Análisis electoral y las proyecciones de una tercera vuelta indígena popular y de izquierda

Consejo Nacional de Gobierno del movimiento indígena instó a sus bases a votar nulo. Foto: Tw-PK

Por Tomás Rodríguez León*

Luego de una primera vuelta electoral  dudosa y fraudulenta, “dos de los tres finalistas”, Yaku y Arauz, se proclamaron de izquierda. Ni siquiera el empresario Guillermo Lasso jamás se expuso como un hombre de derecha sino de centro.  En esa mirada la votación de la izquierda llega al 55% a la que podría agregarse la votación de la Izquierda Democrática con su 16%; el partido socialista y Paúl Carrasco, también definido como de centro izquierda, que suma una votación de “izquierda” a un aproximado de 78% de votantes, porcentaje que envidiaría cualquier país de América y Europa. Sin embargo, en la segunda vuelta electoral gana Lasso que bien se sabe es de extrema derecha.

La primera conclusión es que Guillermo Lasso no derrotó a la izquierda, sino que la votación de una buena parte de la izquierda prefirió votar por la derecha liberal a verse abocada al retorno de Rafael Correa, tan despreciado por la derecha, el centro y la izquierda. Acá es de observar que todas las provincias donde ganó la izquierda indígena terminaron apoyando a Lasso abrumadoramente

Una segunda conclusión es que el resultado no expresa una polarización política de izquierda derecha sino una polarización de un correísmo en retroceso ya que no supera en realidad la dimensión de su voto duro del 35% y un anti correísmo que conjunta a sectores de derecha izquierda y centro

Una tercera dimensión para el análisis es que la derecha está en el gobierno, pero aun no accede al poder toda vez que la derrota de sus aliados ideológicos como PSC, Abdala Bucaram, Álvaro Noboa, etc., cuyos fuerzas políticas demuestran que están quebrados con mínima participación parlamentaria, lo que exigirá un reposicionamiento obligatorio hacia el centro en pro de la sobrevivencia en el gobierno.

Un cuarto elemento de análisis es el tema de la forma que contribuyó en menor escala al triunfo de Lasso. Lasso se presenta independiente y juvenil, hasta con zapatos rojos y con chaqueta estrafalaria, en tanto Arauz dependiente y “anciano” que necesita ser guiado por su mentor Correa con traje demasiado formal para ser joven o indígena.

Lasso hace esfuerzos y logra ser visto como un gestor de diálogo político en tanto Arauz no necesita hacer esfuerzos para demostrar su lealtad al líder supremo quien no escatima tampoco esfuerzos para  cometer errores de infante en la política como abundar los insultos a la otra izquierda y pretender reiteradamente dividir  a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Así los ‘peligros’ del correísmo van sumando adeptos mientras la dulcificación del recuerdo con el gobierno de Correa se desploma 

Lasso ofrece paz, invoca a Dios, se presenta siempre con su familia y mientras dice “Yo no llego con una lista de a quiénes quiero perseguir ni ver en la cárcel. Yo quiero ver a todos los ecuatorianos libres, que no tengan miedo al gobierno (…), que expresen sus opiniones con libertad”, Correa arremete desde más allá con oferta de venganza “y pagaran su culpa los traidores que se preparen Ecua visa, Tele amazonas…”le falto la CONAIE, Pachakutik etc  …lo que hizo sentir un gélido sentimiento colectivo    con énfasis a la clase media pero que llego hasta las mismas bases correistas  que hace rato no comulgan con el modelo confrontador de su líder.

El cuco del neoliberalismo no funcionó ni impacto en los pueblos luchadores que están más en la Sierra y el Oriente o porque ya lo sienten desde el gobierno de Rafael o porque están dispuestos a la pelea,  pues nadie le ha dado un cheque en blanco a Lasso y él lo sabe. 

Los resultados en cifras 

En el gobierno de Rafael Correa se hizo invisible al votante que a pesar de la represión no acudió al voto nulo o en blanco y que en esta elección creció, aunque en la ecuación del poder se presentan indicadores de votos válidos y no sus resultados frente al padrón. El padrón da cuenta de 13’099.150 votantes. Y de acuerdo con ese esquema, Lasso llega a 4’577.000, es decir el 35%; y, Arauz con  4’143.357, es decir el 32%. Los dos quedaron en minoría frente a los que no acudieron, votaron nulo o blanco.

En la segunda vuelta, en conformidad con la aritmética del poder: Guillermo Lasso tiene  52,43% frente al 47,57% de Andrés Arauz.  Lasso suma 32,69% de la votación que no le respaldo en la primera vuelta mientras el crecimiento de Arauz revela lo poco significativo de su ascenso, donde destaca que logró casi nada del voto indigenista y socialdemócrata.

Un hecho curioso que se escapa del análisis de muchos comentaristas es que siempre se consideró a la votación serrana de izquierda y a la votación de la Costa un reducto de la derecha. ¡Vaya la sorpresa! La Costa respalda a Arauz y la Sierra y Oriente se afirma con Lasso. Sin embargo es una falsedad peregrina creer que la votación indígena se ha derechizado. Un simple análisis demuestra que el voto indígena es disciplinado, prefiere a Lasso para enfrentarlo que a Correa para soportarlo. También destaca que la convocatoria al voto nulo por los dirigentes de Pachakutik está en la línea de preservar su capital político para el futuro próximo.

Las demandas del pueblo indígena no se han reducido en años: oposición al modelo neoliberal y al extractivismo; y, requieren protección social y productiva, demandas que les son adversas con Lasso como con Correa.

Los pueblos indígenas campesinos y citadinos son una minoría, de acuerdo con el censo alcanzan aproximadamente el 8% de la población,  pero políticamente ya son una fortaleza más aun cuando los resultados electorales demuestran que han sumado a su proyecto social y político una buena parte de la población mestiza.

El movimiento indígena está  organizado no solo para competir  sino para  luchar como ya lo ha hecho en el pasado y lo seguirá haciendo. Bajo el liderazgo de Pachakutik se deberá trabajar en la reagrupación de la izquierda; en tanto, las bases honestas del correísmo deben hacer lo que hicieron muchos nobles de la Roma antigua: sacrificar al César para que el imperio siga con vida.

Lasso hace esfuerzos y logra ser visto como un gestor de diálogo político en tanto Arauz no necesita hacer esfuerzos para demostrar su lealtad al líder supremo, quien no escatima tampoco esfuerzos para  cometer errores de infante en la política como abundar los insultos a la otra izquierda y pretender reiteradamente dividir  a la Conaie. 

Fotografía principal: Tomada del Tw de Pachakutik.