Por Jorge Basilago*

Quito, 23 de diciembre de 2020.- Allá en su juventud, Jaime Guevara estudió artes en la Universidad Central. No alcanzó a terminar la carrera: se le atravesaron una guitarra, el rock y las luchas sociales, y detrás de su influjo inició una maestría informal en canto popular que aun hoy lo cuenta como aplicado estudiante. “Desde el 73 para acá, han pasado 47 años en los que de alguna manera hice un cierto aporte para que la gente no solo piense, sino que cante, diga y haga lo suyo… o intente hacerlo”, sostiene con humildad el trovarockero, que estrenó nuevo disco para su cumpleaños.

Y esa es de algún modo la idea de esta entrevista con el Chamo: conocer mejor su forma de componer, los mecanismos que hacen surgir sus canciones y las llevan, luego, a refugiarse en la mente y el corazón de tantas otras personas. Desde sus orígenes autodidactas hasta el meticuloso buceador actual, que se alimenta de músicas y lecturas de todo tipo, sin descuidar jamás el latido del pueblo. “Jacques Brel decía que ‘lo que llaman talento son 10 gramos de inspiración por 90 gramos de trabajo’. Escribir canciones es, sobre todo, eso: “buscar”, razona, mientras deja asomar una pista de sus gustos personales.

Por Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro*

Al inicio de la pandemia del coronavirus se llegó a pensar – hasta ingenuamente – que la cruel pedagogía de covid-19 dejaría enseñanzas a la humanidad que motivarían al surgimiento de cambios significativos, sobre todo en las lógicas de la economía mundial (responsables de transformar la pandemia en una sindemia[1]). Incluso se dijo en algún momento que, con la pandemia, la Naturaleza podría tomarse “un respiro”. Pero no. Con o sin pandemia, la reproducción del capital continúa ampliando la mercantilización de toda dimensión de la vida. Uno de los ejemplos más explícitos al respecto es el inicio de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street, tal como ocurre con el petróleo, los minerales, el trigo u otros productos primarios.

Por Jorge Basilago*

El humo se aplacó junto con las protestas de Octubre. Las mingas limpiaron calles y (bien dispuestas pero involuntariamente cómplices) borraron huellas. Cada roca de Quito volvió a su lugar, para alivio de ciertos “nervios patrimoniales” inflamados. El descontento masivo y creciente fue cubierto por un oportuno telón pandémico. 

Pero muchas alambradas, reales y simbólicas, siguen allí. Las vidas y ojos arrancados asedian a sus verdugos, y las voces acalladas aún buscan la forma de hacerse oír. Gargantas de roca y pintura gritan con ellas desde los muros. Persisten en la voluntad común de recordar lo que no debe ser olvidado. Resisten. Cuestionan.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Pocas veces la humanidad ha estado tan atónita como a inicios del 2020. Las generaciones de jóvenes actuales nunca vieron a la burguesía y la élite política tan desorientada, para después arremeter con su látigo expoliador con mayor rudeza. Las movilizaciones que han estallado en estos días se suceden en respuesta al estrangulamiento de la población. Sin embargo, el ánimo de las masas de la mayoría de países se mantiene suspendido frente a la reestructuración de los elementos más sensibles de la vida.

A Mario Vargas Llosa no le interesa precisar que los romanos invadieron el territorio de lo que hoy se llama España y que les impusieron el latín, de donde surgieron el castellano, el catalán, el gallego, el valenciano, el asturiano, etc. Siendo totalmente falso que en España, en referencia al castellano, es “la tierra donde aquella lengua nació y evolucionó”, o la mentirosa frase: “El español, la lengua que nació en Castilla”.

Por Jorge Oviedo Rueda*

Evo Morales fue tratado como un enemigo peligroso del que había que deshacerse. ¿Quién le trato de esa forma? Las clases dominantes bolivianas aliadas con los intereses norteamericanos. Que algunos cegatos quieran ahora echarle la culpa a Adriana Salvatierra no sólo es una idiotez, sino una insolencia torpe. ¿Quiénes la promueven? Los integrantes de la izquierda imposible.

Por Gerard Coffey*

Quito, 15 de diciembre de 2020.- El día 30 de septiembre de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) el caso de los  Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario, Tagaeri y Taromenane. El caso es único porque es el primero relacionado con pueblos indígenas en aislamiento voluntario; fue  presentado por un grupo de organizaciones e individuos de la sociedad civil en contra del estado ecuatoriano por el no cumplimiento de las medidas cautelares emitidas por la Comisión en el 2006.  

Estos pueblos sufrieron matanzas en el 2003, 2006 y 2013, este último cuando el juicio ya estaba frente a la comisión. Alrededor 60 personas Taromenane y Tagaeri fueron asesinadas, entre ellas niños, niñas y mujeres, poniendo la existencia de estos grupos en peligro. El Estado incluso fue advertido de la posibilidad de la matanza de 2013, pero no se tomaron las medidas para impedirla. La Corte ahora tiene la tarea de buscar mecanismos para garantizar la seguridad de estos pueblos y reducir el ciclo de la violencia que ha marcado la relación entre estos dos grupos y los Waorani, que no solo comparten territorio sino una cultura de violencia.

