Originalmente el pago de diezmos, abonados por los agradecidos feligreses, se remontan a prácticas voluntarias instituidas por la religión judaica. Luego, constituido el antiguo imperio romano, las clases dominantes del Estado legalizaron el tributo de la décima parte de los frutos cosechados, animales domesticados y del dinero que debían entregar productores y comerciantes.