Por Marlene Toro 

Ecuador es un país sin ley y esto es textual. La sociedad se va acostumbrando, poco a poco, al espanto de ver cadáveres abandonados en las calles -como ocurrió en marzo y abril en Guayaquil- o al dolor de miles de ecuatorianos y ecuatorianas que presencian con una mezcla de impotencia, rabia y dolor, cómo primero los encierran en su casa y les imponen silencio, mientras les despojan de su trabajo, de su alimento, de su educación y de su salud. ¿Qué le queda a la gente?

Urcuqui, Ecuador. – Las botas de goma se meten rítmicamente en el barro húmedo y el cuerpo de patas múltiples gira, como un taladro, alrededor de su propio eje. El trabajo que están realizando las y los jóvenes abrazándose hombro a hombro es un trabajo que, normalmente, suele realizar la mezcladora de cemento. Pero hoy el material que se está triturando para que sea una masa homogénea no es el de la industria, el cemento; más bien, es una pieza del patrimonio cultural: la arcilla.