Por Jaime Chuchuca Serrano

En el incendió de la Catedral de Notre Dame, Colossus, un robot bombero a control remoto, ayudó a apagar el incendio desde lugares impensables para un ser humano. Sin duda la robótica y la tecnología van transformando las operaciones humanas de modo acelerado. Miles de personas a diario son remplazadas por máquinas, pero hay actividades que aún no pueden ser suplantadas ni por robots ni por humanos. Nuestra vida está atravesada por tecnología electrónica.

Por Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro*

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus terminó por agudizar y complicar mucho más la recesión económica global que estaba en marcha desde tiempo atrás. Se habla incluso que sería una crisis mayor a la Gran Recesión (crisis financiera internacional de 2007-2009) y comparable a la Gran Depresión de 1929-1939[2]. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya le otorgó un nombre: el Gran Confinamiento. Según previsiones del mismo Fondo de abril de 2020 [3], para dicho año la economía mundial caería 3%, una contracción mayor que aquella registrada en 2009 de 0,1% según el FMI o de 1,7% según el Banco Mundial (BM). Semejante crisis económica, que exacerba la crisis civilizatoria provocada por el capitalismo mundial, necesita enfrentarse desde múltiples aristas. Entre ellas se encuentra la arista institucional de la economía global.