Ana Almeida: ¿Cómo reparar la discriminación histórica a la población sexo-genérica?

Por Ela Zambrano

Una vez que el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró los resultados electorales oficiales el pasado 21 de febrero, que determinaron el paso a segunda vuelta de los candidatos Andrés Arauz (UNES) y Guillermo Lasso (CREO), los discursos políticos y las estéticas de los aspirantes a Carondelet se transformaron buscando llegar a otros segmentos de la población. ¿Se trata de una aproximación sincera o de simple desesperación?

Uno de esos sectores que ahora concentran la atención de los candidatos es la población de las diversidades sexo-genéricas (LGBTIQ+), históricamente marginada e incomprendida. Ana Almeida, activista transfeminista, directora de Corporación Humanas Ecuador, en diálogo con La Línea de Fuego, comentó cuáles son las necesidades y las expectativas, tanto respecto de los candidatos finalistas como de cara a la reconfiguración de las fuerzas en la Asamblea Nacional. 

Ana, primero hagamos una evaluación ¿Qué tipo de respuestas han recibido de este gobierno, que está por terminar su mandato, en relación con las necesidades de la población sexo-genérica?

No es lo mismo ser de las diversidades sexo-génericas ahora que hace unos años. Festejamos ya varios años de la despenalización de la homosexualidad (1997) y hemos tenidos algunos avances, pero las necesidades no están del todo cubiertas, sobre todo en los ámbitos de la no discriminación social y cultural. 

Un sector de las diversidades sexo-genéricas pensaba que con la aprobación del matrimonio igualitario (vía Corte Constitucional el 12 de junio de 2019) ya se había conseguido mucho, pero todavía falta bastante. La población es diversa y no es lo mismo un hombre gay de clase media que una transfemenina, trabajadora sexual, marginalizada. Hay mucha diversidad dentro de la diversidad. Esos derechos que deberían ser para todos y todas, todavía no se consiguen. 

¿Cuál es la postura que han sentido del gobierno saliente? 

Bastante conservadora. En algún momento nos hicieron ilusionar, hubo un intento de mesas de diálogos, participamos en la mesa interinstitucional en la que estaban representantes de las diversas identidades. Se hizo una capacitación virtual desde el ministerio de Relaciones Laborales, para trabajar con los funcionarios públicos para que aprendan a no discriminar. Fueron intentos, nada más; no se logró nada.  

La Constitución de 2008 establece un marco normativo muy progresista, en el que se reconoce la identidad de género como una categoría que permite la existencia legal de las personas trans-sexo-genéricas; es decir, las personas ya existían, pero no legalmente. Han pasado ya más de diez años y no hemos logrado concretar algunas de las cosas que posibilita esemarco legal y con las que hemos soñado. 

¿Todavía mucho por hacer?

Hay mucho por hacer, pero sí hemos ganado mucha visibilidad. Aunque el gobierno de Lenín Moreno es y ha sido muy conservador, sí hay una sociedad cada vez más abierta a entender que existimos. 

¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la población sexo-genérica?

Podemos hablar de unos cinco grandes temas, que quisiéramos que algún candidato las considere: 

La primera cuestión es el género universal. El Ecuador es el único país que tiene en su documento de identidad el reconocimiento del género en la cédula de identidad, pero solamente para las personas trans, y después de cumplir con una serie de procesos lamentables. A quienes no somos trans, no nos permiten el reconocimiento del género. Allí hay un acto en el que se violenta el principio de intimidad. Ya dimos un paso, pero queremos llegar hacia el género universal. Queremos que el género sea una gran @ que incluya a todas las personas: transfemeninas, transmasculinas, bigénero, personas no binarias… es algo que también tiene que ver con el lenguaje inclusivo, con el “todes”. 

¿La segunda? 

Salud transicional. A veces creen que el tema de salud en la población trans es un asunto que se arregla con una cirugía estética. En realidad estamos hablando de algo más profundo, estamos hablando de identidad y de libre desarrollo de la personalidad. Muchas personas trans dejan su vida en la calle por sentir su identidad. La precariedad en la atención de salud orilla a las personas trans femeninas al ejercicio del trabajo sexual callejero, a que se apliquen inyecciones de silicona, de aceite de avión o de aceite Johnson’s en el cuerpo. Muchos de estos casos terminan en el hospital y se mueren, porque el silicon regado en su cuerpo se va hacia los pulmones. Nuestra propuesta se define en autogestión acompañada.

¿Los costos? 

Son accesibles, no somos una gran población. Desde la estadística puede parecer que hacemos poca incidencia en salud, pero para este sector es muy importante.  Cuando atiendes al más pequeño, ayudas al más grande, con pocos recursos.

La activista transfeminista, Ana Almeida, señala cinco puntos clave en la agenda de la población sexo-genérica.

¿El punto tres? 

