Una peligrosa institucionalización de la violencia oficial se está implantando en el país. Y no solo por el último llamado de la alcaldesa de Guayaquil a que los policías desenfunden sus pistolas alegremente. Esa aspiración no tiene nada de novedoso. En efecto, el proyecto socialcristiano se ha basado siempre en la exaltación del Estado policiaco: la única posibilidad de conservar un sistema que produce delincuencia en cantidades industriales es el uso de la fuerza.

El gobierno y su Ministro de Defensa han sido insistentes en señalar que la llegada de un avión de inteligencia de Estados Unidos al Ecuador significa que no se pondrá una base extranjera en nuestro país, como si ese fuera suficiente motivo de tranquilidad. Pero la verdad no es tan simple: en realidad y puesta en contexto se trata de una injerencia, un nuevo tipo de acciones para control y dominación del imperialismo.