Primera parte

En las elecciones de este 24 de marzo, en San Fernando, barrio residencial aledaño al tradicional Osorio, hizo falta las comidas en las afueras. No había tortillas, ni hornado, ni chochos. Cabe indicar que desde el lunes también en algunas esquinas de Quito y en las puertas de algunos colegios quizá hagan falta los cevichochos o quizá ya desde el lunes se repongan las vendedoras y vuelvan a sus esquinas a pesar del golpe que la naturaleza, como dice el alcalde quiteño, se ensañó con ellas, pues hacen parte de la gente de este antiguo y desconocido barrio de Quito devastado por el deslave del viernes 22 de marzo.

En Guayaquil se constata peligro y alegría,   calor y locura. Ciudad portuaria que desde la rivera de su gran río se aproxima al mar. Tiene evidente sobredosis de libertad, muy propicia a la anarquía en su gente. Se vive a veces   una caricatura existencial y esa experiencia se   ensaya mirando furtivamente a un poeta, a aquel de verbo extraño que por doquier camina o a ese otro terrorista auténtico de la no convencionalidad.

Viajar en taxi es siempre una oportunidad de intercambiar ideas o informaciones con un perfecto desconocido. En Quito, la experiencia es generalmente agradable: para los pasajeros experimentados, los habituales intercambios iniciales sobre el clima (en particular, sobre las posibilidades de lluvia) o sobre el estado del tráfico (variante ligada al estado del asfaltado de las calles), pueden llevar rápidamente a abordar temas que se pueden volver mucho más personales, como la política local o nacional (la huida de Houdini-Alvarado me ha dado personalmente material para varios viajes) o consideraciones de la utilidad de los feriados.

La construcción del primer subterráneo del Ecuador en el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ) fue altamente cuestionada por la ciudadanía quiteña, inicialmente debido al elevado presupuesto destinado, a la posibilidad de poner en riesgo la declaratoria por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Quito Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Cada año, el último sábado de junio, las calles del centro histórico de Quito, se cubren de colores, lentejuelas, encajes, maquillaje, pancartas y globos bajo un solo mensaje: igualdad de derechos a la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersex).