Por Jaime Vicente Chuchuca*

La pandependencia se expresa en las necesidades generalizadas de los recursos mínimos para sobrellevarla. Un país con el sistema de salud desmantelado, con el dinero estatal comprometido a los grupos de élite, factores que sumados a la negligencia del gobierno lo hacen completamente vulnerable. Los ecuatorianos han comparado los atroces actos gubernamentales con la película Titanic -a propósito de la reunión secreta de Lenín Moreno con Leonardo DiCaprio-, que al momento de hundirse el transatlántico, los jefes del barco prefieren salvar a la burguesía y aristocracia, mientras los pobres y la plebe completan los cupos. En la fase cero de vacunación, por sobre la primera línea, la crème de la société, familiares de la presidencia, el gabinete ministerial, ex funcionarios, la rancia oligarquía y la burguesía ecuatoriana fueron vacunados clandestinamente o en fiestas públicas como los clubes Rotario y Quito. 

Por Julio Oleas-Montalvo*

El 11 de marzo de 2020, setenta días después de que la Comisión Municipal de Salud de Wuhan notificara de un “conglomerado de casos” de neumonía, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el covid podía considerarse una pandemia mundial. El año pasado se contagiaron más de 83 millones de personas y murieron más de 1,8 millones. Si al menos 70% de la población mundial recibe una vacuna sería posible superar esta catástrofe global. Pero, como están las cosas, alcanzar este objetivo tomaría más de siete años.  

Por Hugo el búho

Habrá que aplaudirle al ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, que conjuga el verbo rebuznar de memoria. Habrá que felicitarle por lo pilas que es. No se iba a perder la oportunidad de vacunarse siendo una especie de iluminado de la salud pública. “En homenaje a los médicos que han muerto y se han sacrificado”, él se arriesgará y pondrá el hombro, vacunándose, a pesar del riesgo que implica. Claro, no ven que no se ha comprobado si la vacuna es eficiente para deficientes mentaficientes. 

Por Carlos Terán Puente*

Hay gente que piensa que referirse al dolor de los sobrevivientes de la pandemia en 2020, es inútil y lo tildan como poesía, como sinónimo de inutilidad o sensiblería. Este criterio es inexacto porque desnaturaliza el sentido de la poesía como expresión cultural exclusiva de la especie humana. Por otro, ofende la aflicción de quienes enterraron seres queridos arrebatados por la peste que continúa campante en el mundo y en Ecuador. 

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Las grandes transnacionales tuvieron múltiples crisis, pero al final de 2020 terminaron con grandes repuntes económicos. Se readecuaron las fuerzas económicas y el conjunto de las farmacéuticas mundiales se insertaron políticamente en los lugares centrales de los gobiernos. Por el contrario, algunas empresas productoras de materias primas y sus derivados como el petróleo aún no salen de su shock económico. El tercer y cuarto trimestre de 2020, Ecuador produjo alrededor de 550 mil barriles de petróleo diarios a 38,94 dólares por barril, es decir el precio de producción. Ecuador ha subido la producción de petróleo entre 60 y 80 mil barriles diarios, a pesar de que esto significa una gran pérdida económica. 

Por Hugo el búho

Y aquí les dejo mi testamento, medio en prosa, medio en verso, pero igual de justo y generoso con los que destruyen la nación al revés y al derecho. Sabrán disculpar los adjetivos de espeso calibre y lo macabro de mis deseos. Pero como ya estoy de partida, el texto debe ser contundente, para que los aludidos entiendan que con la burla y la risa nos vengamos de quienes han jodido al Ecuador. Para ustedes, canallitas, con dulzura y harto amor:

Por Alejandro Moreano*

A pesar de las predicciones de un recrudecimiento de los contagios y las muertes por las fiestas navideñas, de la aparición de una nueva cepa del virus de covid-19 y de la incertidumbre sobre la eficacia, los tiempos, los efectos secundarios y la universalización de las diferentes vacunas en curso, todo el mundo habla, predice y desea la era de la pospandemia.

