Hugo, el búho

Cuentan quienes lo conocen de lejos, que el Oswaldo Jota nunca se ríe. Jamás. Su eterna cara de descanso-atención-firmes, ahuyenta hasta a los nietos, pero a él no le importa. “Con que me teman es suficiente”, grita mientras duerme. Dicen que, de pequeño, cuando se portaban mal, lo disfrazaban de mendigo en las comparsas; de ahí su odio a los pobres.