Una clásica consigna de la lucha popular dice que: ″organizarse… es comenzar a vencer″. Ella puede ser coreada de viva voz, mientras la multitud camina indignada y aguerrida por causa de políticas públicas decretada por los gobiernos de turno. La consigna viene resonando como eco en las calles del país durante los últimos 12 años, plenos de administraciones corruptas, botarates y autoritarias, de casi los mismos actores históricos políticos y económicos que dominan la sociedad.

El ex presidente Rafael Correa Delgado, como buen neoliberal tapiñado, embaucó a los ecuatorianos argumentando la crisis económica por la caída de los precios del petróleo a nivel mundial, el terremoto en las provincias de Manabí y Esmeraldas, el arranque del neoliberalismo con la venta, fusión y liquidación de 16 empresas entre incautadas y públicas, incluyendo sectores estratégicos (minas, petróleo) y centrales hidroeléctricas, con el subterfugio de optimizar el sector público.