De Quito a Loja pasando por Ibarra

Por Gerard Coffey*


📌 La opinión personal de Gerard Coffey, no supone la opinión de La Línea de Fuego, que seguirá promoviendo el debate se mantendrá abierta a las opiniones de las izquierdas.


En el primer año de gestión de Lucio Gutiérrez, en una reunión en el Instituto Intercultural de Luis Macas, analizábamos el nuevo gobierno del excoronel Lucio Gutiérrez. Había varios participantes elocuentes pero fueron las palabras de Alejandro Moreano las que quedaron grabadas en mi memoria. Hablando a los que aún consideraban que Lucio podía ser el Hugo Chávez ecuatoriano, dijo: “de Quito no vas a Loja a través de Ibarra”. 

Pasados casi veinte años, en el contexto de las elecciones del domingo 11 de abril y la campaña del voto nulo “ideológico”, es preciso recordar esa frase y lo que significa para la izquierda de hoy. Por ejemplo, si somos gente de izquierda, resulta difícil de entender cómo algunos/as pudieron imaginar que allanando el camino para la victoria de un Presidente que representa valores contrarios a los nuestros, nos iba a llevar a la “transición”, o a ese mundo más justo e igualitario con el que todos y todas soñamos. Pero es exactamente lo que pasó. 

En igual sentido, vale preguntar cómo es posible que gente que se declara de izquierda, a sabiendas de los peligros que implicaba una victoria del derechista Guillermo Lasso (hasta ultraderechista diría yo), fue capaz de imaginar que promover el voto nulo representaba una táctica positiva. Y no solo lo promovían, lo hacían con una actitud que solo se podría calificar de arrogante. Hasta tuvieron la osadía de declararse la voz de “las izquierdas” para explicar por qué esas supuestas izquierdas no iban a votar por Andrés Arauz; aparentemente fue por la dignidad y la resistencia. Había sido cómico si no fuera tan triste. El riesgo era obvio, pero ignoraron las advertencias porque las consideraban palabras de correístas. ¿Y quién más podía cuestionar sus declaraciones? 

No hay duda, sí había motivos para votar nulo, no debemos olvidar que hubo personas y colectivos tratados de manera brutal por Correa y su gente, incluyendo agresiones físicas y psicológicas. Pero si bien votar nulo es una opción personal válida, no creo que lo sea armar una campaña, sobre todo dado el contexto. Y en verdad, las razones de algunos de los y las promotores me parecían muy poco solidarias. El mensaje subyacente se podría resumir como: “Mis penas importan más que el bienestar de la población en general, sobre todo los que menos tienen”. Claro está que Rafael Correa y sus varios equipos cometieron barbaridades y no resolvieron los problemas de pobreza o desnutrición infantil (tal vez la mayor vergüenza de todas), ni muchas cosas más, pero usar ese razonamiento (e ignorar el lado positivo de sus mandatos) para argumentar que los programas de políticas económicas y sociales de Lasso y Andrés Arauz eran iguales, o de poca importancia, fue simplemente engañarse. Las diferencias eran claras.

Otras posibilidades se me ocurren. ¿Será que en secreto imaginaban que Arauz ganaría a pesar de su campaña, y que así podían salir libres, tener la torta y comerla? ¿O quizá suponían que sería Lasso el precio que tocaba pagar por el fortalecimiento de Pachakutik y la Tercera Vía, y el viaje hacia la ‘transición’? Pero por desgracia en el mundo real el primer paso hacia la transición fue el de Lasso hacia Iván Duque y la Casa de Nariño y una nueva correlación de fuerzas en la región. Las consecuencias de la victoria del nuevo Presidente no serán solo locales sino regionales.

¿Y ahora qué?

Como sea, después del triunfo de Lasso, parece claro que a las personas que promovieron el voto nulo no les interesa asumir la responsabilidad por ello. Lo peor es que esto no sorprende. A mí me han pedido respeto y disculpas por haberles cuestionado con palabras duras: admito que muchos no las merecen, pero en este caso actuaron completamente por fuera de la lógica que siempre creí que les caracterizaba. Tampoco sorprende la falta de autocrítica porque, en realidad, ¿quién querría asumir la responsabilidad por semejante barbaridad?  Y para darles algo de crédito, no estaban solos: había militantes del PSC, del mismo Lasso, de los pocos morenistas que quedan. La responsabilidad no es total, sino parcial, hay que decirlo; pero esa responsabilidad existe, sin duda alguna.

Ahora la pregunta más importante es qué hacer respecto a Lasso. Me pregunto si sería posible que las dos facciones (el correísmo y el yakuismo) se reconcilien para hacer frente común ante las barbaridades que Lasso va a pretender y que se cometerán en su nombre, o en nombre del sospechoso ‘fortalecimiento de la democracia’ del que él en repetidos momentos habla. Me parece poco probable: sería necesaria una autocrítica profunda por ambos lados, y hasta ahora no veo señales de movimiento en ese sentido. Incluso podría ser más probable, aunque lejana de seguro, por el lado del correísmo; para ello parece imposible negar la derrota, y debe quedar por lo menos una pizca de duda (ojalá sea más) una vez terminado el ejercicio de culpar a medio mundo. Y si lo hay, una ruptura dentro de la filas del movimiento no es tan difícil de imaginar; no todas las correistas están enamorados de Correa, ni de lejos, ni de su estilo personal, ni de su forma de manejar el movimiento.  Esa posibilidad solo se incrementará si uno de los facciones, la más militante, no cede terreno, o si Rafael Correa mismo sigue siendo intransigente. 

Por el lado del yakuismo, veo más difícil una profunda autocrítica. Sus militantes consideran el voto nulo como un triunfo y a Lasso apenas como un pequeño estorbo para la marcha históricamente inevitable hacia la dignidad, la resistencia y  algo más que ya no recuerdo…  El próximo paso para ellos podría ser la toma del control de la Conaie, deshacerse de gente como los ‘comunistas’ (o correístas) Leonidas Iza y  Jaime Vargas, y mover la institución hacia una política más centrada en la identidad indígena y el medio ambiente, y  menos en el plano económico-redistributivo. Hasta intentarlo podía ser suficiente para crear una ruptura y debilitarla seriamente. Sería una movida que seguramente tendrá a Lasso orinándose de alegría. A lo mejor dejará el bastón para levantarse y caminar como Pinochet llegando a Santiago desde Londres. 

En fin, no sé si una reconciliación será posible a corto-mediano plazo. Creo que la ruptura de las izquierdas es profunda y podría llevar muchos años en repararse, lo que también será una alegría para Lasso y otros como Jaime Nebot, María Paula Romo, Sebastián  Roldán, Oswaldo Jarrín, Pablo Celi, Janet Hinostroza y un largo y conocido etcétera.  Mientras tanto, por mi parte, siento mucha pena porque ya no habrá mucho que decir a gente con la que vengo luchando durante muchos años, porque considero que se han equivocado de manera fea y brutal. El único consuelo es, quizás, la posibilidad de haberme equivocado. De verdad sería un placer mirar hacia atrás después de unos años y ver que los acontecimientos me contradijeron, que me hayan hecho mentiroso, que no todo haya salido como yo me imaginaba, que Lasso sí creó un millón de trabajos, que no fue el Uribe ecuatoriano, que no privatizó todo, que… que… que… 

“Sus militantes consideran el voto nulo como un triunfo y a Lasso apenas como un pequeño estorbo para la marcha históricamente inevitable hacia la dignidad, la resistencia y  algo más que ya no recuerdo…”.