Por Andrés Gómez*

El coronavirus alteró la forma en la que veíamos la educación. Debido al confinamiento, las instituciones en todos sus niveles se han visto obligadas a implementar la educación virtual. Un golpe muy fuerte tanto para padres, estudiantes, profesores y autoridades por que el Ecuador no estaba listo y tampoco estaba con el interés de incursionar en estas nuevas modalidades de educación.

 

Por Jonathan Báez Valencia

Tomado de la Unidad de Análisis y Estudios de Coyuntura 

En los últimos días los recortes presupuestarios a los salarios a las Universidades Públicas desencadenó una serie de protestas por su restitución, ya que afecta el funcionamiento para la formación de personas de escasos recursos que ven en lo pública la posibilidad de mejorar su bienestar y, al mismo tiempo, aportar a la sociedad con su trabajo, como por ejemplo los miles de servidores de la salud, formados y formadas en las aulas de estas universidades que luchan por sostener vidas.

Durante  la década precedente y lo que va del periodo gobernante, el daño sostenible más evidente fue y es la implantación del paradigma dominante de la meritocracia, sobre todo porque el escenario de saña es el sistema educativo.  Elevado a discurso reparador,   la meritocracia encubrió y afirmo  desigualdades  en las políticas de acceso al sistema de educación superior, deteriorando a su paso todos los niveles del sistema formativo del país.

La aprobación del Reglamento de Carrera y Escalafón del Personal Académico del Sistema de Educación Superior, por parte del Consejo de Educación Superior, es la culminación de un proceso exitoso de lucha de los docentes universitarios agrupados en la Federación de Profesores Universitarios y Politécnicos del Ecuador (Fepupe).