Por Alfredo Espinosa Rodríguez*

Lo digo de frentón: las y los trabajadores no deben renunciar a su dignidad a pretexto de la crisis económica y política que afronta el país en toda su institucionalidad. Tampoco pueden estar sujetos a la volatilidad emocional de sus superiores, quienes en algunos casos normalizaron la verbalización de la violencia como rutina cotidiana de relacionamiento, pero también de discriminación entre una élite intelectual y sus simples operarios, quienes habitan a la sombra del anonimato laboral.