Lalíneadefuego conversó con José Proañodirector Regional de la organización no gubernamental Land is Liferespecto al contexto de agresiones que vienen sufriendo estos grupos aislados y qué se puede esperar de la Corte en un caso en donde las víctimas están al margen del sistema judicial, no están presentes, ni se interesan por ser no contactadas. 

José Proaño, ecuatoriano, viene trabajando desde hace 15 años en la problemática de los indígenas aislados de la Amazonía ecuatoriana. Land is Life es una organización con sede en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Fundada en 1992 en Brasil, Land is Life es una coalición internacional diversa, liderada por indígenas, que trabaja en todos los niveles para promover la autodefinición y los derechos colectivos de los pueblos indígenas.

Por Alberto Acosta y John Cajas Guijarro *

La danza minera continúa su marcha en el Ecuador, al punto que incluso la gran prensa promociona a la megaminería como “la salvación” ante la grave crisis ecuatoriana. Sin ninguna vergüenza, hasta se difunden burdos publirreportajes promocionando el compromiso “ejemplar” de las megamineras con el cuidado del ambiente. Mientras, se cierran los espacios mediáticos a las voces críticas a la minería. 

Por Hugo el búho*

Quito, 13 de diciembre de 2020.- Vilma Vargas, la conocida y reconocida Vilmatraca, es caricaturista, artista, arquitecta y dueña de un humor crítico muy original. Tiene una trayectoria de más de veinte años, por el que ha recibido algunos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos, el Premio Humor Gráfico de las Américas. 

Le pillamos para esta entrevista con La Línea de Fuego en un momento de desintoxicación de la política. “Me saturé”, nos dijo. “Estoy en una crisis existencial, creativa”, aseguró. Ante la insistencia, esta mujer puruhá, oriunda de Riobamba, que vive en Chambo, nos permitió conversar como mandan los protocolos de la pandemia y las nuevas tecnologías: vía zoom. 

Primero nos confesó que no le gustan las entrevistas, “yo prefiero dibujar, lo que yo pienso está en mis dibujos, mis dibujos ya hablan por mí, no necesito hablar más”. Pero ya conectados, sincrónicamente, no nos quedó otra que conversar. 

Por Jaime Chuchuca*

Vivimos en la era de las crisis económicas, políticas, culturales, sociales, morales, de la naturaleza, del agua.  De las graves circunstancias artificiales por las que atravesamos (sequías, inundaciones, cambios de temperatura, hambre), el sistema capitalista y los centros imperialistas cargan con la principal responsabilidad. La contaminación y el saqueo del agua por las empresas privadas son formas inmediatas de catástrofes ambientales. No es casualidad que en plena crisis pandémica el agua se cotice en Wall Street al alza. La alteración del ciclo del agua ha cambiado los patrones de la reproducción de la naturaleza.

Redacción La Línea de Fuego

“Todos fallaron cuando una niña pedía ayuda, es a nombre del Estado ecuatoriano que les pido acepten nuestras disculpas, por ese inmenso dolor que sufrieron hace 18 años”, así lo señaló el presidente de la República, Lenín Moreno, ante Petita Paulina Albarracín Albán, en un acto público de reconocimiento y vergüenza estatal por la violencia sexual y la indiferencia de los sistemas de salud y educación que llevaron a la muerte a Paola del Rosario Guzmán Albarracín, hija de Petita, en diciembre de 2002. 

Por Francisco Escandón Guevara*

Cada año, los días finales de noviembre, las aspiraciones de mejorar el salario básico unificado, que tienen los trabajadores, son truncadas por las decisiones burocráticas de los gobiernos que priorizan los intereses de un puñado de patronos. De nada sirve que exista representación sindical en el Consejo de Salarios, pues es el régimen el que dirime con decretos que reflejan la postura original miserable de los grandes empresarios. Esa acción mancomunada de las élites está reduciendo el consumo y el crecimiento económico, está propagando el hambre, pues los sueldos de quienes tienen trabajo estable compran cada vez menos.

Por Natalia Enríquez*


Tapa y contratapa: Lina Meruane; escritora chilena contemporánea del 70, ha escrito una colección de relatos Las infantas, y las novelas Póstuma, Cercada, Fruta Podrida Sangre en el Ojo; ha escrito también los ensayos Viajes virales y Volverse Palestina.


Contra los hijos lleva por subtítulo diatriba, cuya segunda acepción es injuria contra algo. Y ese es el tono de las 7 secciones del libro que nos conduce por una mirada amplia, con perspectiva histórica y generacional, pero sobre todo urdida desde la irreverencia y la complicidad íntima de quien sin tener hijos lanza su discurso a favor de todas las clases de mujeres; y, consigue engarzar los mecanismos que las han injuriado de forma legal y legitimada.