La caída del Muro de Berlín, entre otras muchas cosas, significó una derrota ideológica para la izquierda mundial que fue ratificada con la política de combate al terrorismo pos atentado del 11 de septiembre.
La izquierda no ha perdido nada, porque ningún margen electoral define la lucha que se vive en la cotidianidad. Y no ha perdido tampoco porque, en esta elección de segunda vuelta, no hubo un partido que la representara. La izquierda está donde siempre ha estado: en la calle, en la olla común, en el abrazo solidario, en la rabia que organiza, en la ternura que subleva.
Una coalición formulada y articulada en estos términos, bloqueará la posibilidad cierta también de un gobierno de la Revolución Ciudadana que repita, incluso reforzada y ampliada, la violencia inherente a su proyecto político y económico. Esta coyuntura puede representar, gracias a la voluntad política del bloque popular y plurinacional, un salto que integre y supere la historia política ecuatoriana reciente y abra un nuevo ciclo político.
El progresismo ecuatoriano (correísmo) ha puesto en el tapete un falso dilema y un eufemismo, nacido del oportunismo a sabiendas de que la mayoría del voto será joven en las próximas elecciones.
La sociedad ecuatoriana no es la misma desde octubre 2019, el levantamiento trajo consigo cambios económicos, culturales y políticos que se resumen en un cambio en la relación de fuerzas. Sebastián Cevallos analiza la coyuntura y anticipa algunas posibles derivaciones.
Rebelión <www.rebelion.org>
¿Motor de cambio o camisa de fuerza?
Hace mucho que las grandes batallas sociales, políticas y económicas se juegan en el campo del lenguaje....