Los microorganismos del correísmo se propagaron por clones y derivaron en la cepa del Morenovirus. No es complicado auscultar el conjunto de síntomas: la improvisación más descuajeringada, la ignorancia en la administración pública, los embelecos con la burguesía, los amarres de parentesco en los cargos, la demagogia extrema, la corrupción desaforada, el discurso grandilocuente de echar la culpa al otro, las decisiones políticas anodinas tipo “tren playero”, la inhumanidad con los indígenas y trabajadores, la persecución judicial y mediática, la violación de la libertad de expresión, la enajenación perpetua de la soberanía, la xenofobia y el racismo infecciosos.

La semana pasada se divulgaron los últimos resultados de la Encuesta de Empleo, Desempleo y Subempleo – ENEMDU de diciembre 2019. Entre sus principales resultados se encuentra que entre 2018-dic y 2019-dic el empleo adecuado se reduce de 40,6% a 38,8% (diferencia estadísticamente significativa), el subempleo aumenta de 16,5% a 17,8% (diferencia estadísticamente significativa) y el desempleo se mantiene constante en un 3,8%.

Las condiciones de vida para los Tsáchila han sido adversas. Todo ha contribuido para que su territorio ancestral sea mutilado: la “reducción de pueblos” impuesta por los jesuitas, la viruela, la superposición territorial con otros pueblos (niguas y yumbos), la presencia de colonos, las disposiciones de la Reforma Agraria, la construcción de carreteras, la aparición  de la ciudad.

Fácil entrar, difícil salir del fascismo

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta.

Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.