Carolina Portaluppi: “Los desastres no son naturales: son riesgos mal gestionados”

El terremoto de 7.8 con epicentro en Manabí dejó en evidencia la falta de cumplimiento de los principios básicos de una construcción sismoresistente. FOTO: Agencia ANDES

Por Ela Zambrano

La gestión de los seis grandes desastres naturales que ha debido afrontar el país en las últimas décadas, le ha costado aproximadamente 136.000 millones de dólares, una cifra extremadamente alta para una economa pequeña como la del Ecuador, ésta cifra es superior al PIB de 2019. Con ese dinero se habrían podido construir 747 hospitales públicos. La mala gestión de riesgos desde los Ejecutivos nacional, provincial y cantonales, a lo largo de nuestra historia, han dejado pérdidas humanas y económicas.

Carolina Portaluppi, vocera del colectivo Ecuador con Gestión de Riesgos, recuerda que el Ecuador es un país expuesto a varias vulnerabilidades y debido justamente a la falta de una política de gestión de riesgos, ciertos eventos de la naturaleza se han convertido en desastres y cita como ejemplos el Fenómeno del Niño 1982 – 1983 (Osvaldo Hurtado);  los terremotos y la rotura del oleoducto en 1987 (León Febres Cordero);  el fenómeno del niño 1997-1998 (Fabián Alarcón);  las inundaciones del 2008 y el terremoto de 2016 (Rafael Correa); y, la pandemia por covid-19 (Lenín Moreno). Con este recuento, Portaluppi demuestra que en la agenda de la y los candidatos a la Presidencia, debería incluirse la gestión de riesgos como una política para tomar muy en serio.  

Carolina, conocimos un documento que ustedes han puesto a circular llamando la atención de la y los candidatos a la Presidencia de la República para que consideren incluir la política de gestión de riesgos en los planes de gobierno. Empecemos por lo más básico: ¿Quiénes integran el colectivo Ecuador con Gestión de Riesgos? 

El Colectivo Ecuador con Gestión de Riesgos vincula a centenares de personas, hombres y mujeres, profesionales de la gestión de riesgos en el país. Somos gente que trabaja en los ámbitos de los preparativos y la respuesta humanitaria frente a desastres, planificación y desarrollo, ordenamiento territorial enfocado a la reducción de riesgos y daños, en procesos de recuperación post catástrofes y en asistencia técnica en organismos nacionales e internacionales. Nos juntamos en 2018, cuando el gobierno nacional anunció que se fusionaría la Secretaria de  Gestión de Riesgos –en ese momento el organismo rector de la gestión de riesgos en el país- con el Ministerio de Defensa. No era una decisión acertada y constituimos este colectivo para hacer una campaña de incidencia, para lograr que esa decisión no se tomara y, por suerte, finalmente no se consolidó. 

Ahora analizamos los planes de Gobierno publicados por la y los candidatos y constatamos que en solo seis había algún tipo de mención a los temas de reducción  de riesgos de desastres, menciones absolutamente  insuficientes que dan cuenta de que el tema no está en la agenda de quienes aspiran a gobernar el país.

¿Por qué debe ser una prioridad la gestión de reducción de riesgos?

En primer lugar porque el Ecuador es un país expuesto a múltiples amenazas de origen natural como, por ejemplo, el peligro sísmico. Hemos visto en los últimos días sismos cercanos a Guayaquil y un enjambre de sismos en la provincia de Esmeraldas. También somos un país de alto peligro volcánico  o expuesto a inundaciones, sequías, a derrames de petróleo  –f­recuentes en la Amazonía–  o incendios forestales tanto en la Sierra como en la Costa. Somos un país de alta vulnerabilidad frente a esas amenazas.

¿Qué son las vulnerabilidades? 

Las vulnerabilidades son aquellas condiciones inherentes que nos hacen más susceptibles a ser afectados por estas amenazas o peligros. Estas condiciones pueden estar presentes en las personas, hogares, comunidades, territorios o instituciones. El nivel de riesgo que tiene el Ecuador –es decir, la probabilidad de que existan desastres- es muy alto.

Como ya han ocurrido…

Sí. Los últimos seis grandes desastres ocurridos en el país, como terremotos, pandemia y Fenómenos de El Niño han dejado un acumulado de 136.000 millones de dólares en pérdidas económicas, una cifra extremadamente alta para un país como el nuestro.

