Luego de la caída del muro de Berlín, la aspiración de feligreses en fuga fue desarrollar planteamientos pluriclasistas, pluralistas y democráticos, cual motores de búsqueda para ganar representatividad en el sistema: la “racionalidad democrática” sustituyó la visión insurreccional y el gradualismo evolucionista abandonó toda perspectiva revolucionaria.
La dominación tiene su propia estética y la dominación democrática tiene su estética democrática.
Herbert Marcuse
Ser de izquierda, desde entonces, es enfrentar las consecuencias del capitalismo “peleando espacios” o disfrutando resistencias (se ponen de moda las conductas antineoliberales) del llamado socialismo del Siglo XXI, brotaron compulsiones simbólicas y asedios de lo real sin sujeto político específico o universal al que liberar; un retorno al socialismo pre marxista donde el proletariado está ausente.
En el juego del poder, se institucionalizó la izquierda torcida, mientras teóricos jubilados de Europa exponían credenciales para presentarse en el vacío conceptual. La izquierda, post moderna, en una necesidad de sobrevivencia, ajusta el eje de autorregulación del sistema o es elemento organizador frente a la dispersión de los conflictos de los individuos y grupos.
La visión clasista deriva hacia una visión sectorializada de la sociedad con urgencias y aspiraciones de colectivos confusos sin pertenencia de clase, mientras el mundo capitalista se globaliza y homogeniza. La izquierda post moderna se fragmenta en reivindicaciones o en la suma de parcialidades.
Para hacer creíbles las mistificaciones, las racionalidades son obligadas a simplificar complejidades y el discurso populista será el mejor recurso que merodea el poder, más aun cuando la realidad de las masas se excede por demandas no cumplidas. Se asimila la oferta de esta nueva izquierda atiborrada de discursos que forjan a una “tematización” conexa al sistema político. Los nuevos enunciados como ciudadanía, partidocracia, género y otros neologismos ponen en olvido la nomenclatura y el glosario del socialismo marxista
Los giros lingüísticos y los sujetos sociales
La reelaboración de la realidad supone la derrota del análisis dialéctico y da paso a la fragmentación de otras expresiones sociales. La micro mirada en lo cotidiano tendrá peso en un nuevo lenguaje donde la opresión de género, el discrimen étnico, las “culturas subalternas” se expresan como nuevos sujetos que emplazan y reemplazan a totalitarias vanguardias de otros tiempos (la clase obrera, la concepción proletaria).
La pretensión es reconocerse en las profundidades de una democracia ideal que nace de la corrección de los males, de la sociedad capitalista sin alterar su esencia. Esta es la sustancia y el desvarío del pensamiento innovador imperante. La ideología burguesa se traduce, entonces, en su más alta representación y será el propio imperialismo el pionero de un nuevo marco de referencia “democrático” a despecho del discurso posmodernista que vive en el caos de su propio lenguaje.
Así, mientras se masacra a pueblos, el ejército norteamericano no pone obstáculos a la identidad de género o usa mujeres para torturar en prisiones de Irak, Afganistán o Libia. También acoge a latinos y negros en los altos mandos del ejército, eleva a un presidente negro al mando imperial y crea una nueva hegemonía donde el mundo americano, sentencia con su democracia incluyente una realidad que “demuestra” que el vientre imperial se adelanta a los sueños de los ilusos criollos.
Escrutando lo post moderno vemos que lo post se presenta, no solo como lo ulterior necesario o lo ulterior cronológico, sino como lo impuesto por lo tangencial moderno. Ser post es equivalente a “ser mejor”…superación de lo… el post marxismo, el post estructuralismo, lo post moderno serían la convocatoria a renunciar a lo viejo y a la aceptación de lo posibilisticamente cierto, es decir, lo post como necesidad y virtud.
La cultura de los post expresa la sobre utilización de las S que reemplaza singulares por plurales de manera que; no existe resistencia sino “resistencias”, no existe izquierda sino “izquierdas”; ni imperialismo sino “imperialismos” y constituye uno de los tantos síntomas de frivolidad y superficialidad donde el estilo es el mensaje (N Cohen) El lenguaje puede significar encubrimientos. Negarle la singularidad al imperialismo puede significar diluir las responsabilidades específicas y concretas del imperialismo norteamericano, por citar un ejemplo.
Los nuevos discursos expresan lenguajes amortiguados donde para parecer más democráticos y menos revoltosos se importan léxicos dulcificados tanto para enjuiciar a la realidad como para proponer cosas. De otra parte y para tomar distancia del marxismo “superado”, se desagregan conceptos correlativos a la historia y la semántica revolucionaria como: lucha de clases, combatividad, ideología proletaria, suplantándolas con criterios de ciudadanía, sociedad civil, clases subalternas, acción activa y participativa para “repensar la realidad desde valores emancipatorios y humanos” y que entre otros criterios expresa lo subalterno en contraposición a la explotación del trabajo y el rechazó a lo “insostenible de los esquemas ideológicos inflexibles”.
