¿Por qué perdió Arauz?

Por Pablo Ospina Peralta*

Dos análisis publicados recientemente por el portal GK, firmados por Ricardo Viteri y Javier Rodríguez, concluyen que el voto nulo fue un factor determinante para explicar la derrota de Andrés Arauz (UNES) en segunda vuelta. La suposición es clara: si las personas adicionales que votaron nulo en la segunda vuelta (740 mil votos)[1], no hubieran votado nulo, esos respaldos se hubieran dirigido a favor de Arauz. Como Guillermo Lasso ganó por una diferencia de 440 mil votos, el voto nulo habría bastado para darle la victoria al correísmo. 

El análisis de ambos autores es equivocado porque, de manera incomprensible para mí, elude la comparación más obvia y directa entre los resultados de la segunda vuelta de 2017 y de la segunda vuelta de 2021. En efecto, los paralelos entre ambas elecciones son bastante notorios y permiten hacer suposiciones mejor informadas sobre dónde perdieron votos tanto Arauz como Lasso, y por quién probablemente votaron en elecciones muy parecidas hace 4 años quienes en 2021 votaron nulo. Recordemos estos paralelos: en 2017 se enfrentaron, igual que en 2021, Guillermo Lasso y el correísmo; la votación de ambas elecciones para ambos candidatos tiene consistencia regional y local (parroquias, cantones y provincias siguen un mismo patrón de voto, incluso desde primera vuelta, hay que decir) y el voto nulo fue en 2017 significativamente menor al de 2021: 6,3% contra 16,3%. 

Empecemos diciendo que, en comparación con 2017, ambos candidatos perdieron en 2021: Lasso, esta vez, tuvo 156 mil votos menos y Arauz perdió 821 mil votos. Por término medio, Arauz mantuvo su votación en la Costa y prácticamente todas sus pérdidas se concentraron en la Sierra y la Amazonía, justamente donde el voto nulo creció más. En efecto, Arauz perdió 102 mil votos en las provincias de la Costa en comparación con el voto de Moreno (a la cabeza de las cuáles, Manabí, con 34 mil votos menos, una provincia donde el aumento del voto nulo entre primera y segunda vuelta de 2021 fue de menos de 4 mil). ¿Significa que Arauz perdió esos votos a causa del aumento del nulo? Categóricamente: no.

Recordemos que Lasso ganó abrumadoramente en casi toda la Sierra y la Amazonía tanto en 2017 como en 2021: el mayor voto nulo en 2021, más alto en las provincias donde Lasso ganó con más diferencia, muy probablemente le restó más votos. Veamos el asunto más de cerca recurriendo a las provincias más grandes. La debacle del correísmo fue abrumadora en dos provincias serranas: en Pichincha, Arauz obtuvo 290 mil votos menos que Moreno en 2017 y en Azuay 102 mil votos menos. Lasso, por su parte, obtuvo 27 mil votos menos en Azuay que en 2017 y 96 mil votos más en Pichincha. Pero, en Pichincha, el aumento de votos nulos entre primera y segunda vuelta en 2021 fue de tan solo 150 mil votos. ¿Es razonable pensar que todo ese voto nulo de Pichincha hubiera derivado hacia Arauz? Es absurdo. Pero incluso si todos ellos hubieran ido hacia Arauz, se trata apenas de la mitad del voto perdido por el correísmo en la provincia más grande de la Sierra. Lo más razonable, en realidad, es suponer una distribución del voto nulo similar a la que prevaleció en 2017: Lasso 52%; Arauz 48%. Recordemos: el voto de 2017, una elección muy parecida a la de 2021, es la mejor medida disponible de cómo se distribuyeron los votos de quienes sufragaron nulo. Si esta suposición es cierta, el voto nulo en Pichincha en la segunda vuelta de 2021 probablemente hizo perder más votos a Lasso. El mismo razonamiento aplica a todas las provincias serranas y (en menor medida) amazónicas que abrumadoramente votaron nulo en 2021, especialmente las zonas de alta población indígena. En esas provincias, los votantes que no votaron nulo ya prefirieron a Lasso en 2017, no a Arauz. 

