OPINIÓN| Novedades políticas: Vargas se quita la máscara

Por Hugo Noboa Cruz*

Sin duda, una de las novedades del último fin de semana, que causó mucho revuelo, fue la declaración del 3 de abril de 2021 de Jaime Vargas, presidente prorrogado de la Confedereción de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), en la que expresó su apoyo para el balotaje, al candidato del correísmo, Andrés Arauz.

No hay sorpresa. Ya los rumores de acercamiento de Vargas al correísmo surgieron durante el mismo levantamiento de octubre de 2019, sobre todo cuando en la posesión del presidente de Bolivia, Luis Arce, Vargas interactuó con Arauz. Antes de la primera vuelta de las presidenciales en el Ecuador, Vargas y Arauz tuvieron un encuentro “casual” en el Puyo. Ahora, en un mitin electoral en Sucumbíos, ambos personajes compartieron tarima y Vargas se desenmascaró finalmente.

El presidente de la Conaie nunca expresó su apoyo explícitamente a la candidatura de Yaku Pérez en la primera vuelta electoral. Hay que recordar que Vargas estuvo tentado y fue precandidato presidencial dentro de Pachakutik, –debe haberse herido mucho su orgullo cuando no fue escogido.

Lo que no puede hacer Jaime Vargas es hablar a nombre del movimiento indígena del Ecuador (que es más que la Conaie), ni siquiera a nombre de la Conaie de la cual funge de presidente. Bien sabe Vargas que para tomar decisiones importantes el consejo de gobierno de la Conaie debe reunirse y previamente consultar a las bases. El pasado 10 de marzo, luego de conocerse la concreción del fraude electoral que desplazó a Yaku Pérez de la segunda vuelta, la Conaie ya se pronunció por “el voto nulo ideológico”. El 23 de marzo, el consejo ejecutivo Pachakutik resolvió también hacer campaña por el voto nulo.

La resolución de la Conaie por el voto nulo fue firmada por Jaime Vargas y también por Marlon Vargas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía (ConfeiaeNFENIAE), filial de la Conaie.

Para el correísmo no es nueva la práctica de tratar de dividir a las organizaciones sociales y populares, fue una de las tácticas del gobierno de Rafael Correa y, para ello, siempre trató de cooptar líderes de esas organizaciones. El plato fuerte siempre fue la Conaie. ¿Qué le habrán ofrecido a Jaime Vargas para su deriva? No es de quienes se entregan gratis.

Antes, el correísmo captó a algunos exdirigentes y líderes de la Conaie, apelando a sus ambiciones personales. Antonio Vargas (el del momentáneo triunvirato del 2000 con Lucio Gutiérrez); Miguel Lluco (que con un retrato de Correa al fondo, se quejaba en el 2012 de su expulsión de la Conaie y Pachakutik); Mariano Curicama (ex prefecto de Chimborazo y hoy asambleísta electo por el movimiento Minga, procesado por concusión) que mantuvo una alianza en su provincia con el correísmo; incluso Carlos Viteri Gualinga, ex legislador correísta, que sin haber sido dirigente de la Confeniae o de la Conaie, fue sin embargo un destacado líder surgido en su comunidad, Sarayaku, uno de los bastiones de resistencia al correísmo.

A estas alturas de la campaña electoral, quién sabe qué otra carta puede tener bajo la manga el correísmo. Así juegan los truhanes. Pero ¿qué es lo que obliga al buró de campaña de Arauz a hacer estas jugadas de última hora?

Hace diez o quince días las encuestas (aunque algunas no sean confiables) daban por descontado el triunfo del candidato Arauz en esta segunda vuelta electoral. 

Sin embargo, el panorama cambió sustancialmente en los últimos días, al menos en las encuestas. Al parecer, el insulso debate del 21 de marzo (dispuesto por el Consejo Nacional Electoral) benefició más a Lasso que a Arauz. Conforme disminuye el porcentaje de electores indecisos, la intención de voto parece orientarse más hacia Lasso.

En los resultados disponibles de las últimas encuestas, las realizadas entre 28 de marzo y 1 de abril (último día en que legalmente podían publicarse), parece darse lo que llaman empate técnico, pues el margen de error de las encuestas (generalmente entre 2 y 3% +/-) descuenta la mínima ventaja de uno u otro candidato.

Como siempre, los resultados del conteo real (ni siquiera las encuestas a boca de urna, exit poll) informarán de la decisión popular; siempre y cuando no haya manipulación de datos y un grotesco fraude, como en la primera vuelta de estas presidenciales, como en la segunda vuelta del 2017 y como seguramente en muchos otros procesos electorales controlados por funcionarios afines al poder de turno.

