Los enemigos de Yaku y del movimiento indígena

Por Atawallpa Oviedo Freire*

En esta campaña electoral,  Yaku Pérez, candidato a la Presidencia por Pachakutik (PK) y todo el movimiento indígena y popular, tuvimos que enfrentar a varios “enemigos”, y decimos “enemigos” porque las elecciones se convierten en una guerra electoral, donde se gana o se pierde. En esta guerra política, nuestros “enemigos” eran principalmente la derecha y el correísmo (progresismo conservador), en la que los combatientes se unían a nosotros contra ellos o simplemente eran otros más que nos atacaban y a quienes también teníamos que resistir.

Tuvimos que enfrentarnos con la extrema derecha hasta la extrema izquierda, los nulistas, el felipillismo (indígenas colonizados), y a los adversarios al interior del movimiento indígena y popular. Es importante comprender que una guerra electoral y política es como cualquier guerra, como por ejemplo la que se da entre países o la que tuvimos que enfrentar en la época de la invasión de las monarquías españolas. En estas circunstancias, las diferencias internas quedan a segundo lado y se defiende lo común o global, que es su territorio, su pueblo, su identidad; para luego seguir debatiendo y enfrentando las diferencias internas.

Esto es lo que se dice ser un “guerrero”, como enseñan nuestros abuelos sabios, el dejar a un lado los intereses personales por los del colectivo y por los horizontes que nos unen. En este sentido, un primer elemento que pesó para que no haya una victoria contundente de Yaku, es el que se hicieran públicas las diferencias al interior del movimiento indígena por parte de Leonidas Iza, Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC) y Jaime Vargas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Esto, nunca antes había pasado. Le dieron armas a los enemigos del movimiento indígena para que nos atacaran, como consecuencia algunos optaran por votar nulo o por Andrés Arauz (Revolución Ciudadana). Ese fue uno de los argumentos de ciertos nulistas de izquierda y de ciertos antiYaku, de que si el candidato habría sido Iza, votaban por él.

Luego de la designación definitiva de Yaku en la contienda por la  Presidencia; Iza y Vargas no cumplieron con el mandato colectivo, dejaron aflorar su resentimiento individual y ego. Un guerrero acepta su derrota, aprende de ella, se prepara para otra batalla y espera el momento para ganar. Eso no existió. Pesó más el dogma foquista de la revolución armada para asaltar el poder o la idea de la destrucción o desprestigio de la democracia burguesa.

Los votos que se han dado en estas elecciones reflejan la mentalidad de la población ecuatoriana, de cuál es su pensamiento o tendencia. Y como vemos, la mayoría de ecuatorianos son conservadores. No hay una conciencia suficiente como para ganar unas elecciones holgadamente, peor para una revolución armada que apoye y sostenga a un gobierno, o para destruir la democracia burguesa como suelen decir.

Si los grupos nombrados anteriormente y que se autotitulan de izquierda hubieran trabajado duro por Yaku y el movimiento indígena, ahora estaríamos tranquilamente en segunda vuelta y no peleando voto por voto. Nos parece, que no se ha aprendido de los 100 años de experiencia de la izquierda en el mundo. Cada cual quiere ser el primero y único en llegar al poder, no piensan en que puede llegar una izquierda y convertir luego el espacio político en un enfrentamiento entre izquierdas, y no solo entre derechas como se ha dado casi siempre. Esa ceguera de la izquierda, ha hecho que la derecha siempre regrese al poder.

Lo que acabamos de vivir, debe llevar a profundas reflexiones a todos. Indudablemente, hubo errores en Yaku y en quienes estuvimos participando en la campaña. Puso tres temas polémicos y que no había necesidad de hacer referencia a ello: bajar las tasas de interés introduciendo a la banca extranjera, cuando simplemente se puede utilizar al Banco del Pacífico de propiedad del Estado en ese propósito, haciendo que este banco baje la tasa y por ende los demás se vean obligados a hacerlo, de lo contrario pierden sus clientes.

