Los partidos políticos han contaminado la sociedad y dividido a los ciudadanos en todo el mundo y haciendo uso del poder ganado en el juego “limpio” de la “democracia”, se han atrincherando en el Estado, del que se han apropiado. Estos, han decidido dividir y alejar la ciudadanía, a la que ya no sirven con prioridad, con tal de mantenerse en el poder.

¡Qué se han de querer reelegir ahora los mismos! ¡Quince, veinte y hasta treinta años! Si no están los mismos, están las mismas familias. Como táctica Matusalén, ahí mismo calentando el asiento; con un negocio en un lado, hacienda en otro; radio en un cantón, televisión en otro; contratos con sobreprecio por aquí, compadre huido por allá, amigo hecho enemigo más allá, ¿cuál también será el gusto?

Cualquier parecido con los Ruptura de los 25 o los 30 o más es pura coincidencia. Como es coincidencia que justo en este gobiernucho de morenos, cuestas y michelenas, los susodichos hayan alcanzado ser lo que ahora son. Nadies. Así, con ese al final para que resuene en todos los rupturas que en el Ecuador han sido, son y serán.

El filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría nos anticipó diciendo que los tejidos ampulosos de la modernidad capitalista suprimen, pero no absolutamente, la fiesta y por tanto la política como irreverencia. Es común hoy escuchar: “en Quito no se juega carnaval”. Lo profano ha sido sacralizado. Pero también ha sucedido al revés. La fiesta se ha recreado con objetivos enajenantes. Despidos y paquetazos se hacen previos a los feriados.