La década perdida dejó como legado la exportación del odio y la ruindad en los más fieles seguidores del correísmo. Los cobardes de carne y hueso como Graciela Mora y Fausto Ortuño, así como los que encubren sus rostros tras una red social, difamaron hasta la saciedad a Julio César Trujillo, en la ceremonia de cierre de gestión del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social – Transitorio (CPCCS-T), que presidió desde marzo de 2018 hasta el 19 de mayo de 2019. 

La violencia digital compuesta en gran medida por la avalancha de comentarios en Twitter en favor del Estado de propaganda correísta fue la mejor carta de presentación del régimen represor de Alianza País entre 2007 y 2017, durante esta década, desde la Secretaria Nacional de Comunicación (Secom) y su agencioso ‘troll center’ se legitimaron los discursos beligerantes del presidente Rafael Correa contra las voces disidentes a su autoridad.

Los acontecimientos criminales de las últimas semanas en Ecuador, el espíritu xenófobo que se está instaurando y la corrupción estamental revelan el sentido de fracaso y desconfianza social respecto de un Estado incapaz de apaciguar los acuciantes problemas que nos agobian. Ahí, en esos hechos, los postulados constitucionales se muestran como lo que son: simples papeles que el gobernante de turno no sabe cómo articular para definir su gobernabilidad.