De ser cierta esta proyección de las últimas encuestas, Lasso se perfila como posible ganador el próximo 11 de abril, pues, el que remonta tiene ventaja en base a nuevos votos. Al parecer, el techo de votos duros y blandos es mucho más rígido para el correísmo que para la alianza CREO – social cristianos. Ello, por supuesto, desespera al correísmo.

Ningún candidato de primera vuelta puede endosar “sus” votos a favor de otro candidato en segunda vuelta; incluso, ningún dirigente de organizaciones políticas o sociales puede garantizar tampoco que su palabra sea acatada. Porque los votos no les pertenecen, sino al votante soberano. Lasso y Arauz, ambos, tratan de captar al electorado indeciso con ofrecimientos demagógicos, pretendiendo amplitud de ideas, o con intentos de acercamiento a excandidatos y dirigentes.

El compañero de binomio de Lasso, Alfredo Borrero (médico conservador), llegó incluso a renunciar a su anterior discurso anti derechos en relación a las mujeres y la salud sexual y reproductiva. Lasso aumentó su oferta populista: sueldo básico de 500 dólares y no cesa de ofrecer créditos a través del banco de Guayaquil.

Arauz, cuyo mentor siempre despreció al movimiento indígena, no solo logró las declaraciones (personales) de Jaime Vargas, sino que trató de apropiarse del discurso de la minga (“minka por la vida” fue el lema de Yaku Pérez en primera vuelta). Pero, a la vez, no dudó en aliarse con el más cavernario de los candidatos de primera vuelta, Isidro Romero, social cristiano, muy cercano a León Febres Cordero y Nebot (aunque hoy distanciado), hijastro político de Luis Noboa Naranjo. Romero creció como empresario multimillonario alrededor de la Corporación Noboa y luego del consorcio Nobis de Isabel Noboa Pontón (su exesposa). El correísmo refrenda su alianza con un sector de la oligarquía.

Pero, al parecer, esos trucos de última hora no le sirven de mucho al correísmo, que, a una semana de las elecciones ve derrumbarse sus ilusiones de perpetuarse en el poder, de enderezar su timón que -según ellos- temporalmente lo torció (solo parcialmente) Moreno.

El 2 de abril hubo fuertes rumores de que la estructura de campaña de Arauz se estaba derrumbando (según su detractor, Fernando Villavicencio y otros), se habrían agudizado los conflictos internos ante el supuesto derrumbe de las aspiraciones presidenciales, algunos responsables de provincia estarían abandonando el barco. Seguramente vislumbran que para el reparto ya no quedarían negocios, ministerios, embajadas y otros puestos burocráticos, sino deudas. Sean o no ciertos esos rumores, lo cierto es que el correísmo lo está pasando mal, se nota su desesperación.

Circulaban también por WhatsApp una serie de apuntes de la supuesta complicidad (todo sería un tongo armado por la oligarquía), para que esta vez Guillermo Lasso, si llega a la presidencia, le ofrecía al correísmo el retorno de su líder luego de uno o dos períodos. No sería nada raro, hay varios indicios que permiten sospechar ese acuerdo que apunta al bipartidismo. El principal indicio de ese acuerdo: ¿por qué en el 2017 Lasso renunció a seguir peleando por la presidencia que legítimamente ganó? El ascenso de Moreno fue claramente fraudulento, con apagón informático incluido. Seguramente porque necesitaban para el momento un personaje como Moreno. Aún había trabajo sucio por hacer y obstáculos por allanar. Cumplida esa fase, todo está expedito para que Lasso y los socialcristianos asuman el poder, antes de que las arcas de lo público queden totalmente vacías.

Una semana de incertidumbre nos espera, y quien sabe, de sorpresas. El agudizamiento de la pandemia de covid-19 y el estado de excepción en algunas provincias del país, coincidentemente las de más alto número de votantes, siembra algunas dudas para los pronósticos. Posiblemente la pandemia afecte más a Lasso que a Arauz, pues Lasso perdería una buena parte de votantes de tercera edad, que no están obligados a sufragar. Pero, aun así, su repunte en los últimos días parece promocionarle como posible ganador. Como siempre, los juegos del poder son los que finalmente decidirán. Desde el pueblo llano nos preguntamos ¿cuál de los dos sería el peor? Porque mejor, ninguno de ellos.

“Al parecer, el insulso debate del pasado 21 de marzo benefició más a Lasso que a Arauz. Conforme disminuye el porcentaje de electores indecisos, la intención de voto parece orientarse más hacia Lasso”.