Es probable que en la república de la farándula estas palabras no sean las “políticamente correctas”, sobre todo para un segmento de la sociedad caracterizado por su cinismo y por lidiar a placer con las dádivas de la corrupción arrojadas por el ‘Arroz Verde’, así como también para el feminismo e indigenismo sectario y bravucón.

Martes 19 de noviembre de 2019, a las 21:00 o 22:00, suena fuertemente la puerta de madera. Desde la ventana de mi habitación alcanzo a observar la calle, un policía de operaciones especiales con armamento de guerra y otro vestido de civil, me hacen señas. No tengo idea si es para que les abra la puerta, o están alertando al equipo que se encontraba apostado en la puerta para que actúe.

Mientras una derecha oportunista y ultramontana en Bolivia recurre al socorro imperialista en un nuevo plan cóndor para la región, la juventud y los movimientos populares retoman las calles, los escenarios recuperan la magnitud de la acción directa sobre los ejes ortodoxos de la política y el vaivén se acelera de izquierda a derecha en forma vertiginosa que sería ingenuo creer que no forma parte de la lucha mundial hegemónica.

¿Pueden las teorías sobre una conspiración internacional servir para recomponer el sistema y reforzar la capacidad política del gobierno? Difícil. Por un lado, la amenaza comunista es una muletilla que pertenece al pasado; por otro lado, es difícil que alguien se trague el cuento de que un país pequeño como Cuba, o un país destruido como Venezuela, tengan la capacidad para exportar conspiraciones.

El levantamiento indígena de octubre

¿Fin de un gobierno o fin de un régimen? Eso es lo que toca definir al calor del levantamiento indígena que acaba de convulsionar al país. Si entendemos a un régimen como el modelo de estructuración de las relaciones de poder durante un período determinado, podemos afirmar que el régimen actual se inauguró con el ascenso al poder de Lucio Gutiérrez en 2002. En ese momento fue determinante la irrupción del movimiento indígena, que venía movilizándose desde una década atrás.

Aunque hay quienes pueden criticar los resultados de las movilizaciones de octubre en el Ecuador, yo diría que ganamos muchas de las cosas que habíamos perdido, sobre todo repusimos la posibilidad de reapropiarnos de la historia aunque el futuro siempre sea incierto. Pero para avanzar necesitamos hacer balances de los claros y oscuros que nos mostró la jornada.

Al igual que en la historia antigua heleno, judeo, cristiana en que la moral y la ética europea fuera edificada bajo preceptos religiosos con los cuales se crearon normas de convivencia patriarcales de dominación, el cinismo posmoderno parece echar raíces para regir el Siglo XXI, incidiendo amargamente en la reproducción simbólica de la sociedad actual.