OPINIÓN| El giro a la derecha de las izquierdas. ¿Por qué apoyan a Lasso sin decirlo?

📌Comentario al comunicado publicado el pasado 3 de abril : https://bit.ly/3upRvkv


Por Samuel Guerra Bravo*

El Documento titulado “Por qué las izquierdas no apoyamos a Andrés Arauz” (La línea de Fuego, 3 de Abril de 2021) tiene la virtud de poner sobre el tapete de la discusión la infinita maleabilidad de los discursos. Maleabilidad significa, en este caso, que puede adaptarse a cualquier tendencia: a la izquierda por lo que dice expresamente, y a la derecha por lo que dice sin decir. Porque el lenguaje, como se sabe desde hace mucho tiempo, es denotativo y connotativo; lo cual significa que las palabras no se agotan en su significado primario, básico e inmediatamente perceptible, sino que aluden también a sentidos adicionales que obedecen a intereses y que permiten descubrir los prejuicios, las verdaderas intenciones, los juegos verbales de alusión-elusión, los objetivos ocultos. 

Dicho esto, pasemos a ciertos señalamientos del mencionado Comunicado que, por lo demás, hay que reconocerle que está bien redactado, que intenta manejar argumentos, y que trata en todo momento de guardar la coherencia. Pero hay aristas que permiten su crítica:

1. Llama la atención la fragmentación de la izquierda, lo que les obliga a hablar en plural: “izquierdas”. El documento deja la sensación de una izquierda fragmentada que quiere encontrar en la coyuntura de la segunda vuelta electoral un motivo de unificación, de formar un frente común. Los firmantes resuelven esta fragmentación en el discurso, no en la realidad, donde –sabemos– existen hondas divisiones, sobre todo en los grupos indígenas. Dicho de otro modo, se intenta resolver la fragmentación por afinidades coyunturales y no por el verdadero liderazgo de un sector social (sea el de los indígenas, de los trabajadores, de las mujeres…) que asuma y haga caminar las posibilidades de un cambio verdaderamente transformador o revolucionario. Un frente común no es lo mismo que un liderazgo común, capaz de aglutinar a todos los sectores. El discurso crea la ilusión de una unidad que no se convalida con la realidad de los intereses dispersos y realmente existentes: étnico-culturales (para los indígenas), socio-económicos (para los trabajadores), ecologistas (para los defensores de la naturaleza), feministas (para las mujeres), etc. Dirán que lo socio-económico es el denominador común, pero sus luchas reales muestran objetivos sectoriales específicos, que han prevalecido.

El documento habla de unas izquierdas que habrían sintetizado las necesidades históricas anticapitalistas y antineoliberales de nuestro país en dos luchas por la justicia: la étnico-cultural y la socio-económica. Se distingue entre estas dos “justicias” (se deja sin señalar, aunque las suponen, otras “justicias”, como la ecologista, la feminista, etc.) y se crea con ello objetivos históricos que relegan a segundo plano a aquello sobre lo cual se asienta verdaderamente una transformación social: la lucha de clases bajo el liderazgo de los trabajadores. Las agendas por la justicia étnico-cultural y las de la justicia socio-económica, al aparecer como dos luchas distintas  (o complementarias, lo mismo da, el asunto es que son dos) de una sola revolución verdadera, garantizan de antemano su debilidad e ineficacia.  Los firmantes del Documento no asimilaron al parecer la lección de los indígenas -cuya representación asumen- que en Octubre-2019 no mezclaron estas “agendas” sino que se lanzaron a las calles por reivindicaciones socio-económicas fundamentalmente, las cuales no eran propiamente una “agenda” sino una necesidad vital, un modo de sobrevivencia. 

Ahora se entiende mejor por qué la Embajada Norteamericana en Quito, cuyo pragmatismo le permite advertir los bemoles que la construcción teórica oculta, apoyó en todo momento la candidatura de Yaku Pérez Guartambel (PK) y hasta proclamó anticipadamente su paso a la segunda vuelta. Washington sabe que tales agendas generan, no solo compromisos políticos, sino también compromisos ontológicos y epistémicos de las  izquierdas consigo mismas que, al crear objetivos distintos para cada una de ellas, les impelen a luchar en uno u otro sentido perdiendo de vista lo verdaderamente “fundamental” y “universal” (que congregaría a todos los sectores dominados y a todas las diversas agendas): la transformación socio-económica que libere en nuestro país a todos los explotados y sojuzgados por el sistema capitalista neoliberal.