La Ley de Igualdad entre mujeres, hombres y personas de la diversidad sexo genérica, que se presentó en el 2010. El proyecto de ley no llegó siquiera a primer debate. Nos gustaría retomarlo, porque allí se hicieron conceptualizaciones de diversidad: el objetivo del proyecto planteaba la posibilidad de superar desigualdades en derechos como la educación, la salud, la vivienda, el trabajo. Una vez que en la materialidad consigues cosas, luego puedes conseguir otras. También hay que superar brechas en la cultura y el deporte. El deporte, no en lo recreativo, permite a muchas personas transmasculinas construir el cuerpo de acuerdo a esta necesidad de que sea un cuerpo masculino; es salud. 

Planteamos también la sanción a la discriminación en el trabajo, en la educación y con los arrendatarios: alquilar una vivienda es muy complicado. Pero no podemos quedarnos en la sanción. Son necesarias políticas de igualdad y acción positiva. 

¿Por ejemplo? 

En Argentina se aprobó recientemente una normativa de cuotas laborales para personas trans. Esta normativa está significando la oportunidad de acceder a derechos. Una política de igualdad y acción afirmativa. 

¿Y el cuarto punto? 

Hay un reconocimiento a la diversidad familiar, pero no podemos pensar que como ya hay matrimonio igualitario, se resolvió la diversidad familiar. No. Hay muchos arreglos familiares que quedaron sin protección, como los hijos de parejas lesbianas, de hombres gay, de las hermandades que se construyen en las trabajadoras sexuales trans, por ejemplo, que existen y que van más allá de la ley. No todo es herencia y sangre.  No todo es mamá, papá, hijos, perro, gato y lavadora. Hay otras formas de entender las relaciones familiares. En el caso de un colectivo de mujeres trans, podría reclamar los derechos a nombre de una hermana asesinada.

¿No se reguló ese tema de las herencias con el matrimonio igualitario? 

No. Se excluyeron muchos aspectos, como el tema de los hijos. Y hay cosas más profundas que hay que tratar, como la reproducción asistida. 

¿En la legislación de familias se incluiría la adopción?  

La adopción y otras formas. La reproducción asistida también. En el caso de Satya la legislación no fue suficiente. No se reconocieron las dos madres como madres y esa era la lucha, que se les reconozca. Entrar a este tema sería lo más complejo para una sociedad como la ecuatoriana. Hay que trabajar mucho el tema de las familias diversas. Está pendiente. 

La violencia contra las personas trans se ha evidenciado con mayor fuerza en estos meses de pandemia, se han registrado varios transfemicidios. ¿Cómo evalúan esto? 

Al ser un sector específico, transfemeninas, transmasculinos, viven una situación específica. Hasta ahora, hemos pedido pero no hay una gran campaña nacional sobre el tema. Podrían mostrar que la diversidad sexo genérica es algo bonito; que es parte de la diversidad de nuestro país. Es importante que se hable de la no discriminación por identidad de género, por orientación sexual. Que la sociedad entienda que no puede discriminar y que se entienda la necesidad de la inclusión de las personas diversas. 

En el marco de la conmemoración del 8 de Marzo he visto una explosión por recuperar a nuestros referentes de mujeres, para que las mujeres se enteren que el 8 de Marzo no es un festejo, sí un reconocimiento. Podría ser muy interesante una política de intervención similar, para trabajar contra la violencia hacia las diversidades sexo genéricas. Todavía no vemos eso en la diversidad sexual y de género. Podría ser muy interesante dar ese paso: que la sociedad entienda que está mal discriminar, así como ha entendido que está mal ser racista o, por lo menos, que es políticamente incorrecto ser racista. 

¿Apoyan algún candidato? 

Les hemos visto asegurando que tienen el apoyo de los colectivos LGBTI. En todo caso, nos ha gustado ver a los candidatos solicitando el respaldo de las diversidades sexo genéricas. Ahí sí tenemos clarísimo quien sí y quien no. Uno de ellos le ofreció a una conocida activista firmar un convenio para ejecutarlo una vez en el poder, pero al momento de las definiciones se echó para atrás y no firmó. Todavía creen que la diversidad es mala.

*Ana se refiere a Guillermo Lasso, quien la campaña electoral de 2017 se comprometió a firmar un acuerdo y al final se echó para atrás.

¿La nueva Asamblea es una oportunidad? 

Sí, claro. Hay nuevos legisladores y legisladoras, sabemos que hay gente progresista, con la que creemos que se puede conversar y tenemos que hacerlo. Hay un batallón de activistas jóvenes, que están preparándose para estos cabildeos. 

¿Han hablado ya con algunos de estos candidatos? 

En la primera vuelta tuvimos algunas reuniones con algunos candidatos. Siempre buscamos saber qué tienen en el programa de gobierno y siempre, en cuanto a la población sexo genérica, hay un vacío enorme. Hay varios ofrecimientos pero solo una vez que ganen, diremos aquí están nuestras propuestas. En este momento sentimos apertura para conversar, ¡pero también sabemos que nos ofrecerán cosas que no cumplirán! 

¿Es apertura o desesperación por votos

(Risas) Cuando lleguen al poder nos sentaremos a conversar sobre la agenda con esos 5 puntos que acabo de detallar. No son de ayer, son producto de un trabajo de muchos años, de conocer y de intentar reparar esa discriminación histórica que hemos vivido algunos colectivos y algunas personas en particular. Antes de ganar te ofrecen todo y luego no pasa nada. 

