La cepa actual del coronavirus llamada Covid-19 no es una perita en dulce. A pesar de no tener “patitas”, camina rápido. A su paso deja una estela de muerte y dolor, pero no sólo eso, tiene tanto poder que ha levantado el velo que cubría todas las miserias del capitalismo. Sí, del sistema en el que vive la humanidad desde poco más de dos siglos. El corrimiento del velo ha puesto, de un solo golpe, ante nuestros ojos la cara oculta del sistema, aquella parte oscura que la publicidad y la mentira política encubren de manera sistemática y científica.

Sólo los odiadores de derecha e izquierda cierran los ojos ante la evidencia palpable de que el proceso político en el Ecuador tiene un antes y un   después de Rafael Correa Delgado. Las acusaciones de corrupción hechas a raíz de la traición de Lenín Moreno Garcés no pueden, ni podrán, negar el intento de “asaltar el cielo” hecho por Rafael Correa y la llamada Revolución Ciudadana.

Noam Chomski ha dicho, en alguna parte, que los pueblos aborígenes están llamados a salvar a la humanidad. Para que esta afirmación tenga valor político real, se tendrá primero que aceptar que, más allá de la filosofía occidental, existen otras filosofías, independientes, que han nacido y florecido fuera de los cánones gnoseológicos de las matrices griega, romana, hebrea o musulmana.

La marcha de la humanidad hacia estados de mayor confort y prosperidad es un asunto que involucra a todos, me refiero a los seres humanos, a los animales y a las plantas, pero esta, que parece una verdad evidente, tardó más de quinientos años en salir a la luz, desgraciadamente, cuando parece que ya es demasiado tarde.