Progresismo vs. los pueblos: el que se alía con la derecha pierde

Por Stalin Herrera*

Los resultados electorales han sido de infarto. Miro a Yaku Pérez (PK) todavía como una posible opción para la segunda vuelta y no puedo evitar recordar a Alejandro Moreano quien alguna vez observaba que el movimiento indígena tiene una inteligencia política que lo pone en el camino de la historia a fuerza de la movilización. Las elecciones, en medio de polarización social; la derecha, en la figura Guillermo Lasso (CREO), dispuesta a disputarle a Correa la representación; la izquierda progresista que solo ve la persecución de su candidato; Yaku, sin recursos, sin medios a su favor, con un discurso ambientalista-anticorreísta con la dirigencia de su movimiento social en contra; y, varios analistas políticos que no le daban ninguna posibilidad. Aún así, se situó y –aún pelea– su lugar en la segunda vuelta y abre una posibilidad distinta. Izquierda vs. izquierda, populismo vs. popular, progresismo vs. los pueblos, elijan, lo interesante es que la derecha desaparece.

En algún momento me preguntaron ¿Cuáles eran las posibilidades reales de Yaku Pérez? Yo respondí que, a pesar de su desafortunada declaración por Lasso, era un gran candidato, pero dadas las condiciones políticas, sus posibilidades se jugaban entre los errores de Arauz y Lasso. Las disputas entre la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) y Pachakutik (PK) cerraban la posibilidad de recoger lo que el movimiento había ganado en Octubre-2019; el comportamiento de la bancada del PK en la Asamblea Nacional aparecía como un ancla para cualquier campaña electoral; y, la ausencia de los movimientos sociales en las filas generaban más incertidumbres que certezas.

No obstante, Yaku Pérez representa una fuerza política más compleja; a pesar de las críticas de la dirigencia de la Conaie, las bases sociales del movimiento tienen su propia dinámica electoral y, gracias al control de juntas parroquiales, municipios y gobiernos provinciales, son un poder territorial que en sinergia tienen una gran potencia para el trabajo político. Individualmente, Yaku es un dirigente que creció en la lucha antiminera y en ese proceso se convirtió en un actor protagónico en la oposición a las políticas extractivistas del gobierno de Rafael Correa -valga recordar la Marcha por la Vida y el Agua, que movilizó a más de 70.000 personas, las consultas populares en contra de la minería con más del 80 % de apoyo-; su condición de dirigente en el 2017 lo transformó en un fenómeno político pues, con pocos recursos y con una estrategia en las calles, ganó la prefectura de Azuay sin que nadie lo imaginara. Además, al igual que todos los dirigentes sociales, aunque genera tensiones políticas al interior de las organizaciones y las distintas tendencias políticas que componen los movimientos sociales, es una figura carismática que recoge el aire de la naturaleza y expresa calma, muy propio de los ambientalistas, que en medio de la pandemia y la crisis se ganó la simpatía del electorado. 

Yaku es el candidato que recoge el espíritu de las movilizaciones de Octubre-2019, no podemos olvidar que es una coyuntura en la cual no solo se rompieron las expectativas electorales de Jaime Nebot y con eso el tablero electoral de la derecha; sino que las movilizaciones repusieron al movimiento indígena y a Pachakutik en el espectro de posibilidades electorales; Octubre-2019 nos mostró la aprobación y simpatía de la sociedad por el movimiento indígena; y, reafirmó una agenda anti-neoliberal que está condensada en la Declaración del Parlamento de los Pueblos.

De llegar a la segunda vuelta: ¿Eso basta para ganar las elecciones que están por delante? 

El escenario cambia y la polarización izquierda-derecha, correísmo-anticorreísmo pierde capacidad para captar el voto. Partamos de reconocer que UNES tienen un tercio de los electores y eso hay que respetar. Además, el correísmo mostró que no es solo el líder carismático y sus seguidores; si bien no logran componer una organización de masas, tienen estructura y militantes; disponen de un red de comunicadores que hacen el trabajo de propaganda; tienen una amplia simpatía y adherencia de intelectuales que amplifican su propuesta; y, además, cuentan con la solidaridad ciega del progresismo latinoamericano que regresa al control de los gobiernos y marca un nuevo escenario en el concierto regional. Es importante tomarlos en serio: son la primera fuerza en la Asamblea Nacional.