La lectura injusta de Antonio Gramsci se impone como instrumento del nuevo lenguaje. Posible ponerlo en escena a falta de una defensa consecuente al pensamiento comunista del mártir italiano. Cuando Gramsci habla de clases subalternas no sustituye la dimensión de vanguardia del proletariado y cuando elabora el concepto de sociedad civil lo hace tributando con máxima intención pedagógica a la estrategia revolucionaria, que es la búsqueda del consenso y hegemonía proletaria.
Si Gramsci no hubiese escrito los cuadernos en la cárcel es muy probable que sus aportes al marxismo estuviesen desarrollados en un lenguaje de otra dimensión. También, Lenin en el destierro de Siberia escribe el Desarrollo del Capitalismo en Rusia, un estudio más académico que político con encuadre de lenguaje teórico, que afianza el pensamiento marxista. Los comunistas saben hablar desde la cárcel o desde la clandestinidad en códigos diferenciados, sin dejar de prestar atención a los fenómenos sociales, políticos e ideológicos y sin hacer renunciamientos de principios
El micro mundo de los movimientos sociales
El cambio no fue solo de lenguaje sino de concepciones, hacer algo se tradujo en pluralismo, diversidad y reformismo, esto último se enmarca en una nueva realidad y propuesta que llevó a la misma Marta Harnecker a decir que los revolucionarios actuales son los reformistas. Cuestionar a la democracia y ampliarla en su contenido no fue más una táctica sino una estrategia que a la postre resultó ser de contención y no de marcha en el proceso de ascenso revolucionario.
El campo ideológico fue así, refugio de bandidos, sobrevivientes asustados en retaguardia, y oportunistas avezados. Los viejos cuadros llegaron a las ONGs, muchos con el auspicio económico de Europa y así la militancia social revolucionaria de los años sesenta y setenta aterrizó a la acción social institucional finisecular, creando plenas condiciones para la variación de la ideología y de la semántica. El sujeto social histórico ya no era la clase obrera y a los nuevos sujetos sociales habría que encontrarlos en la llamada “población objetivo” de los programas desarrollistas; en la ecología, las mujeres, los LGTBI, agrupaciones culturales o etnias.
Los movimientos sociales asumieron doble connotación: de un lado descategorizaron los conceptos clasistas de la izquierda proletaria y de otro descartaron la necesidad histórica de un partido revolucionario. Siendo los movimientos una masa amorfa de contenido y acción, será esta, la línea basal desde la que se elabora el discurso reformista de la corriente electoral de la llamada izquierda nueva; representación de los afanes desarrollistas de la burguesía emergente. En suma lo que ha ocurrido es un ‘desarme’ intelectual y político de las “clases subalternas”
La representación colectiva como totalitaria
Una de las claves del juicio supuesto a lo viejo realizadas por el post modernismo innovador es el rechazo a lo totalitario. Para el efecto recogen una versión que nació del seno del movimiento comunista europeo (erocomunismo) en franco revisionismo y de la intelectualidad disidente que primero asumió la crítica al estalinismo y fue moviéndose a continuación desde lo extremo hacia el centro con un sutil encuadre socialdemócrata.
La lucha contra el totalitarismo tiene propiedad y origen en el anticomunismo de Winston Churchil y Harry S. Truman, se corresponde a la nueva situación a partir de la post guerra con la derrota de la Alemania nazi y el triunfo de la Unión soviética. Ellos en la promoción de la democracia occidental proclaman el rechazo a los dos totalitarismos e inauguran la guerra fría. En otra fase es bueno recordar que el estribillo de la ideología burguesa imperialista siempre fue la defensa del pluralismo ideológico, hoy parte del lenguaje asumido por el esnobismo.
La lucha contra el estalinismo desde la izquierda, no asimila un juicio al totalitarismo, porque la pérdida de la democracia socialista no fue efecto de una concepción de totalidad, sino extravió metodológico de la esencia democrática del marxismo que se sostiene en principios de universalidad. Tampoco se trata de defender la totalidad, pero el concepto se rechaza si es efecto de una falsa integración de la diversidad.