¿Y cuestan vidas también?

Ese es el principal efecto de un desastre: la pérdida de vidas humanas, entonces recordemos las cifras de la pandemia, las del último terremoto, son muertes que deberían llamar la atención de quienes aspiran a gobernar el país porque es un muy probable que al próximo gobernante le toque enfrentar situaciones de desastres en nuestro país, si es que no tenemos una política pública activa para reducirlos.

¿Cómo hereda el Sistema de Gestión de Riesgos el próximo Presidente? Al inicio de la entrevista recordabas sobre las intenciones que tuvo este gobierno de fusionar la Secretaría de Gestión de Riesgos con el Ministerio de Defensa. Finalmente, la Secretaria se convirtió en un Servicio de Gestión de Riesgos ¿Qué ha supuesto este cambio más allá de los administrativo?

Antes del año 2008, la institucionalidad  para  prevenir y atender desastres  era la Defensa Civil. En la Constituyente de Montecristi, se crea el Sistema de Gestión de Riesgos y se constituye la Secretaria Técnica de Gestión de Riesgos, que estuvo adscrita al  Ministerio Coordinador de Seguridad Interna y Externa; posteriormente, en el 2009 se toma la decisión de crear la Secretaria Nacional de Gestión de Riesgos y tenía el mandato de transversalizar la gestión de reducción de riesgo de desastres. 

Luego, en ese mismo gobierno, se cambia la Secretaría Nacional por la Secretaría de Gestión de Riesgos y así se mantuvo hasta el 2018 cuando se pretendió la fusión con Defensa. Actualmente tenemos el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos  y Emergencias.

Desde el 2007 al 2021, hubo decisiones altamente discrecionales. Mientras la  Constitución en los artículos 389 y en el 390 crea el Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos y señala que el organismo que ejerza la rectoría debe ser definido por ley; esa ley a la que hace mención aún no se ha trabajado. Esa ley debería regular el el Sistema Nacional Descentralizado de Gestión de Riesgos, al organismo que ejerce su rectoría, a los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD). Hubo varios intentos de trabajar en su legislación sin éxito, entonces esa es una tarea pendiente del Ejecutivo y del Legislativo.

¿Esta ley está pendiente desde 2008? Estaba segura que ya se había cumplido con todo el mandato constitucional. 

A partir de 2008, se expidieron varios cuerpos normativos en los que hay aspectos de la gestión de riesgos: Ley de Seguridad Pública y su reglamento; el Código Orgánico de Planificación  y Finanzas Públicas; el Código Orgánico Ambiental; el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (Cootad); es decir la legislación está  dispersa y se requiere de una ley orgánica que regule la gestión de riesgos en el país de manera descentralizada y que todas las normas sean concordantes.

Carolina Portaluppi, guayaquileña, es la vocera del colectivo Ecuador con Gestión de Riesgos.

¿Cuál es la diferencia entre la gestión de riesgos y gestión de desastres?

Los desastres no son naturales sino que son riesgos mal manejados o mal gestionados. Entonces, la respuesta a la pregunta ¿qué es un riesgo? se vincula a cuatro factores: 1. Las amenazas que pueden  ser de origen natural,  socio natural o antrópicas; 2. Las vulnerabilidades que son aquellas condiciones que se construyen socialmente y que nos hacen más susceptibles a ser afectados como personas, hogares, comunidad o país; 3. Las capacidades que son las condiciones que nos hacen resilientes frente a los desastres; 4. El nivel de exposición, como por ejemplo, un terremoto de magnitud nueve en el desierto del Sahara no tendría el mismo impacto que un terremoto magnitud nueve en Nueva York, en Guayaquil o en Quito. 

Esos son los factores que convergen en el manejo del riesgo de desastres y el factor más determinante es el de las vulnerabilidades, que son de distinto tipo: económicas, sociales, educativas, las asociadas a desigualdades de género, entre muchas otras. La buena noticia es que las vulnerabilidades son el factor más determinante para que la probabilidad de riesgos sea alta, media o baja, entonces tenemos la posibilidad como sociedad de intervenir sobre ellas. Imaginemos un país donde todos los GAD trabajen por reducir las vulnerabilidades, éste sería un país mucho más seguro.

