"No parece que la aplicación de la medida de excepción pueda resolver los problemas que atosigan al gobierno. No parece tener posibilidades para desbloquear mediante el uso de la fuerza y la extensión de la represión. Habríamos llegado, hipotéticamente, dicho de manera provisional, a una situación parecida a un estancamiento circunstancial, que puede modificarse cualquier rato, dependiendo de la correlación de fuerzas. A lo que apuntamos no es tanto al desenlace, sino al análisis del sitio, de la táctica del sitio, de la ocupación territorial y del cerco, que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia."
"Con venas insufladas de rebeldía, los collas han venido resistiendo y combatiendo más de cinco siglos. Gente brava, organizada comunitariamente, ahora le está demostrando al mundo, que con ellos no se juega. Ríos llenos de gente común, de alpargatas y polleras, con atuendos de arcoíris inundan las amplias avenidas de la Paz. Por chaquiñanes que bajan de los cerros, por carreteras, por senderos casi inaccesibles, las polleras y los ponchos, los cascos de mineros, los guaguas incluídos, los descendientes de los aymaras, marchan en un solo bloque a derrotar al lacayo del Imperio."
"Antes de la invasión europea, estas tierras no conocían: miseria, abandono, destrucción ecológica y violencia estructural. Existían conflictos humanos, como en toda sociedad, pero no el grado de fractura social que produjo el modelo colonial y luego republicano. La colonia destruyó gran parte del tejido comunitario para imponer el individualismo, la jerarquía racial y la dependencia económica. Y desde entonces, los pueblos han sido obligados a escoger entre variantes del mismo paradigma occidental. Por eso Bolivia no necesita elegir entre dos fracasos históricos. No necesita decidir si será administrada por burócratas o por corporaciones. La verdadera discusión es si los pueblos recuperarán o no la capacidad de organizar su propia vida desde abajo, desde la comunidad, desde la reciprocidad y desde una relación equilibrada con la naturaleza."
"Cierto sectores, sobretodo vinculados a los perfiles de la izquierda internacional, consideran que lo que pasa en Bolivia es una revolución. Algo que está lejos de ser todavía. Como se dice, no están dadas las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución. Mejor dicho, no están dadas las condiciones de posibilidad de la revolución. Lo que se puede decir es que se retoma el proceso del devenir de la revolución, que se encuentra inherente en todo conflicto social. Lo que está pasando tiene que ver, más bien, con las resistencias del pueblo, de las formas organizadas del pueblo, que buscan reconstruir el tejido social, destruido durante las gestiones de gobierno neopopulistas. Para enfrentar a la forma de gubernamental neoliberal retornada las multitudes han hecho un esfuerzo por reencontrar su propia potencia, su propia memoria social, memoria de las luchas y lanzarse en defensa de las conquistas logradas y en defensa de la Constitución."
"La política en Bolivia ahora ha dejado de ser una disputa de siglas para ser, otra vez, una cuestión de cuerpos y territorios. Cuando las provincias desbordan la urbe y el grito de RENUNCIA unifica la heterogeneidad de los movimientos, el poder constituido se vuelve un fantasma que habita un palacio vacío. No estamos ante un simple conflicto, sino ante el despliegue de una voluntad colectiva que, al reconocerse en el sufrimiento y la exclusión, ha decidido que el tiempo de la obediencia ha terminado.
La legitimidad ya no reside en los decretos, sino en el polvo de los caminos y en el eco de una marcha que, como los kataris, solo se detendrá cuando la historia ancestral se redima."
"La derrota del Gobierno, lejos de reducirse al Decreto, afectó toda su iniciativa de cambio estructural, porque limitó el rango de reformas posibles y cambió sustantivamente la distribución del poder. Es cierto (por otro lado) que eliminar la subvención de los combustibles fue una derrota popular, porque legitimó que el desequilibrio fiscal debía resolverse reduciendo el gasto social y cargando los costos sobre los sectores vulnerables, en lugar de eliminar las políticas que favorecen a los empresarios mediante rentas, impuestos y fuga de capitales."