Por cierto, el expresidente Rafael Correa no hizo esto ni nada para bajar las tasas, demostrando a quién verdaderamente sirve. Lo otro son palabras huecas con lenguaje de izquierda para intentar desplazar a los históricos movimientos y tomar su lugar, cooptarlos y cambiar a sus dirigentes y concepciones. El progresismo que tan solo tiene 20 años de existencia, no es más que el pretendido asalto de las clases medias, profesionales, académicas, para controlar la lucha popular y quitarles la dirección a los dirigentes propios o naturales de las organizaciones históricas y reemplazarlos por sus ideas de cambio, los que son puros gatopardos socialdemócratas en las que los cambios que se hacen no cambian nada.

Otro elemento polémico fue la propuesta de eliminación del 2% del Impuesto a la Salida de Capitales (ISD); la firma de un Tratado de Libre Comerio (TLC) con EE.UU. En el primer caso habría que discutir a profundidad; y, en el segundo caso, no hay que temerle, como Yaku bien lo explicó, se firma un acuerdo si es conviene a nuestros intereses, de lo contrario, no se firma. Para la izquierda dogmática firmar un TLC es malo per se.

Todo esto se puede discutir con Yaku, es una persona que escucha y que acepta si ve que está equivocado. Sin embargo, por estos tres enunciados, algunos se echaron del barco y se convirtieron en nuestros enemigos, sin que actúen como “guerreros” para reorientar el barco y el propósito final.

De esto se aprovecharon algunos intelectuales y académicos, diciendo que eran medidas neoliberales y optaron por el nulo o por apoyar a Arauz creyendo en su discurso de campaña, y olvidándose que Arauz no es nuevo en política, sino que estuvo en todo el gobierno de Correa y en puestos fundamentales, siendo quien firmó agresivos endeudamientos externos y que ahora son una carga pesada para el Estado y, por ende, para el pueblo. Lamentablemente, desecharon el 90 % de positivo de lo que propone Yaku, quedándose con ese polémico 10%. Esa nos parece una actitud dogmática, ideologizada, radicalista. Y así no se puede construir un proyecto colectivo, con mentalidades de todo o nada.

Habrá mucho que reflexionar y aprender para ojalá no repetir los mismos errores, especialmente por las visiones ideologizadas que esquematizan todo. Y además porque actúan con egos enormes, diciendo quienes son o no los revolucionarios, y dando cátedra de cómo se hace el cambio o la revolución, de cuál es el candidato ideal, de cuál es el movimiento perfecto, etc. Actitudes pequeño burguesas que siempre han rodeado a la izquierda, y que cuando se les critica constructivamente, la respuesta que ha recibido Yaku y muchos de quienes le acompañamos, es que somos “new age”, “pachamamistas”, “esencialistas”, “fundamentalistas”. Esa es la mirada racista, paternalista y aventurera.

Nosotros caminamos con la filosofía de nuestros abuelos andinos constituida en más de 20.000 años y no solamente con las teorías de la izquierda occidental de apenas 200 años, que tiene aportes interesantes pero que no son los únicos ni los mejores. Caminamos con la ancestralidad milenaria y no solo con la modernidad, como lo hacen casi todos. Marchamos con el espíritu colectivo y no con el personalismo, caudillismo, egocentrismo de los enviados e iluminados. No queremos ser salvadores románticos ni aventureros milagrosos, pretendemos ser “guerreros del corazón”.


“Esto es lo que se dice ser un “guerrero”, como enseñan nuestros abuelos sabios, el dejar a un lado los intereses personales por los del colectivo y por los horizontes que nos unen”.

*Atawallpa Oviedo Freire es escritor, periodista y filósofo nacido en Ecuador.

Fotografía: El candidato Yaku Pérez, muestra la papeleta electoral el pasado 7 de febrero/ Facebook Yaku Pérez Guartambel