Los intelectuales orgánicos para Antonio Gramsci son quienes  describen la vida social  científica y  culturalmente pues traducen las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas, es decir, son agentes conscientes de procesos inconscientes, actores del encuentro  entre la organización y el pueblo en una relación pedagógica  creadora de  nueva hegemonía que confronta la hegemonía – ideología  imperante opresora y puede transformar revolucionariamente a la sociedad.

Luego de  la caída del muro de Berlín, la aspiración de feligreses en fuga fue desarrollar planteamientos pluriclasistas, pluralistas y democráticos, cual  motores de búsqueda para  ganar representatividad en  el sistema: la “racionalidad democrática” sustituyó la visión   insurreccional y  el  gradualismo evolucionista abandonó toda perspectiva revolucionaria.

Si aplicamos la categoría derecha – izquierda a la época de Jesús o a cualquier época, Jesús fue de izquierda. Si entendemos por izquierda a aquella ideología o persona que defiende a los pobres, a los explotados, a los oprimidos, en definitiva, a quienes carecen de los mismos privilegios que otros gozan, estableciendo una situación de desigualdad y de explotación. Obviamente, que hay izquierdas que luego de haber llegado al poder han hecho lo mismo que las derechas, incluso con actitudes autoritarias y hasta fascistas.

En contexto

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida en la parte occidental que mantuvo relaciones capitalistas de producción y la oriental que estableció la propiedad social de los medios de producción. Mientras Alemania occidental registraba en un crecimiento económico significativo hasta constituirse en la mayor economía de Europa y elevaba el nivel de vida de la población, en Alemania Oriental las condiciones económicas y sociales eran diferentes, y además la población no podía movilizarse libremente fuera de sus fronteras.

Uno de los elementos por el que el movimiento indígena ha luchado desde sus inicios es la educación. Lo que en principio se puede concebir como una demanda de atención del Estado a los pueblos y nacionalidades indígenas en términos de alfabetización, se fue convirtiendo, con la reflexión y praxis colectiva al interior de las organizaciones, en la necesidad y deseo simultáneo de un proyecto educativo propio que acompañe el andar del movimiento indígena y sea un pilar fundamental en la transformación radical de las condiciones de dominación y explotación de los pueblos indígenas.