El huracán Katrina fue el décimo segundo ciclón que se formó en la temporada de huracanes del año 2005. Empezó a formarse al sudeste de las Bahamas, en el Caribe, a partir del 13 de agosto de ese año. El 24 de agosto se encendieron las alarmas, pues tomó una intensidad capaz de provocar inmensos daños en las zonas por donde se pronosticaba su desplazamiento y porque apuntaba hacia los Estados Unidos.

Sobre el nuevo coronavirus y su comportamiento en el organismo del humano todavía se sabe poco. Lo que sí se sabe es que los virus son parte de la vida en el planeta Tierra. Nuestros propios cuerpos están llenos de ellos. Lo que nos protege es nuestro sistema inmunológico y la fortaleza de este sistema no depende únicamente de cómo nos cuidamos a nosotros mismos, sino a la Tierra como organismo vivo.

Entrevista con Alberto Acosta

La situación caótica que vive Ecuador y el mundo respecto al cononavirus (Covid-19), para Alberto Acosta, puede dar paso a un repensar de muchos paradigmas que tenemos establecidos en el día a día, en lo que llamamos “normalidad”. Si bien las medidas adoptadas por el gobierno ecuatoriano, como pagar la deuda en lugar de destinar esos fondos a la emergencia sanitaria, dejan ver las costuras de un sistema social y económico que desde hace mucho ha estado a punto de romperse. Ahora esas costuras son más visibles, como ha sido costumbre, los menos favorecidos son los que tienen su existencia pendiendo de un hilo, sea por enfermedad o por hambre.

El coronavirus no desnudó un país sobre cuyas intimidades ya teníamos amplio conocimiento; desnudó la inviabilidad de un futuro concebido desde una serie de premisas convencionales. Por ejemplo, que la desigualdad puede ser atenuada dentro del sistema capitalistas; que la informalidad es un terreno propicio para los emprendedores; que la privatización de los servicios incrementa la eficacia del sistema de salud; o que las fuerzas políticas persiguen el bien común cuando de enfrentar una tragedia colectiva se trata. La pandemia levantó el velo de las apariencias.

De la vulnerabilidad de la agroexportación a la resiliencia de la soberanía alimentaria

Cada día queda más claro que la crisis en la que se encuentra el mundo debido al brote y la expansión del Covid-19 es sólo en el primer momento una crisis sanitaria. Más allá de las amenazas directas para nuestros cuerpos y para los sistemas de salud nacionales, nos espera una larga cola de impactos socioeconómicos que recién se van vislumbrando poco a poco, dejando espacio para la imaginación sobre la gravedad de la situación en los próximos meses.

Profesores, sobre todo secundarios, que laboran entre 10 y 16 horas diarias desde sus hogares, fustigando al tiempo para complacer a la familia propia y a la entenada (sus alumnos). Extensas jornadas académicas que incluyen tediosas reuniones de planificación para cumplir con objetivos de aprendizaje armonizados con valores que en la vida real son desechados – en buena medida – por la praxis de quienes sin estupor entremezclan con mirada unidimensional a la filantropía con la solidaridad.