El balotage pone a repensar el campo electoral, será una elección en la cual la derecha no tiene un candidato, aunque Lasso pase a la segunda vuelta. Correa hizo el trabajo sucio que el neoliberalismo no había podido (expandir fronteras extractivas, quebrar el reducto de los trabajadores, debilitar a los movimientos sociales y levantar un discurso conservador sobre la sociedad), pese a eso imaginar que el correísmo es la derecha sería un error. El correísmo simbólicamente ocupa un lugar en el espectro de izquierda, es su versión progresista, como lo observó Harvey, es una apuesta por la reforma y renovación del capitalismo, más que por el cambio estructural. Pero eso significa una apuesta por el estado de bienestar y la ampliación selectiva de derechos, tienen la experiencia y ese es el eje de su campaña. El hecho no es menor, en el marco de la crisis económica, la expansión de la pandemia y el empobrecimiento al que la población ha sido sometida por el gobierno de Lenín Moreno, es una oferta sugerente.

Aún no sabemos si eso será suficiente para ganar las elecciones, Arauz y Carlos Rabascall no lograron superar las expectativas del voto planteadas por las distintas encuestas, su voto se ancló en la Costa y, si bien lograron seducir al bastión del PSC, resulta difícil saber por dónde pueden crecer. La herencia de Correa parece que llegó al tope y ahora deben salir a buscar nuevos votos. Sin embargo, tienen un motor más importante, tras cuatro años de crisis y fracturas internas, cuatro años de persecución política, con dirigentes perseguidos y enjuiciados, ganar las elecciones y recuperar el gobierno no es opcional, es una necesidad imperante. 

Pachakutik tiene más espacio hacia donde crecer, pero debe resolver varías de sus debilidades pues cada una de ellas será un elemento en contra:

Hay que contener las presiones y ofertas de la derecha, Lasso ya ha manifestado su apoyo y abrazo. Si bien es un electorado que por su peso podría hacernos pensar que podemos dirigirle algún esfuerzo, este tipo de declaraciones traen más dificultades que beneficios a Yaku Pérez. Es un electorado, o al menos una parte de este, que sin ninguna declaración de Lasso votará por Yaku por la ciega oposición al correísmo. El resto no votará por él, porque su composición es de clase, es un lugar y una subjetividad que impide darle el apoyo a un indígena. Además, el ejercicio de situar al Yaku en la derecha ya es un trabajo que lo hace la izquierda progresista en la región y el progresismo de Correa, entienden que el que se alía con la derecha pierde.

Si Yaku asume discursos neoliberales, no solo lo distancian de las movilizaciones de Octubre y del momento histórico (es un momento antineoliberal), sino que abre tensiones con un sector que puede ser su mayor fuerza. 

La campaña necesita ampliar su alianza y recoger aquellos sectores que tienen todo por ganar en con su candidatura. Hablamos de los indígenas y ecologistas que necesitan reabrir el debate por el agua y los derechos de la naturaleza, el Estado Plurinacional, la educación popular, pero también de los movimientos sociales y sectores de izquierda que fueron golpeados por el correísmo: los trabajadores que necesitan cambiar la reforma normativa que los aplasta, los campesinos que perdieron la posibilidad de afirmar su dignidad en la soberanía alimentaria, los movimientos feministas que vieron sus consignas escatimadas por la posición ultraconservadora del líder progresista. Un sector y un sujeto que puede activar su trabajo territorial, recomponer sus fuerzas y recuperar la alianza que contuvo las lógicas neoliberales por algo más de 30 años.

Además, tiene que resolver el conflicto interno, la disputa con la Conaie y Leonidas Iza juegan en contra, sobre todo porque es un discurso que pone en duda la experiencia y posición de izquierda de su propio candidato, con esto se hace eco de la estrategia de deslegitimación que el correísmo usa: hacernos creer que el movimiento indígena tiene una propuesta débil, con posiciones de derecha y ambigua. El correísmo necesita un actor de derecha donde sus lógicas de polarización, sus discursos de oposición y programa político funcionan. Yaku abre un momento para imaginar una izquierda distinta, en donde es posible construir un trabajo que recoja lo mejor de la sociedad movilizada y sus luchas anticapitalistas, esa izquierda de los pueblos. Una agenda que el candidato de UNES no puede asumir, sobre todo porque lo obligan a distanciarse de Correa. Es una agenda que no puede ser retórica y antiestatal, la sociedad golpeada por la crisis necesita de mensajes claros, un programa de gobierno que les dé esperanza, un equipo de gobierno que reafirme un lugar contra el neoliberalismo y dé respuestas a sus necesidades.

“El escenario cambia y la polarización izquierda-derecha, correísmo-anticorreísmo pierde capacidad para captar el voto. Partamos de reconocer que UNES tienen un tercio de los electores y eso hay que respetar”.

*Stalin Herrera es sociólogo por la Universidad Central del Ecuador; Magíster en Estudios Latinoamericanos, con mención en Estudios Agrarios por la UASB, Sede Ecuador (Quito); realiza estudios doctorales en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.

Fotografías: Archivos fotográficos en las cuentas de Facebook de Andrés Arauz y Yaku Pérez