Uno de los elementos por el que el movimiento indígena ha luchado desde sus inicios es la educación. Lo que en principio se puede concebir como una demanda de atención del Estado a los pueblos y nacionalidades indígenas en términos de alfabetización, se fue convirtiendo, con la reflexión y praxis colectiva al interior de las organizaciones, en la necesidad y deseo simultáneo de un proyecto educativo propio que acompañe el andar del movimiento indígena y sea un pilar fundamental en la transformación radical de las condiciones de dominación y explotación de los pueblos indígenas.

En julio de 1990, casi un mes después del primer levantamiento indígena moderno, se realizó en Quito el Primer Encuentro Continental de Pueblos Indios dentro de las actividades de la Campaña 500 años de Resistencia Indígena y Popular. La idea era rechazar las celebraciones del V centenario del llamado “Encuentro de dos mundos” que desde los Estados y gobiernos de América Latina, España y Portugal venían promoviendo.

La firma del Decreto 445 del 6 de julio que “restituye” la Educación Intercultural Bilingüe y sobre todo el ofrecimiento por parte del presidente Moreno de entregar el edificio de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) a la Universidad Intercultural “Amawtay Wasi” ha hecho emerger de la sociedad ecuatoriana sus rezagos coloniales y racistas.