Resultados segunda vuelta electoral 2017/ Datos CNE

¿Por qué suponer que votarían ahora, abrumadoramente, por el correísmo? Las excepciones son Azuay, Carchi, Imbabura y Sucumbíos, donde Moreno ganó en 2017. Un cálculo grueso, basado en esta comparación con 2017, considerando el voto perdido, el aumento del voto nulo y su posible distribución basado en el ejemplo histórico más reciente, parecido y consistente, es que, de los 740 mil votos nulos adicionales de la segunda vuelta, Arauz debería haber recibido 342 mil votos y el resto debió recibirlo Lasso. Todavía quedan casi 500 mil votos que Arauz perdió y que no se convirtieron en nulos: pasaron directamente del correísmo a Lasso. Esto, por supuesto, se podría refinar usando datos cantonales y parroquiales. Pero la conclusión no cambiaría y es diametralmente opuesta a la de Javier Rodríguez y Ricardo Viteri: el voto nulo evitó que la derrota de Andrés Arauz fuera todavía mayor. Su derrota no es obra el voto nulo sino de sus propios méritos.

Resultados segunda vuelta electoral 2021/Datos CNE

¿Cuáles son esos méritos? ¿Por qué el correísmo perdió tantos votos en la Sierra y la Amazonía en 2021 a favor de Lasso? Las explicaciones del voto son variadas; hay agravios particulares, hay cálculos individuales contra-intuitivos, hay razones locales y contradictorias. Pero arriesgo una hipótesis general: la votación que recibió Lasso es señal de un crecimiento del anticorreísmo. Desde 2013 sabemos que su votación es alta a pesar de sí mismo, pero, cada vez le resultaba más cuesta arriba presentarse como una alternativa menos mala que el correísmo. Con la ayuda de Jaime Durán Barba (como el candidato electo dejó claro en sus primeros agradecimientos públicos), Lasso pudo raspar su imagen de banquero codicioso, presentar un lado amable, tolerante a la diversidad, es decir, se volvió potable para un electorado escéptico. 

El factor determinante, –a mi juicio–, es que en 2017 Lenín Moreno se presentó como la “cara amable” del correísmo, alejado de las descalificaciones y su inocultable autoritarismo. Andrés Arauz no pudo (ni quiso) distanciarse lo suficiente de su mentor como para alejarse de la imagen de ser un títere en manos del caudillo vengativo. Además, si en 2017 una parte importante del electorado podía justificar o tolerar el autoritarismo a cuenta de las obras públicas y la ampliación de la presencia del Estado, en 2021 lo nuevo fue la avalancha de información sobre casos bastante bien documentados de corrupción y atraco de los fondos públicos. El autoritarismo perdió justificativos. Ningún elector espera honradez de los políticos, pero en la Sierra y la Amazonía, donde un tejido organizativo y de sociedad civil más denso, tolera menos la imposición desde arriba, tolera menos aún que sirva fundamentalmente para el enriquecimiento privado. En la Costa, donde el tejido organizativo es aún más débil que en la Sierra y la Amazonía, la demanda de orden es más poderosa que la repugnancia ante la corrupción, finalmente aceptada como una fatalidad de la vida. El atractivo por un caudillo que impone el orden a latigazos existe en todas partes (no solo en la Sierra, ni solo en Ecuador), y mucho más en tiempos revueltos e inciertos como los actuales. Pero donde hay más de organización de base, esa aspiración al orden puede buscarse en lugares diferentes a la enérgica autoridad de un macho.


*Pablo Ospina Peralta, docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, investigador del Instituto de Estudios Ecuatorianos, y militante de la Comisión de Vivencia, Fe y Política.


Referencias:

[1] En todos los análisis que siguen considero exclusivamente los votos en el país; excluyo, pues, los 100 mil votos en el exterior, que son poco significativos.