Desde las categorías del marxismo (que no es pasarse al dogmatismo) vale recordar que la antropología de Karl Marx es humanismo centrando en el hombre como valor esencial, partiendo de lo general para fundamentar la igualdad. La valoración de la raza humana como única, le permite al marxismo superar el debate sobre la supremacía de una sobre otra, aun reconociendo las diferencias y las escalas de desarrollo. El hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios
La unicidad del marxismo le da fundamento igualitario a la condición de la mujer, a las nacionalidades y a las creencias, a los derechos de género, sin pasar a la cacofonía recordatoria y enfática de las diferencias. Cuando Marx y Friedrich Engels llaman a la defensa de las naciones oprimidas, las razas sometidas, las religiones perseguidas no lo hacen en defensa de las naciones sino en contra de la opresión, ni se defiende a las razas, sino que se oponen al sometimiento como se oponen también a la persecución . Aquí estriba la riqueza del marxismo, su unicidad y si no nos asusta el término su totalidad.
Pero la trampa está en que mientras las corrientes post modernas le rinden homenaje a las “diferencias” y enaltecen la tolerancia hacia el “otro”, el mercado mundial hegemoniza y aplana toda diversidad. El mercado y el terror imperialista son la auténtica expresión de totalitarismo que reina entre bombardeos e invasiones, mientras en la jerga izquierdosa se sueña con una entelequia de democracia inexplorada que se estrella con la realidad cuando, siendo poder legítima el abuso de la fuerza desde el Estado.
Los medios y la construcción de la hegemonía en el lenguaje del poder
La estrategia del silencio en la ideología imperante es no permitir que el léxico marxista se involucre, esto se debe también a la escasa reelaboración teórica del marxismo o a que estos (los marxistas) son minorías en los propios partidos comunistas y los recursos comunicacionales que usan son escasos.
En la nueva realidad intelectual se vive el interés por omitir lenguajes no invitados en la dualidad admitida de confrontación entre la hegemonía del poder imperialista burgués y la expresión posmodernista del neo revisionismo. Los medios canalizan expresiones del poder constituido o constituyente, del poder del Estado o los opositores temporales, con actores oficiales y discursos legitimados por la encuesta del poder.
La delegación está y fuera de ella los excluidos deben caer en el silencio para dejar que sus representantes hablen. Se trata en la misma relación de expulsar la opinión del marxismo no siquiera obligándola a callar (fea y no democrática seria tal actitud) sino de alejar los oídos de los órganos de opinión para sentenciar su ausencia. Destaca y se acepta solo la interdependencia entre las instituciones que detentan el control, en tanto los medios de comunicación serán la verbalización de las fuentes de poder y de autoridad social. Los mensajes serán activos al servicio de quienes poseen el poder político y económico, o para críticos funcionales.
Son noticia, verdad en discusión, las que se emiten de parte de los detentadores del dominio o la oposición. El marxismo será una tercera vía no consentida y la intención será jamás abrirse al debate con sus tesis, pues la experiencia indica que en ese terreno es batalla perdida, pues la dialéctica con su peso específico y contundencia pondría en entredicho sus verdades. También faltan nuevos interlocutores y difusores del socialismo científico y eso es tarea a construir.
El marxismo no puede ni debe quedarse en la retaguardia. El reto comunicacional y pedagógico es un desafío para lograr el consenso o la hegemonía revolucionaria como lo propone Gramsci. Ahora en condiciones más difíciles por el sorprendente ascenso y velocidad de los monopolios de medios. La gente (y la clase) subordinados a la determinación de las imágenes y a los planteos habituales del sistema dominante (escuela de Frankfurt) no pueden ser una fatalidad, la verdad revolucionaria no es fuerte por su nivel ideal sino por su necesidad históricamente determinada, la tarea, es construir los canales adecuados para educar y movilizar, para construirse en poder dual que irrumpa contra las lógicas de falsedades y errores de quienes detentan el poder de dominación o de quienes pretenden maquillarlo.
Una nueva industrial cultural que emerge y se dirija al debate cotidiano, con la calidad axiomática del marxismo como eje orgánico, debe dotar a una intelectualidad comprometida para que sea la base sostenible de una oferta política profunda y máxima que reivindique la verdad del socialismo.
Fuera de la noción de clase, es una trampa auspiciar las formas de luchas diversas porque pierden sentido estratégico. Las experiencias de base en los azares de la recomposición del campo popular, suministraron y suministran la clave singular de decodificación de los sucesos. Lo diverso encajado en una concepción clasista potencia la práctica revolucionaria, así como lo local bien enfocado multiplica los factores de reivindicación y lucha central: Chiapas con el EZLN y el Movimiento Sin Tierra (MST), del Brasil, son experiencias revolucionarias locales bajo el signo de la autonomía y el poder popular que en alguna medida, revelan y cuestionan la elitización de la tarea revolucionaria y de resolución desde arriba.
Por otra parte, desde la izquierda vieja se tilda de posmoderno a todo presupuesto y esa perspectiva también es errónea porque lleva a satanizar la heterodoxia, favoreciendo el dogma y no permitiendo la autocrítica urgente y necesaria para soñar y construir un mundo mejor a los sueños de ayer y radical frente a la pesadilla capitalista actual.