2. El ser de izquierda o de derecha se desprende de actos/hechos/acontecimientos políticos, no solo de discursos políticos. Algunos de los firmantes del Comunicado tienen antecedentes en el plano de los hechos; otros, se han especializado en el mero discurso. La cuestión clave sería que la sociedad los vea y los catalogue como de izquierda, que su  pertenencia a “las izquierdas” esté de algún modo socialmente legitimada,  más allá de los eufóricos discursos que se puedan construir.

3. El Comunicado es un manifiesto por el voto nulo proveniente, según se dice, de Pachakutik,  de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Conaie, del Frente Unitario de los Trabajadores (FUT), del movimiento de mujeres y de un gran número de organizaciones sociales y políticas de la izquierda que no se mencionan, pues al final solo aparecen representantes de cuatro organizaciones menores. Estos señores, cuya buena voluntad no se discute, ¿no se están arrogando la representación universal no solo de los grupos citados por ellos mismos, sino de todos los sometidos por el sistema? ¿Quién o quiénes los han elegido o designado? 

4. El Comunicado se condensa en esto: las izquierdas no apoyamos a Arauz porque es de derecha. En apoyo de esa tesis despliegan toda una argumentación afincada en el dogmatismo anticorreista (curiosamente  similar a la del artículo “El país o la mafia”, éste sí de derecha, aparecido en El Universo el 2 de Abril de 2021). Según el Comunicado, para las votaciones del 11 de Abril-2021 hay dos candidatos de derecha que no merecen el voto de las izquierdas, lo obvio por tanto es votar nulo. Genial en el discurso, peregrino en la práctica, pues estos grupos de izquierda no se fijan en lo que realmente hay (una elección y dos candidatos), sino en lo que realmente no hay (una izquierda elegible, ausente en la papeleta, que supuestamente habría movilizado su voto).         

5. En elecciones como las del próximo 11 de abril, votar nulo es una opción que denota una posición política e ideológica, pero que connota -en el plano de la real politik, de la que nadie escapa- una automarginación del futuro inmediato del país. Lo coherente sería votar por el que les dé la gana como un trampolín para sus luchas futuras. Votar por alguno de los candidatos, comprometerse, ensuciarse las manos en el destino del país, y en esos marcos concretos desplegar las luchas que consideren pertinentes: eso es lo que esperaríamos de las izquierdas. El voto nulo es una opción, sí, pero es la opción del aislamiento y la irresponsabilidad política: asunto que le viene de plácemes a la derecha de Guillermo Lasso.

6. La intencionalidad de estas izquierdas parece ser la siguiente: votamos nulo y a renglón seguido, gane quien gane, no importa porque ambos son de derecha, nos sacaremos la madre luchando contra el neoliberalismo o el progresismo que han dilapidado este país en las últimas décadas. No nos comprometemos ahora, nos marginamos por medio del voto nulo, pero desde el 12 de abril y con mayor razón desde el 24 de Mayo lucharemos a brazo partido por la justicia etno-cultural y la transformación socio-económica del país. El voto nulo se justifica porque tanto liberales como progresistas en las últimas cuatro décadas solo han producido destrucción, dilapidación, persecución, robo, asesinato, racismo, machismo, explotación, corrupción, asalto a los bienes públicos, neocolonialismo, etc., etc. De allí a sostener que el voto nulo es una forma radical de lucha –como algunos lo han hecho– no hay más que un paso. ¿No es esto un radicalismo llorón e inútil, posible solo en las argumentaciones teoreticistas (que se validan a sí mismas en la pura teoría, y no en la realidad), vacías de contenido, más propias de los debates de café, que de las luchas sociales?

