En la pasada “Fiesta de las luces” en Quito, más allá de ser una plantilla endosada en cada edificio significativo del centro histórico con rellenos de imágenes animadas, algunas intentando calzar en las estructuras, como la de San Francisco, y otras proyectadas por proyectar, como en la Plaza Grande y Santo Domingo; más allá de unas atrocidades, como los paraguas colgando en una calle o la esfera gigante de alguna discoteca de los 80; hubo ciertas novedades, como esa especie de ballenas voladoras en la 24 de Mayo; y otra, que me atrapó por su sencillez: el homenaje a los desaparecidos, en la Mejía y García Moreno.

¡Un triunfo con repercusiones globales!

Comprobado. De nuevo, la lucha es el camino. En el Hambacher Forst la movilización rindió frutos. Se paró, al menos temporalmente, la total destrucción de un bosque milenario. Algo posible gracias a la tenacidad de un grupo de jóvenes que resistió por años los embates de una de las grandes transnacionales alemanas: la RWE (Rheinisch-Westfälisches Elektrizitätswerk AG), que una y otra vez usó la violencia para devorar el bosque.