Muchos millones alegres; otros miles disgustados; así es esto de la ideología y la política. Alegres las inmensas mayorías por tener la confianza en que, al fin, les aumentaran los salarios, crecerán sus ingresos, serán menos miserables. Por el contrario, una minoría –la derecha política, los empresarios, los medios de información y sus “intelectuales”- no pueden esconder su disgusto porque esperaban otro fraude electoral (antiAMLO) como los de 2006 y 2012. Sin embargo de manera oportunista muchos de éstos se han alineado, pero tienen la esperanza que la crítica contra el presidente y la oposición crezcan.

El asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca ha puesto nuevamente en evidencia las fallidas políticas del Estado chileno frente a las nacionalidades originarias. La política del gobierno derechista de Sebastián Piñera tenía dos brazos; el primero, del garrote con la creación del batallón “Jungla”, un cuerpo represivo entrenado en Colombia para combatir el terrorismo, y segundo, la política de la zanahoria bautizada como del “buenismo” por un columnista del diario el Mercurio, que trataba de impulsar medidas de desarrollo social en la región que denominan como araucanía. Ambas políticas se vienen al suelo con el luctuoso crimen cometido por la policía militarizada de Carabineros.

Desconcierto, ambivalencia y falta de orientación por un lado, desborde de la corrupción y asesinatos de dirigentes sociales; por el otro, marcan los primeros cien días de gobierno del ultraderechista Iván Duque en Colombia, en los que la ciudadanía teme que para sobrevivir apele a dos guerras simultáneas: uno interna y otra contra su vecino del norte, Venezuela.

La primera Revolución

Cae el último emperador de la dinastía Manchú, Pu Yi, el 12 de febrero de 1912, la burguesía  se rinde a las potencias extranjeras y  los señores de la guerra se dividen el poder territorial. Capitalistas, terratenientes e imperialistas lucran de tal fragmentación: Japón, Inglaterra, Francia y  EE.UU se disputan el dominio, las tropas invasoras gozan de libertad plena y  tienen derechos irrestrictos para resguardar  propiedades.