Por Mario Unda

Uno de los signos de estos tiempos es la guerra contra el trabajo. Y, la epidemia, con su secuela de temor, ansiedad y desesperación, les vino “como anillo al dedo” (la frase es de un alto funcionario gubernamental) para lanzar sobre las clases laboriosas los golpes salvajes y despiadados que la resistencia popular contuvo desde 1981.

Por Alfredo Espinosa Rodríguez* 

El Estado y sus representantes repudian a sus servidores públicos. Los hostigan todos los meses con despidos, estrés laboral, ataques a su autoestima, bajas de sueldos y atrasos en sus pagos.  No importa si estos ganan mucho o poco. Tampoco cuánto trabajan. Menos si son corruptos o no.  Hemos pasado de una época en la que se intentó transformar a los funcionarios estatales en militantes del partido de gobierno, a otra caracterizada por el desprecio de los ciudadanos –exteriorizado en redes sociales con insultos y generalidades canallescas– que los asocia como los únicos causantes del descalabro económico de la república.

Por Hugo, el búho

Muero, qué feo llegar a viejo para algunitos. Dios no quiera y el diablo no permita que una, ya abuela, y a estas alturas de la vida, vaya dando vergüenza con los que medio le conocen. Yo, que tengo la misma edad que Don Diego Oquendo, les tengo dicho a los verdugos de mis hijos: si ven que desvarío constantemente, si quedo en ridículo tres veces por semana y antes que cante el gallo; por dios, ya no me dejen hablar cualquier cosa, quítenme la computadora, bloquéenme el facebook y el twitter. Hay que envejecer con dignidad.