Cuando el enemigo del pueblo vive en todos los bandos

Hemos estado acostumbrados, especialmente en América Latina y otras regiones de la periferia capitalista, a escuchar enérgicos discursos en contra del “imperialismo yanqui”. Y sin duda que ese imperialismo posee un historial muy poco agraciado, el cual va desde la injerencia en las políticas internas de los países hasta las intervenciones militares -directas o indirectas- dependiendo, casi siempre, de cuántos recursos -petroleros, energéticos, geoestratégicos, etc.- estén en juego. En todas esas injerencias, la sangre de muchos inocentes de la periferia ha sido derramada.

El filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría nos anticipó diciendo que los tejidos ampulosos de la modernidad capitalista suprimen, pero no absolutamente, la fiesta y por tanto la política como irreverencia. Es común hoy escuchar: “en Quito no se juega carnaval”. Lo profano ha sido sacralizado. Pero también ha sucedido al revés. La fiesta se ha recreado con objetivos enajenantes. Despidos y paquetazos se hacen previos a los feriados.