Los intelectuales orgánicos para Antonio Gramsci son quienes  describen la vida social  científica y  culturalmente pues traducen las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas, es decir, son agentes conscientes de procesos inconscientes, actores del encuentro  entre la organización y el pueblo en una relación pedagógica  creadora de  nueva hegemonía que confronta la hegemonía – ideología  imperante opresora y puede transformar revolucionariamente a la sociedad.

Cuando  suceden  las Guerras del Opio y la Rebelión de Taiping en el siglo XIX o el levantamiento bóxer y la caída de la Dinastía Manchú en 1911 China era un país autista, una nación que vivía su mundo aun consciente del entorno y sus desafíos,  país con  revueltas campesinas y sociedades secretas conspirando sin dejarse insinuar por el occidental  liberalismo burgués. La Gran Muralla sostenía su autarquía.

Luego de  la caída del muro de Berlín, la aspiración de feligreses en fuga fue desarrollar planteamientos pluriclasistas, pluralistas y democráticos, cual  motores de búsqueda para  ganar representatividad en  el sistema: la “racionalidad democrática” sustituyó la visión   insurreccional y  el  gradualismo evolucionista abandonó toda perspectiva revolucionaria.