Por Paulina Escobar*

Aunque la actividad de las ciudades se detuvo con la expansión de covid-19, no ocurrió lo mismo con el trabajo del campo. Sí, los campesinos e indígenas quedaron más aislados que nunca de la atención pública y mediática, pero no se acomodaron en el lamento y la queja, continuaron labrando la tierra que da el sustento al campo y a la ciudad. 

Por Esteban Daza*

En tiempos en los que nos acecha el capital a través de su violencia neoliberal, miles de mujeres y hombres con temple de páramo y vestidos de tierra, irrumpieron en aquella indignación popular condenada al silencio, la liberaron. Son los hijos del levantamiento indígena y de las resistencias al ALCA de fines del siglo XX, son de agua y semilla pero también de asfalto y redes sociales.