¿Si reducimos las vulnerabilidades, reducimos el riesgo y evitamos que ocurran desastres?

¡Sí! Imaginemos el terremoto de Manabí de 2016 e imaginemos que la infraestructura pública y privada hubiera sido construida bajo normas antisísmicas; que los materiales de construcción de las viviendas eran los adecuados; que la gente estaba preparada porque tiene conciencia del riesgo y toman las medidas para su autoprotección. Imaginémonos que las actividades económicas también incluían en su planificación un componente de autoprotección. Con todas esta consideraciones los impactos del terremoto habrían sido significativamente menores. No fue así, se perdió mucha infraestructura pública, unidades de salud, de policía relativamente nuevas, muchas viviendas y edificios colapsaron, la población tampoco estaba preparada. 

Carolina, ¿cómo hacemos para que  los candidatos y la candidata tengan conciencia de los riesgos?  Porque solamente en esta campaña hemos visto que algunos se contagiaron de covid-19 y realizaron concentraciones sin medidas de bioseguridad, al punto que el CNE les hizo un llamado de atención… ¿Qué podemos esperar de candidatos así? 

Es un trabajo que hay que iniciarlo ahora, pero sus resultados no se ven de inmediato. Si logramos hacer una buena campaña de información, de educación, para que  la misma ciudadanía cuestione respecto a este tema… cada uno de nosotros tiene el poder del voto, de elegir lo mejor  para el país; pero también hay que hacer mucho trabajo de información y de comunicación pública para que la ciudadanía tenga conciencia y, por tanto, demande compromiso de la clase política.

¿Han hecho lobby con los candidatos? 

Estamos llevando adelante reuniones con algunos de ellos, también con la candidata a la Presidencia y con sus equipos de planes de Gobierno. Les exponemos la situación de la gestión de riesgos, les explicamos la importancia que tiene y esperamos lograr suficiente sensibilidad de su parte. Sí es un tema que debería ser parte de un gran acuerdo nacional en el que todos los sectores –público, privado y la sociedad civil- converjan.  Cuando ocurre un desastre todos perdemos, pero hay unos que siempre pierden más, los que están en mayor vulnerabilidad. En relación con la pandemia, se hizo una evaluación de los primeros meses en marzo, abril y mayo y las pérdidas económicas asociadas alcanzan los 6.500 millones de dólares, en los sectores privados y públicos; hemos perdido todos. 

¿Cuál habría sido la diferencia en la forma de afrontar la pandemia, si  el Ecuador tuviera un buen sistema de gestión de riesgos?

Mientras más capacidades tienes, menos vulnerable eres. Si el Ecuador hubiera tenido un alto nivel de capacidad para gestionar el riesgo, los impactos habrían sido seguramente menores. Por ejemplo, si en todo el país el 100% de la población tuviera acceso a agua potable y saneamiento básico; si hubiera menos hacinamiento en los hogares; si toda la población tuviera conectividad como un bien público; si las unidades de salud, la capacidad hospitalaria y las unidades de cuidado intensivo hubieran sido significativamente adecuadas; seguramente, el nivel de riesgo habría disminuido y los efectos y los impactos también. 

Lo ocurrido en los últimos meses debe llamar la atención de la clase política y hacer una evaluación para invertir en la reducción de riesgos y desastres; invertir en los organismos que crean conocimiento científico alrededor de las amenazas  y de las vulnerabilidades; invertir en el fortalecimiento de las capacidades individuales  de los hogares, las comunidades, las instituciones, los poderes públicos, etc.  Invertir en la reducción de riesgos y desastres es también reducir  los niveles de exposición que tenemos  frente a un peligro. Por ejemplo, si yo soy el Ministerio de Educación, yo tomo la decisión de no construir una escuela en una zona de riesgo, eso es contribuir en la reducción de desastres 

Tenemos muchos desafíos por delante pero esperamos que el próximo período podamos seguir trabajando  como país  de manera coordinada, la gestión de riesgos debe ser una prioridad nacional y una política de Estado que trascienda a una voluntad determinada.

–Carolina Portaluppi, vocera Ecuador con Gestión de Riesgos

Fotografía principal: Agencia ANDES

Edición: Jorge Basilago


La entrevista completa:

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