La belleza de Anne Carson: lo clásico y lo contemporáneo

Anne Carson, La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos, Lumen, 2019, 213 págs.

Por Natalia Enríquez


Tapa y contratapa: Anne Carson (1950, Canadá). Poeta y traductora, entre sus libros publicados se encuentran alrededor de 20 títulos, su pluma ha sido galardonada con los siguientes reconocimientos: Premio T.S. Eliot 2001 por La belleza del marido y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020. Ha recibido becas y Doctorados Honoris Causa. Su obra incluye desde libros objeto e intervenidos, autobiográficos, hasta textos que poseen prosa y verso a párrafo seguido.


Carson, dueña de una voz macerada y profunda, empieza a publicar tarde, en 1992, a los 42 años. Presentó en una editorial independiente su primer libro de poesía Short Talks. Luego, con toda la madurez poética, no deja de escribir, este libro del 2001 es una muestra de la vigencia activa y diversa de la poeta a lo largo de su consolidación.

La belleza del marido, cuyo subtítulo es: un ensayo narrativo de 29 tangos, propone en su estructura poética más interna, un baile y como en el tango, un desafío, en este caso de lectura. Pues engrana de manera natural, tres pasos claves, que, como en el tango, van hacia dentro, pareciera que se enredan pero en realidad se circundan.

Uno

La erudición de quien se ha ganado la vida como profesora de literatura clásica: y para la erudición no hay mejor vitrina que la humildad, de manera que su universo helénico se sumerge en escenas y reflexiones en donde los personajes develan la realidad de su historia, la de su matrimonio, y con eso la de una parte vital de su experiencia.

Dos

La historia tan cotidiana de un matrimonio: se arma desde el sintagma aristotélico, que en la figura del marido tiene su esplendor y su despedida, en ella su inicial amor ciego y juvenil. Es un libro de poesía pero de narrativa. En el tono tiene fuerza en las imágenes; y, en el ritmo -como en el tango- propone lentitud y velocidad.

Tres

La traducción como ejercicio de transmutación: de clásicos, helénicos y griegos, en la potencia de su pensamiento, a una contemporaneidad materializada en palabras, en diálogos conversacionales entre la pareja. Así un libro de poesía es también de ensayo. Solamente una autora que le otorga a sus traducciones la misma importancia que a su obra puede desapegarse y problematizar, en la escritura misma la idea de originalidad; lo hace con John Keats, poeta británico del romanticismo, y con el mismo tango.

Como remate, los títulos siendo tan largos no son una cita al pie del poema, porque logran enganchar como una lectura desde otro punto de partida que no es el inicio sino el margen, margen de las lecturas que John Keats hiciera al Paraíso perdido de John Milton; margen de la idea de la belleza en la obra de Keats; lugares porosos desde donde Carson hace su lectura, sus apuntes, su relectura y finalmente su maravillosa poesía. 

¿Todo un artificio? Sí, elaborado sin pretensión y con humor. Elementos que parecen sencillos pero que se extrañan en la poesía actual, tan llena de referencias que desbordan el ego de sus autores más que su inteligencia; que en un tiempo de escrituras digitales parecen diluirse en medio de tanta información algorítmica. 

Una poeta performática, por potente y contemporánea, por la manera en que incorpora en sus líneas los tiempos que corren, tanto en forma y fondo, sin caer en la novelería o la actualidad literaria. Poesía, ensayo y ficción se lee y se baila en La belleza del marido, etiquetas que nos ponemos los lectores para nombrar algo que en realidad es un tratamiento del lenguaje, de la realidad y de la vida de manera que pareciera un juego de azar, es decir poesía.

“Una herida arroja luz propia, 

dicen los cirujanos.

Si todas las luces de la casa estuvieran apagadas

podrías adornar esta herida

con su brillo”.

–Anne Carson, La belleza del Marido

*Natalia Enríquez es comunicadora social, máster en Estudios de la Cultura – Políticas Culturales. Es madre de un niño de 6 años, tiene un gato negro y ama la literatura, tanto que piensa que su vida es una ficción.