Por Jaime Chuchuca Serrano*

Bolivia afrontó su primer proceso electoral sin la presencia de Evo Morales, desde 1997 había sido la figura central. Las elecciones se realizaron en medio de la persecución política, militarización y polarización de los discursos entre el MAS (tildados de “salvajes”, “corruptos”, “autoritarios”) y las fuerzas antiderechos, racistas, religiosas y conservadoras. El conteo rápido, ahora manejado por un tribunal cercano a Jeanine Áñez, tuvo irregularidades y derivó, nuevamente, en la presunción de fraude. Sin embargo, la votación de Luis Arce descuella el 54 % y gana en primera vuelta con un número de votos superior al de Morales en 2019 (con 14 años en el poder); Mesa le sigue de lejos con el 31%. El MAS gana también en las 2 cámaras. En La Paz, Arce alcanzó el 65% y en Santa Cruz, ciudad de oposición, el 35%.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

El Presidente de los EE.UU., Donald Trump, se encuentra en una situación desesperada. Sus aspiraciones por la reelección están siendo truncadas por las mismas políticas públicas que aplicó en su gobierno. En política interna, declaró la guerra a los migrantes, aunque son la principal fuerza trabajadora. Acabó con el programa de salud Obamacare y entregó la salud a las clínicas privadas y aseguradoras. El estadounidense promedio tiene pagos pendientes con la salud. A pesar del poderío económico, militar y científico, la potencia mundial ha sido impotente ante el coronavirus y cuenta con más de 150 mil fallecidos (al 20 de julio de 2020).

Fácil entrar, difícil salir del fascismo

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta.

Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.

Mientras una derecha oportunista y ultramontana en Bolivia recurre al socorro imperialista en un nuevo plan cóndor para la región, la juventud y los movimientos populares retoman las calles, los escenarios recuperan la magnitud de la acción directa sobre los ejes ortodoxos de la política y el vaivén se acelera de izquierda a derecha en forma vertiginosa que sería ingenuo creer que no forma parte de la lucha mundial hegemónica.