¿Novelería o integración consciente al convivir democrático?

En Ecuador, la democracia ha sido secuestrada por las vorágines populistas y los cálculos electorales de algunos “comedidos” que en ejercicio del poder impulsaron al grado de derecho propuestas engañosamente cautivadoras bajo los slogans de la inclusión, la equidad, el “progresismo” y la reivindicación no excluyente de la ciudadanía; propuestas que en muchos casos no fueron planteadas por sus ahora beneficiarios.

En días anteriores el articulista, Juan Valdano Orejón, ha escrito un agresivo artículo en diario El Comercio titulado La insolencia del prevalido, en el que como a vos en cuello delata su espíritu segregacionista respecto de un sector de la población a la que llama “turba” indígena, como si aquellos no sobrellevaran sobre su cuerpo social la memoria de sus ancestros, tal cual el señor Valdano guarda el suyo, supongo de los albores de las monarquías luego de la catastrófica caída del imperio romano que incendió con actos de terror la Europa de aquel entonces y también de los siguientes siglos; así de la masonería del  siglo X.

Es probable que en la república de la farándula estas palabras no sean las “políticamente correctas”, sobre todo para un segmento de la sociedad caracterizado por su cinismo y por lidiar a placer con las dádivas de la corrupción arrojadas por el ‘Arroz Verde’, así como también para el feminismo e indigenismo sectario y bravucón.

Al igual que en la historia antigua heleno, judeo, cristiana en que la moral y la ética europea fuera edificada bajo preceptos religiosos con los cuales se crearon normas de convivencia patriarcales de dominación, el cinismo posmoderno parece echar raíces para regir el Siglo XXI, incidiendo amargamente en la reproducción simbólica de la sociedad actual.

La paz y la tranquilidad llegaron de nuevo al Ecuador, luego de que el presidente de la República Lenin Moreno decidiera mantener un diálogo directo y público con la dirigencia del movimiento indígena cuyas bases, por más de una semana, permanecieron movilizadas en distintas ciudades del país –principalmente en Quito- por la derogatoria del Decreto Ejecutivo 883 que imponía la eliminación de los subsidios a la gasolina y el diésel.

Han pasado cerca de siete meses luego del último proceso electoral y el escenario político nuevamente se empieza a mover. Los máximos dirigentes de los partidos se trasladan de un lugar a otro para captar potenciales votantes, mientras sus discursos avizoran “milagrosas panaceas” frente a la grave situación financiera que vive el Ecuador y que se traduce en un ‘paquete’ de medidas económicas con amargo sabor a despojo.

Los sistemas de partidos no son ajenos a problemáticas nacionales como la corrupción, el populismo, el clientelismo, los autoritarismos de izquierda y derecha, los slogans de cuatro palabras convertidos en programas políticos y, desde luego, la construcción de un modelo de democracia interna que supere el artificio electoral de la componenda casa adentro.

El inicio del periodo escolar en las regiones Sierra y Amazonía levanta expectativas y dudas de estudiantes, padres de familia, docentes y dueños de negocios educativos. Cumplir con las planificaciones académicas realizadas el año anterior, desarrollar destrezas y habilidades en los alumnos, compartir nuevos conocimientos, no sobrecargar de tareas a los estudiantes, dosificar la dificultad de las asignaturas, solventar los costos de la educación privada y obtener ganancias, son algunas de ellas.

¿Cómo concebir un proyecto político desde el arte como potencia creadora de ideología contrahegemónica?

Tratando de rastrear la respuesta a esta interrogante hay que dar una mirada a los estudios culturales en América Latina, dando un salto a los años 60 y 70, donde autores como José Carlos Mariátegui (1928), José María Arguedas Arguedas (1940), Antonio Cornejo Polar (1950) y Agustín Cueva (1970) retornan la mirada hacia la construcción de una ‘teoría de la heterogeneidad’, advirtiendo que para explicar la cultura deben entenderse las dialécticas heterogéneas.