Cada año, el último sábado de junio, las calles del centro histórico de Quito, se cubren de colores, lentejuelas, encajes, maquillaje, pancartas y globos bajo un solo mensaje: igualdad de derechos a la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersex).

Llamar “Ecovía” a un sistema de transporte que propulsa  a 150 personas a 70 km por hora en un bus articulado, con motor diésel, por un carril exclusivo, parece un poco una exageración, a menos que se trate de ironía. ¿Será que el alcalde Roque Sevilla pensó en aquella época, a fines de los años 90, que no veríamos la diferencia, que no sabríamos qué era ecológico? ¿O que los catalizadores transformarían mágicamente las emisiones en vaporcito?