Yo, que tengo la misma edad que Don Diego Oquendo, les tengo dicho a los verdugos de mis hijos: si ven que desvarío constantemente, si quedo en ridículo tres veces por semana y antes que cante el gallo; por dios, ya no me dejen hablar cualquier cosa, quítenme la computadora, bloquéenme el facebook y el twitter. Hay que envejecer con dignidad.
¡Los banqueros unidos jamás serán vencidos! Precarizar el trabajo dicen. Retroceso de derechos de cien años, gritan. ¿Seguridad Social? Ni que esas fantasías sirvieran para algo. Y esperen nomás. Nuestra venganza será implacable con la otra ley urgente.
Desde pequeño aprendió a amar gobiernos que adoran lo privado. Tenía un retrato inmenso de León Febres Cordero en su alcoba, pintado en el tumbado; así, antes de dormirse, le dedicaba dos aleluyas a su ídolo.
Recuerdo del escritor chileno Luis Sepúlveda, a cargo de Hugo Palacios: "A pesar de su valía como intelectual y escritor renombrado, la gente común debió ser su punto de partida de todas las cosas. Porque nació proletario y entendía mejor que nadie la realidad; porque, aunque sea dura, tiene magia".
He pecado, padrecito. Le juro, por diosito, que es más fuerte que yo. No puedo evitarlo. Siempre que el presidente, su vice y sus ministros aparecen en las noticias y en el Facebook que me abrieron por la cuarentena, algo dentro de mí se vuelve turbulencia.
Que alguien le avise, creo que está escribiendo sonámbulo o debe ser un déjá vu de sus tiempos de pelagato.
“…son cínicos, violentos, fanáticos, discriminadores,...
Conciudadanos, compatriotas. Pueblo en general y amigos por la paz:
Como es de su conocimiento, no hemos renunciado, no lo haremos y nos mantendremos como...