Por Ileana Almeida*

Creo que lo más fuerte del año 2020 son las imágenes de la pandemia  presentadas crudamente por los medios de comunicación: los mercados chinos con animales enjaulados para ser servidos en los comederos y una mujer sosteniendo de un ala al murciélago que devora; los ancianos de los asilos aterrorizados por un virus invisible y olvidados de sus familiares; los muertos en las calles de Guayaquil, cubiertos con sábanas como sudarios; los indígenas huyendo por los chaquiñanes de las montañas. Pero, como esperanza, la  gente vacunándose, por miles, que pronto serán por millones. 

En este 2020 que empezó el 16 de marzo y no terminará, sino hasta cuando nos quitemos la mascarilla, no necesariamente leí más libros, que otros años, pero sí los sentí más cerca, los aprecié de mejor manera, los supe míos. Un cortejo en el que me encontré con títulos que en el contexto despertaron más sensibilidades que certezas, volví a los que han sido seguridad emocional para soporte de la vida y la muerte.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Después de un año de la explosión pandémica es concluyente que China, Rusia, algunos países orientales y Cuba lograron solucionar las necesidades básicas de la población referentes a la alimentación y servicios públicos. En la mayoría del mundo occidental se aplicó económicamente el sálvese quien pueda y un vacuo clientelismo. Las reglas de control biopolítico fueron dirigidas a la coerción, restricción, cuasi encarcelamiento y solo en una parte insignificante a la salud. Las grandes potencias que tienen posibilidades solucionar las necesidades económicas de la gente, han operado más bien para el salvataje del sector privado. Los gobiernos de la periferia han recurrido al salvataje privado a través del endeudamiento público y sus políticas han creado una psicosis generalizada.

Por Jonathan Báez* 

El 2020 mostró de lo que son capaces las élites empresariales para mantener sus privilegios, depredando las vidas de miles de personas sin límite alguno. La reconfiguración de un régimen de desigualdades, que antecede a este año se implementó, se institucionalizó y legitimó a través de la captura de las decisiones públicas: la verdadera pandemia. Dicho proceso involucra a una serie de actores, prácticas y redes que constituyen el “neoliberalismo a la ecuatoriana”. 

Por Julio Oleas-Montalvo*

Visto con la lente del mercado, covid-19 parecía un shock exógeno. Primero alteró la oferta, al diezmar la fuerza de trabajo e interrumpir las cadenas internacionales de manufacturas y suministros. Los confinamientos contrajeron los ingresos, lo que afectó a la demanda y bloqueó el consumo. La alarma sanitaria global perturbó las expectativas y detuvo la inversión. El planeta entero se hundió en la peor crisis de la historia del capitalismo. 

A través de esa lente no se ven las relaciones causales entre el capitalismo globalizado, el cambio climático y la aparición del SARS-CoV-2. Cuando más, las tres crisis -ambiental, sanitaria y económica- habrían, por casualidad, ocurrido al mismo tiempo.

Por Wilma Salgado*

La profunda crisis económica provocada por el confinamiento decretado en prácticamente todo el mundo, para combatir el coronavirus, obligó a recuperar el papel del Estado, en la mayor parte de países del mundo, inyectando masivos recursos económicos para estimular la reactivación productiva, proteger el empleo y paliar la crisis provocada por el confinamiento, sin embargo, el gobierno ecuatoriano, continuó aplicando las políticas de ajuste acordadas con el Fondo Monetario  Internacional: despidió empleados públicos; redujo el gasto y la inversión pública inclusive en salud y educación; privilegió el pago a tenedores de bonos de deuda pública externa; eliminó subsidios a los combustibles; incurrió en masivos atrasos en el pago a pequeñas y medianas empresas proveedoras del Estado; introdujo normas laborales restrictivas de derechos e incluso dictando leyes para limitar el monto del gasto y la inversión públicas a futuro. 

Por Jorge Basilago*

La tentación de caer en el lugar común es muy fuerte y repetida en los medios de comunicación: llega a su fin un año “diferente a todos”. ¿Hubo alguno que no lo haya sido? ¿Lo habrá después? Claro, vivimos el curso incierto de una pandemia –pocas veces estuvimos tan informados y tan confundidos, al mismo tiempo, y sobre un mismo tema-, y el confinamiento derivado de ella hizo que se modifiquen muchos aspectos de lo que conocíamos como normalidad