7. Del mundo académico salió el concepto de “progresismo conservador”. Se supone que con él se alude a la obra benéfica que un gobierno puede hacer, pero que no apunta a transformaciones profundas, sino a un mejoramiento del status quo, en los marcos de una democracia liberal. Mejoría sin transformación: eso sería el progresismo conservador,  ensayado ya por el Gobierno de Rafael Correa y que tendría su continuación con Arauz. En la lógica de las autodenominadas izquierdas, esto es deleznable porque no constituye la revolución soñada. Por tanto, votamos nulo a la espera de que las condiciones objetivas se agraven y entonces sí nosotros, los elegidos, los visionarios, los intelectuales, los que somos capaces de cambiar la realidad, empujaremos o dirigiremos la transformación social.

8. Y la transformación social nunca llega. Al no votar por Arauz ni por su progresismo y al proponer el voto nulo, las izquierdas le están diciendo al electorado: Lasso es el que profundizará las contradicciones entre las élites dominantes y el pueblo dominado y entonces será el momento ideal para la entrada en escena de las izquierdas. No apoyar a Arauz significa en concreto desear y propiciar desde la anulación del voto, desde la abstención, desde las sombras, el triunfo de Lasso. El resultado final de tal “opción” será que los beneficios del progresismo no llegarán, porque lo que llegará será el encausamiento general del Estado (legislación incluida) a los intereses de la burguesía, lo cual profundizará la pobreza, la explotación, la marginación, la mala educación, la pésima salud, la desastrosa vialidad, la carencia de vivienda, la desregulación del trabajo, la congelación o disminución de salarios, etc. Las izquierdas entonces llorarán y se darán golpes de pecho, como ahora. Mientras tanto, las oligarquías en el poder robarán, acumularán, y luego sacarán al exterior la riqueza generada por todos, sumergiendo al país en mayor pobreza, desnutrición e indefensión. Todo con la anuencia de las izquierdas. No cabe duda que las izquierdas le están haciendo el juego a la peor de las derechas: la de Lasso.

9. El comunicado retuerce la formulación del Sociólogo Boaventura de Sousa Santos, quien en un artículo sostenía que lo fundamental en las próximas elecciones son los programas de gobierno propuestos y no “la integridad de los candidatos”.  En una síntesis sin dialéctica, las izquierdas dicen en cambio que los programas deben juzgarse a partir de los antecedentes y la trayectoria política de los candidatos, con lo cual personalizan, es decir psicologizan, la política. En ciencias sociales sabemos que la psicologización (el hacer recaer el peso de un hecho histórico como las elecciones en las condiciones subjetivas de los candidatos) es siempre un argumento menor, aledaño, no fundamental, porque las personas pueden cambiar, en bien o en mal, mediante una decisión libre o impuesta. En este punto los firmantes deberían mirarse en su propio espejo y recordar que muchos de ellos sostenían en las elecciones de hace cuatro años la inconveniencia del voto nulo, mientras ahora se presentan como los adalides de la anulación del voto. El riesgo de la psicologización es que las personas mejoran o empeoran, y todo pasa a formar parte de su experiencia particular de vida, la cual, sin perder su importancia, no debe ser colocada abusivamente como fundamento, ni de la argumentación en el discurso, y mucho menos de las decisiones políticas en la política real.

En fin, éstas no son más que notas al vuelo para alimentar el debate y para que quienes están verdaderamente a la izquierda: los votantes que con su voto configuran las posibilidades de progreso del país, meditemos dos veces nuestra opción electoral del 11 de abril previniéndonos a nosotros mismos de las consecuencias de nuestra decisión. 

“Lo coherente sería votar por el que les dé la gana como un trampolín para sus luchas futuras. Votar por alguno de los candidatos, comprometerse, ensuciarse las manos en el destino del país, y en esos marcos concretos desplegar las luchas que consideren pertinentes: eso es lo que esperaríamos de las izquierdas. El voto nulo es una opción, sí, pero es la opción del aislamiento y la irresponsabilidad política: asunto que le viene de plácemes a la derecha de Guillermo Lasso.”.


*Samuel Guerra Bravo Investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la PUCE. Autor de libros y artículos de su especialidad.