Mientras una derecha oportunista y ultramontana en Bolivia recurre al socorro imperialista en un nuevo plan cóndor para la región, la juventud y los movimientos populares retoman las calles, los escenarios recuperan la magnitud de la acción directa sobre los ejes ortodoxos de la política y el vaivén se acelera de izquierda a derecha en forma vertiginosa que sería ingenuo creer que no forma parte de la lucha mundial hegemónica.

Al país lo han saqueado  a lo largo y ancho de su historia y geografía, casi siempre lo han hecho los políticos y sus castas económicas, digo casi siempre porque en redistribución o compensación histórica el pueblo ecuatoriano, fundamentalmente el pueblo de Guayaquil siempre asoció; revuelta,  revolución,  relajo y saqueo contra la propiedad privada como acción contra el poder.

Karl Marx devela  el carácter alienante, explotador y a  histórico  de la economía burguesa  cuando entra en conflicto su modo de producción  con las relaciones sociales imperantes,  Marx  considera  que  el cambio de modo de producción  garantiza  el desarrollo máximo de las fuerzas productivas, perspectiva que no omite  el  análisis de los problemas ambientales.

Los intelectuales orgánicos para Antonio Gramsci son quienes  describen la vida social  científica y  culturalmente pues traducen las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas, es decir, son agentes conscientes de procesos inconscientes, actores del encuentro  entre la organización y el pueblo en una relación pedagógica  creadora de  nueva hegemonía que confronta la hegemonía – ideología  imperante opresora y puede transformar revolucionariamente a la sociedad.

Cuando  suceden  las Guerras del Opio y la Rebelión de Taiping en el siglo XIX o el levantamiento bóxer y la caída de la Dinastía Manchú en 1911 China era un país autista, una nación que vivía su mundo aun consciente del entorno y sus desafíos,  país con  revueltas campesinas y sociedades secretas conspirando sin dejarse insinuar por el occidental  liberalismo burgués. La Gran Muralla sostenía su autarquía.

Luego de  la caída del muro de Berlín, la aspiración de feligreses en fuga fue desarrollar planteamientos pluriclasistas, pluralistas y democráticos, cual  motores de búsqueda para  ganar representatividad en  el sistema: la “racionalidad democrática” sustituyó la visión   insurreccional y  el  gradualismo evolucionista abandonó toda perspectiva revolucionaria.