¿Cómo está la organización política para poder incidir desde adentro? 

Las diversidades sexo genéricas son un movimiento relativamente joven, hace no muchos años se despenalizó la homosexualidad. No hay una organización política todavía. Hay intentos, iniciativas, movimientos, agrupaciones que intentan ser las voceras… pero todavía no logramos una unidad, porque es un mundo muy complejo. No es que tenemos una misma postura política. Hay dos tendencias claras, un corporativismo gay más asimilacionista –somos ciudadanos, pagamos impuestos, se reconoció el matrimonio gay, lo tenemos todo-, que es una corriente más conservadora y que acepta la “normalidad”. Y, la otra corriente, que es la nuestra, transfeminista, más autónoma, más desafiante, muy orgullosa de lo made in Ecuador. No copiamos las leyes de otros países, intentamos pensar nuestra realidad y plantear soluciones desde aquí, sobre todo reconociendo que trabajamos en un colectivo hipermegadiverso.

¿Si logran articular en medio de sus diversidades? 

Podemos conversar, lo uno no excluye lo otro. Es así. Converger y plantear nuestros candidatos. Es la primera elección en la que vimos a candidatas que expresaban abiertamente su bisexualidad. Eso habla de una madurez: hace algunos años,habría sido imposible. La gente se está preparando, he visto jóvenes transmasculinos geniales. A mediano plazo tendremos nuestros propios representantes y nuestro propio movimiento y podremos hacer incidencia desde dentro. La incidencia la hemos hecho con gobiernos de izquierda, de derecha, cuando ha sido penalizada la homosexualidad, no reconocida la identidad de género. No porque no tengamos partido dejamos de hacer política. Hacemos política todo el tiempo. Hay avances: el reconocimiento del género, la tipificación de los crímenes de odio, pero solo hay un caso juzgado de crimen de odio, en el caso de Michael Arce. 

En el  Código Orgánico de la Salud, vetado totalmente por el Ejecutivo, ¿qué temas no fueron incluidos? 

Hicimos algunos aportes que no fueron considerados para nada. En lo LGBTI, esa “I” queda al último y es la realidad de las personas intersexuales. Las personas intersexuales no dicen “quiero ser”, pero nacen intersexuales. En la Asamblea de 2008 hicimos un intento de incorporar un factor de no discriminación al canon corporal, que tiene que ver con la realidad intersexual, pero no lo logramos. Es importante, por ejemplo, que el Ministerio de Salud entienda la intersexualidad y no la catalogue como una falla médica. No son fallos, son personas que nacen con una doble condición, lo cual debería atenderse con un sistema de salud más específico para personas trans e intersex. Ser intersexual no es malo, es otro sexo. 

Entiendo que en estos casos se toman decisiones muy tempranas, el sexo lo decide el doctor en el recién nacido, cuando es una definición que debería tardar… 

Por eso se necesita un sistema de salud más específico. Hay que legislar para las diversidades sexo genéricas, entendiendo que existen y que tienen necesidades específicas. 

¿Cómo se están integrando al país las poblaciones sexo genéricas migrantes? 

Hubo una ola migratoria muy importante antes de la pandemia. Y al principio hubo discriminación dentro de los propios grupos. De cerca he conocido mucha migración de trabajadoras sexuales trans venezolanas y colombianas. Al inicio hay mucha violencia. Es muy complejo, a veces llegan, son más jóvenes, pero cobran menos, “perjudican el negocio” y empiezan los problemas. Entramos a una fase para hacer mediación comunitaria y ayudar a entender que, si son más y están juntas, es más fácil luchar contra la discriminación, la persecusión policial y los vecinos. No es fácil pero podemos decir que se consiguió una mediación adecuada, aunque muchos de ellos se están regresando a sus países de origenporque las condiciones son muy complicadas, cada vez hay menos trabajo. 

Ana, desde muchos sectores se demanda el lenguaje inclusivo también como una reivindicación, el “todes”. ¿No lo veo en tus demandas? 

Aunque este tema de incluir a la “e” es la moda, para nosotras es más un esnobismo. Nosotras intentamos hablar siempre en femenino genérico, con la “a”. Entonces cuando nos referimos a la humanidad, hablamos de las personas. Para traer a la reflexión a las personas de que también se puede hablar en femenino y que, cuando se habla en femenino, se está incluyendo. Es sobre todo una postura política. Hay mucha gente que está hablando en “e”, es respetable. Nosotras hablamos en “a”, para que todos los “o” se sientan incluidos en la “a” y no al revés. También demandamos la inclusión desde el lenguaje desde el femenino genérico: las personas. Es más difícil el ejercicio de “les persones”. 

“Cuando lleguen al poder nos sentaremos a conversar sobre la agenda con esos 5 puntos que acabo de detallar. No son de ayer, son producto de un trabajo de muchos años, de conocer y de intentar reparar esa discriminación histórica que hemos vivido algunos colectivos y algunas personas en particular. Antes de ganar te ofrecen todo y luego no pasa nada”. 

Fotografía principal: Revista Expansión Mx

Edición: Jorge Basilago


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