Los acontecimientos criminales de las últimas semanas en Ecuador, el espíritu xenófobo que se está instaurando y la corrupción estamental revelan el sentido de fracaso y desconfianza social respecto de un Estado incapaz de apaciguar los acuciantes problemas que nos agobian. Ahí, en esos hechos, los postulados constitucionales se muestran como lo que son: simples papeles que el gobernante de turno no sabe cómo articular para definir su gobernabilidad.