Por Jaime Chuchuca Serrano

Cuanto más decadente y autoritario es un sistema, más inclementes son los suplicios, torturas y penas para los pueblos. Son inenarrables los sufrimientos de la población en la primera y segunda guerra mundiales, en las conflagraciones de invasión y conquista imperialistas, en la conservación del orden social en la periferia levantada. La violencia pandémica forma parte de esta lista histórica. El capitalismo pandémico trajo el confinamiento, sobre todo, de los sectores acomodados, la exposición de la población con menos recursos, el agudizamiento de los malestares sociales y enfermedades. La guerra económica entre las potencias es sostenida con la competencia agresiva interna, donde la creación de excedentes y acumulación de capital se sigue incrementando para la burguesía.

Desconcierto, ambivalencia y falta de orientación por un lado, desborde de la corrupción y asesinatos de dirigentes sociales; por el otro, marcan los primeros cien días de gobierno del ultraderechista Iván Duque en Colombia, en los que la ciudadanía teme que para sobrevivir apele a dos guerras simultáneas: uno interna y otra contra su vecino del norte, Venezuela.

Cuando viaja a la ciudad de Quito, su madre de 42 años se queda preocupada. No quiere que le pasé algo, que la secuestren o la asesinen, porque dicen que él [‘Guacho’] tiene gente en todo lado y sabe con quién nos reunimos y entrevistamos, dice Ana Velasco, hermana de Katty Vanesa Velasco, de 20 años y oriunda de la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas quien fue secuestrada el pasado 17 de abril de 2018 junto a su pareja Óscar Villacís, de 24 años.

Es evidente que el presidente del Ecuador Lenín Moreno no recibe de sus asesores las orientaciones adecuadas a fin de tener un norte claro en temas como la frontera con Colombia o el ser garante en los diálogos de Paz que llevaba a cabo el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano en Quito. Dos temas distintos, que para Moreno y su equipo de gobierno, al parecer son lo mismo.