Las palabras que más se escuchan actualmente en todo el mundo, desde los presidentes, altas autoridades mundiales, millonarios, filósofos, personalidades, hasta el más simple y pobre ser humano es: cooperación, solidaridad, unión, coordinación, apoyo, organización, colaboración, responsabilidad, disciplina, conciencia, comunidad, común.

No es 1984 ni tampoco son los tanques de la Policía rodeando – por disposición del expresidente León Febres-Cordero – la Corte Suprema de Justicia para evitar que los jueces no alineados a su partido asuman la magistratura. ¡No! Es 2020 y son las camionetas del Municipio de Guayaquil que por orden de la alcaldesa socialcristiana, Cynthia Viteri, bloquearon la pista del aeropuerto José Joaquín Olmedo para evitar que un avión de la compañía Iberia y otro de KLM, con 11 tripulantes, aterrice y lleve consigo a cientos de ciudadanos holandeses y españoles a sus países de residencia, pese a contar con los permisos del Estado ecuatoriano. Ese mismo Estado del cual todos somos parte, incluida la alcaldesa.

Después del levantamiento de octubre, el movimiento indígena se ha convertido en monedita de oro electoral. El que menos quiere arrimarse a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) o a Pachacutik para conseguir una candidatura. Poco importa la fuerza social demostrada en octubre o el potencial del proyecto plurinacional, o los cuestionamientos concretos a las viejas formas de poder o los eventuales cambios civilizatorios que subyacen a las luchas indígenas. Como tantas otras veces en el pasado, la política termina desleída en las urnas.

El 12 de febrero de 2020 fue una fecha histórica para nuestro país**. En Quito comenzó el juicio contra el ex mandatario y su camarilla delincuente. De cierta manera, se creó una distracción para satisfacer los bajos instintos de revancha popular. Mientras tanto, el mandatario actual, acompañado por sus 40 cómplices “empresariales” (en realidad, se trata de los representantes rentistas y defraudadores fiscales) se reunió en Washington con el “genio estable” y peor presidente gringo en la historia del país (El Universo 2020).