversas formas y disciplinas, hacerlo mediante streaming es, en muchos casos, como lamer la foto de un helado: puede entretenernos un rato, pero al final del día la experiencia carece de todo sabor. 

A lo anterior se agrega la extrema fragilidad laboral, económica y sanitaria que enfrentan los artistas, uno de los sectores más castigados en Ecuador durante 2020. En términos comparativos, no hay otra actividad capaz de ofrecer tanto al país –soy de los que creen que una nación es aquello que sus artistas pintan, escriben o filman sobre ella, antes que cualquier otra cosa-… y recibir tan poco a cambio. 

¿Volveremos a la normalidad? ¿Lo haremos siendo mejores de lo que fuimos? No lo sé, y en todo caso no lo creo. Lo de antes no era normal y no me consta que hayamos aprendido demasiado. Discúlpenme el escepticismo pero a la vuelta de la esquina asoman más desempleo, trabajo basura disfrazado de reinvención y villanos inescrupulosos que se prueban la máscara de estadistas. Como gesto esperanzador, quedan las brasas de la rebelión popular organizada, cuyo fuego crecía en todas partes poco antes de la pandemia y es imprescindible que no se apague. 

¿Se acaba un año único? Puede ser. Pero la próxima semana empieza otro: atención con las cenizas que deja el viejo.

Para quienes disfrutamos del arte y la cultura en sus diversas formas y disciplinas, hacerlo mediante streaming es, en muchos casos, como lamer la foto de un helado: puede entretenernos un rato, pero al final del día la experiencia carece de todo sabor. 

*Jorge Basilago, periodista y escritor. Ha publicado en varios medios del Ecuador y la región. Coautor de los libros “A la orilla del silencio (Vida y obra de Osiris Rodríguez Castillos-2015)” y “Grillo constante (Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti-2018)”.