Profesores, sobre todo secundarios, que laboran entre 10 y 16 horas diarias desde sus hogares, fustigando al tiempo para complacer a la familia propia y a la entenada (sus alumnos). Extensas jornadas académicas que incluyen tediosas reuniones de planificación para cumplir con objetivos de aprendizaje armonizados con valores que en la vida real son desechados – en buena medida – por la praxis de quienes sin estupor entremezclan con mirada unidimensional a la filantropía con la solidaridad.

No es 1984 ni tampoco son los tanques de la Policía rodeando – por disposición del expresidente León Febres-Cordero – la Corte Suprema de Justicia para evitar que los jueces no alineados a su partido asuman la magistratura. ¡No! Es 2020 y son las camionetas del Municipio de Guayaquil que por orden de la alcaldesa socialcristiana, Cynthia Viteri, bloquearon la pista del aeropuerto José Joaquín Olmedo para evitar que un avión de la compañía Iberia y otro de KLM, con 11 tripulantes, aterrice y lleve consigo a cientos de ciudadanos holandeses y españoles a sus países de residencia, pese a contar con los permisos del Estado ecuatoriano. Ese mismo Estado del cual todos somos parte, incluida la alcaldesa.

La renovación etaria de los liderazgos políticos no conduce en sí misma a un cambio en la cultura política del país o al interior de los partidos y movimientos; así como tampoco asegura mejores prácticas para la consolidación de una democracia moderna, totalmente distinta al membrete que se usa en Ecuador. Por ello, resulta contradictorio que varios analistas consideren que la formación política de nuevos liderazgos sea – por antonomasia – la panacea que hará a esta nación más democrática o menos corrupta.

La década perdida dejó un andamiaje – hasta la fecha – difícil de desmontar: el tráfico de influencias, el manejo clientelar de la institucionalidad del Estado y el derroche faraónico de recursos para disfrazar la crisis con bonanza a pretexto de cualquier mejora o compra técnica, tecnológica y de infraestructura; pero también, el deseo perverso por convertir a los funcionarios públicos en trabajadores particulares y mercenarios al servicio irrestricto de las autoridades de turno cuyos intereses no siempre son los mismos que los del país

La minga, concepto de la cosmovisión andina cuyo enfoque paradigmático implica una relación de paridad, complementariedad y reciprocidad en comunidad; ha sido vaciado en toda su esencia por un discurso netamente utilitario y un performance multicolor que lo redujo a su condición de palabreja folklórica instrumentalizada por quienes de forma grosera intentan revestir de decencia los acuerdos contra-natura y los amarres políticos entre la partidocracia de Mocolí y la “Década perdida”, para dejar en impunidad la estela del tráfico de influencias, los indicios de fraude, la pérdida de derechos ciudadanos y la invisibilidad de los resultados electorales.

¿Novelería o integración consciente al convivir democrático?

En Ecuador, la democracia ha sido secuestrada por las vorágines populistas y los cálculos electorales de algunos “comedidos” que en ejercicio del poder impulsaron al grado de derecho propuestas engañosamente cautivadoras bajo los slogans de la inclusión, la equidad, el “progresismo” y la reivindicación no excluyente de la ciudadanía; propuestas que en muchos casos no fueron planteadas por sus ahora beneficiarios.

En días anteriores el articulista, Juan Valdano Orejón, ha escrito un agresivo artículo en diario El Comercio titulado La insolencia del prevalido, en el que como a vos en cuello delata su espíritu segregacionista respecto de un sector de la población a la que llama “turba” indígena, como si aquellos no sobrellevaran sobre su cuerpo social la memoria de sus ancestros, tal cual el señor Valdano guarda el suyo, supongo de los albores de las monarquías luego de la catastrófica caída del imperio romano que incendió con actos de terror la Europa de aquel entonces y también de los siguientes siglos; así de la masonería del  siglo X.

Es probable que en la república de la farándula estas palabras no sean las “políticamente correctas”, sobre todo para un segmento de la sociedad caracterizado por su cinismo y por lidiar a placer con las dádivas de la corrupción arrojadas por el ‘Arroz Verde’, así como también para el feminismo e indigenismo sectario y bravucón.

Al igual que en la historia antigua heleno, judeo, cristiana en que la moral y la ética europea fuera edificada bajo preceptos religiosos con los cuales se crearon normas de convivencia patriarcales de dominación, el cinismo posmoderno parece echar raíces para regir el Siglo XXI, incidiendo amargamente en la reproducción simbólica de la sociedad actual.

La paz y la tranquilidad llegaron de nuevo al Ecuador, luego de que el presidente de la República Lenin Moreno decidiera mantener un diálogo directo y público con la dirigencia del movimiento indígena cuyas bases, por más de una semana, permanecieron movilizadas en distintas ciudades del país –principalmente en Quito- por la derogatoria del Decreto Ejecutivo 883 que imponía la eliminación de los subsidios a la gasolina y el diésel.

Han pasado cerca de siete meses luego del último proceso electoral y el escenario político nuevamente se empieza a mover. Los máximos dirigentes de los partidos se trasladan de un lugar a otro para captar potenciales votantes, mientras sus discursos avizoran “milagrosas panaceas” frente a la grave situación financiera que vive el Ecuador y que se traduce en un ‘paquete’ de medidas económicas con amargo sabor a despojo.

Los sistemas de partidos no son ajenos a problemáticas nacionales como la corrupción, el populismo, el clientelismo, los autoritarismos de izquierda y derecha, los slogans de cuatro palabras convertidos en programas políticos y, desde luego, la construcción de un modelo de democracia interna que supere el artificio electoral de la componenda casa adentro.

El inicio del periodo escolar en las regiones Sierra y Amazonía levanta expectativas y dudas de estudiantes, padres de familia, docentes y dueños de negocios educativos. Cumplir con las planificaciones académicas realizadas el año anterior, desarrollar destrezas y habilidades en los alumnos, compartir nuevos conocimientos, no sobrecargar de tareas a los estudiantes, dosificar la dificultad de las asignaturas, solventar los costos de la educación privada y obtener ganancias, son algunas de ellas.