"...planteamos una salida por izquierda y desde abajo; y luchamos para que la crisis la paguen los capitalistas, que la provocaron y no el pueblo trabajador, a punta de ajuste, extractivismo y saqueo imperialista. No aceptamos su gasolinazo, que no solo atenta contra la calidad de vida de la inmensa mayoría, sino que, además, sacrifica nuestros territorios al imperialismo. Sabemos que si el Estado no hubiese subvencionado al sector privado, no necesitaríamos ningún gasolinazo. Rechazamos sus intentos privatizadores, tanto del litio, como de cualquier bien común natural, ya sea por decreto o a través de la Asamblea Legislativa; por ser anticonstitucional, pero fundamentalmente por colocar el lucro por encima del bienestar humano y ecológico."
"La paradoja es profunda. Lo que nació como promesa de justicia terminó convertido en maquinaria. Lo que se llamó revolución se volvió administración. Y lo que fue un pueblo organizado en comunidad, se transformó en clientela electoral. De este modo, los proyectos progresistas de la región, que alguna vez despertaron esperanza, hoy enfrentan el mismo dilema que el neoliberalismo: ambos han vaciado de sentido la vida colectiva, reduciendo el futuro a la supervivencia o al consumo."
"Se abre un signo de interrogación sobre la estabilidad política del futuro gobierno. Y sobre el futuro del MAS: ¿podrá este espacio de base campesina-popular, que en estos años fue políticamente hegemónico, superar su estado de descomposición, desánimo y desconcierto, o se volverá también al escenario de los 90, cuando diversas facciones campesinas y de izquierda gastaban gran parte de sus energías compitiendo entre sí?"
Fernando Molina
Tomado de NUSO marzo-abril 2025
La batalla entre evistas y arcistas en el Movimiento al Socialismo (MAS) ha debilitado al extremo las posibilidades electorales de...
Si antes las comunidades indígenas, que agrupan a la mayoría de la población, estaban relegadas y olvidadas del estado boliviano, con lo cual mantenían o buscaban nuevas y diferentes formas de autosubsistencia, con el nuevo gobierno pasaron a ser mendigos de la burocracia, a pedir la caridad del Estado para que les suelte más migajas.
El que habla es Felipe Quispe Huanca (1942-2021). Nacido en Achacachi, capital de la región de Omasuyos, Quispe es una figura fundamental en la construcción política de la identidad aymara. Su actividad política estuvo marcada por esta imagen del cerco; de los indios bloqueando a los blancos. Haciéndoles sentir su aliento y los sonidos de sus pututus. La geografía de La Paz es muy funcional a ese «repertorio» de lucha, y las propias élites de la Hoyada sintieron una y otra vez la amenaza del cerco.
Los 14 años del Movimiento Al Socialismo (MAS) en el poder fueron un sueño para su pueblo y para su necia izquierda centenaria, vieja y consecuente escuadra revolucionaria americana. Sueño que solo se interrumpió con una pesadilla criminal que duro menos que la pandemia y que ya terminó.
Dos fenómenos han cambiado la vida de los pueblos en estos años: las movilizaciones masivas y la situación pandémica y los dos se corresponden con la fractura del metabolismo natural. Sigo sosteniendo que la estructura del panóptico pandémico fue ideado más para contrarrestar las movilizaciones que para solucionar la emergencia sanitaria. De tal modo que lo pandémico es un nudo de conceptualizaciones filosóficas, sociológicas, políticas, económicas y, en último lugar, médicas. Las transformaciones pandémicas sometieron a la población a los múltiples circuitos gubernamentales: Estados de excepción, reformas laborales, tributarias, de extracción de recursos naturales, de endeudamiento para beneficiar a los capitalistas y de control biopolítico poblacional.
Voy a empezar por el final, por la rueda de prensa brindada por el presidente de la CONAIE, Jaime Vargas, y el presidente del MICC, Leonidas Iza, en la cual, particularmente Iza retó a debatir a sus contrincantes o adversarios al interior del movimiento indígena y de la izquierda en general: sí el movimiento indígena era o no de izquierda socialista-comunista. Y él inscribiéndose en esta última concepción.