¡Uy, qué pena! No ha habido plan. El fin de semana, ¿yaaa?

Por Hugo el búho

Señor Presidente Constitucional recientemente vacunado:

Tengo 78 años. Tengo diabetes. Tengo hipertensión. No tengo seguro social. Tengo la sensación que una de estas me muero. El covid no perdona. Pero antes de morirme, permítame decirle, con todo el cariño del mundo, que es usted una basura. He odiado a todos los ex presidentes, a todos. Ridículos seres que piensan que les debemos algo por haber hecho nada. Pero usted es un caso excepcional. Usted y sus amigos, usted y el banquero, usted y Nebot, usted y quienes lo sentaron en Carondelet,  merecen todo el desprecio del mundo.

Me voy a morir, seguro que sí. Ya tengo 78 años y los pulmones no son mi fortaleza. Pero antes permítame confesarle que, si usted se me cruza por la calle, no lo dudo ni un segundo. Hago lo que tengo que hacer, hago lo que millones de ecuatorianos harían si pudieran. Eso hago. Lástima que a mi edad y con mis dolencias encima ya no me dan las fuerzas. Pero lo haría con mucho gusto. ¿Cómo lo aguantamos cuatro años sentado en esa silla de ruedas sin hacer nada? Permitiendo que otras basuritas de su misma calaña gobernaran en su nombre. ¿Cómo nos aguantamos a esos rupturas y a todos sus ministros tanto tiempo? Claro, la pandemia. Miserables. Vacunados VIP.

Tengo 78 años y no entiendo. No entiendo cómo alguien que gobierna un país -después de tantos y tantos muertos, de tanto sufrimiento para los pobres- puede decir que NO HABÍA PLAN, QUE ESO SOLO ESTABA EN LA CABEZA DE SU EXBASURITA DE SALUD. Que el fin de semana el nuevo ministro, Mauro Antonio Falconí, elaboró -por fin- un PLAN DE VACUNACIÓN. ¿Cómo se puede ser tan basurita? Claro, como usted, su primera dama del turismo gratuito y sus amigos cercanos ya se vacunaron, estará tranquilo.  Como sus amigos periodistas solo se preocuparon de enterrar a quién lo parió políticamente, y se olvidaron de lo que realmente importaba. Tengo 78 años y nunca, nunca la prensa jugó un papel tan nefasto y de tanto silencio frente a las acciones y omisiones del poder. 

En mi familia ya se han muerto tres. Viejos también, que nunca se les ocurrió la gran idea de ser rotarios. En nuestras tertulias bromeábamos con organizar un comando de la tercera edad para ajusticiar corruptos. Tanto Netflix en pandemia nos tostó la cabeza. Y con cada risa nos salía la indignación. Sí. Comandos vengadores del pueblo. Le cuento que usted era secuestrado por estos viejos y luego lo devolvíamos desnudo en plena Plaza Grande, lleno de grafitis por todo lado. ¿Quién querría hacerse cargo de semejante mamotreto humano? Tengo 78 años y apenas usted aparece, la náusea es inevitable. ¿O sea que nunca hubo un plan? ¿Reímos? ¿Lloramos? ¿Cuántos muertos más porque nunca hubo plan? 

Ahora, la mayoría de sus amigos, hace sus maletas, y nos vemos. Ahí lo dejarán, como lo que es, como lo que ha sido: una basurita de la que se sirvieron para conseguir sus objetivos. Usted, como ya se vacunó, quizás viva unos años más, pero no faltará alguien, en cualquier lugar, que le gritará lo que se merece, lo que es. Ni los viejos privilegiados que se vacunaron le darán la hora. Es más, jurarán que no lo conocieron o que solo lo vieron de pasada. ¿O sea que el pasado fin de semana -recién- se hizo el Plan de vacunación? ¡Aplausos! 

Tengo 78 años. Tengo diabetes, tengo hipertensión, no tengo seguro social. Lástima que no estuve en el Cenepa como su ministro de Defensa. Uno que no tiene vocación de héroe para vacunarse. 

Quizás mañana ya no esté aquí. Pero usted, usted, me repugna. Y se lo digo mirando la bandera tricolor y escuchando el himno nacional. Que tenga un buen día, señor, “señor presidente”.

*Caricatura: Cortesía VilmaTraca