Por Carlos Villacís*

La realidad y la ficción se parecen tanto que, en estos tiempos profundamente mediáticos, es muy dificil distinguir las líneas que la separan. Esto aconteció en estos días, ante nuestros ojos, en las últimas elecciones presidenciales realizadas en los Estados Unidos, donde triunfó el demócrata Joe Biden, enterrando al fascista republicano Donald Trump.

Por Jaime Chuchuca Serrano

A día de hoy, EE.UU. sigue siendo la principal potencia mundial aunque está siendo desplazada en varios asuntos estratégicos por China, con la que se disputa la hegemonía mundial. De 1944 a 1991, EE.UU. consolidó el imperialismo financiero y venció a la Unión Soviética en la guerra fría. El capitalismo tiene varias fracturas irreparables y desde 2008 ha caído en una crisis hasta ahora insuperable, peor con la pandemia en la que varios mercados fueron bloqueados y se contrajo la producción. La reacción ciudadana se reactivó con las movilizaciones mundiales desde agosto y entraron al corazón de norteamericano con el asesinato de odio a George Floyd.

Por Milagros Aguirre* /Informe del CEP**

Ni la pandemia ni la crisis económica han sido obstáculo para quienes quieren gobernar este pequeño país del sur de América durante los próximos cuatro años. Las aspiraciones presidenciales son un disparate: 12 candidaturas admitidas y tres en trámite hasta la fecha de este informe. La campaña para las elecciones de febrero de 2021 será en condiciones peculiares: sin tarima ni multitudes o grandes concentraciones por la emergencia sanitaria y en un escenario de descontento social, corrupción y hastío, caldo de cultivo para la demagogia y el populismo. Todo indica que las redes sociales serán el caballo de la batalla en estas elecciones y que los candidatos echarán mano de ejércitos de trolls, las noticias falsas, cadenas de desprestigio y descalificación, memes y cadenas de mensajes por whatsapp. Se prevé mucha campaña sucia y menos debate de ideas y propuestas para sacar adelante al país.

Por Claudio Pizarro y Sergio Jara*

Fueron cuatro décadas y en ellas pasaron muchas cosas. El fin de la Constitución de 1980 marca un hito en varios aspectos: cierra la transición pactada de un modelo administrado por la clase política y abre un nuevo período en la historia con un fuerte componente ciudadano. Un hecho inédito en nuestra vida republicana, que desató celebraciones en todo Chile.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Bolivia afrontó su primer proceso electoral sin la presencia de Evo Morales, desde 1997 había sido la figura central. Las elecciones se realizaron en medio de la persecución política, militarización y polarización de los discursos entre el MAS (tildados de “salvajes”, “corruptos”, “autoritarios”) y las fuerzas antiderechos, racistas, religiosas y conservadoras. El conteo rápido, ahora manejado por un tribunal cercano a Jeanine Áñez, tuvo irregularidades y derivó, nuevamente, en la presunción de fraude. Sin embargo, la votación de Luis Arce descuella el 54 % y gana en primera vuelta con un número de votos superior al de Morales en 2019 (con 14 años en el poder); Mesa le sigue de lejos con el 31%. El MAS gana también en las 2 cámaras. En La Paz, Arce alcanzó el 65% y en Santa Cruz, ciudad de oposición, el 35%.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

El proceso electoral ecuatoriano 2021 está influenciado por la correlación de fuerzas del Levantamiento de Octubre. Hay tres binomios que expresan el proceso histórico del Estallido y la decadencia del moreno-correísmo, de los cuales saldrá probablemente el futuro presidente y vicepresidente/a: Guillermo Lasso-Alfredo Borrero, Andrés Aráuz-Carlos Rabascall o Yaku Pérez-Virna Cedeño.

Por Alfredo Espinosa Rodríguez*

Ecuador vive una convocatoria a elecciones que cercenó de raíz el derecho constitucional de los ciudadanos y de los sujetos políticos a presentar acciones de corrección e impugnaciones. Un presupuesto de USD 114,3 millones que insulta a la realidad de un país económicamente desahuciado. Un calendario electoral que inobserva los requerimientos de sus principales actores, los partidos políticos, exceptuando a las organizaciones correístas ahora coligadas en UNES (Centro Democrático y Fuerza Compromiso Social). Procesos de democracia interna, en algunos casos ingeniosos y, en otros, atropellados y hasta dudosos en los nombramientos de directivas y precandidatos. Alianzas electorales sin programa que refiera algo más que la unidad de acción por no dividir la captación de votos. Un sistema informático que no garantiza la ansiada transparencia en el proceso y un deseo algo pervertido de buscar a toda costa contratos con empresas extranjeras para que auditen al máximo al órgano del control del Estado, como si una empresa, por más “eficiente” y “laureada” que sea, pudiera avalar a la Contraloría y sus informes. Terrible, pero cierto. La institución electoral se brutalizó a tal punto que hasta la soberanía se entrega como un cheque en blanco. 

Por Julio César Amendaño*

Se acerca la nueva campaña electoral y, al mismo tiempo, es el momento de evaluar lo ejecutado por el inquilino de Carondelet, Lenín Moreno. En un cruce de información entre el plan de campaña presentado por el banquero Guillermo Lasso (2017) y lo ejecutado por régimen actual, queda en evidencia que Moreno cumplió las ofertas de Lasso. Aquí 10 ejemplos:

Por Francisco Escandón Guevara*

El empleo de las encuestas, aplicadas en las campañas políticas, data del período entreguerras  del siglo XX. Los sociólogos norteamericanos, Lazarsfeld y George Gallup, acudieron a estos procedimientos metodológicos y estadísticos para la obtención de datos que expliquen el comportamiento de las masas.

Por Juan Carlos Coéllar

No nos conocemos personalmente, pero te confieso que me embarga una profunda tristeza y desazón tras la condena al expresidente Rafael Correa por el caso “Arroz Verde”, pese a que hace mucho tiempo dejé de apoyarlo políticamente porque me decepcionaron sus rasgos autoritarios y las limitaciones de su gestión para emprender en otros caminos que no sean los del desarrollismo de Estado. Estoy convencido de que esta decisión, al igual que la condena por el llamado “Caso Balda”, son parte de una estrategia perversa de judicialización de la política y de politización de la justicia, aupada por las élites políticas y económicas del Ecuador, los medios de comunicación hegemónicos y el poder imperial de los Estados Unidos.