Sólo los odiadores de derecha e izquierda cierran los ojos ante la evidencia palpable de que el proceso político en el Ecuador tiene un antes y un   después de Rafael Correa Delgado. Las acusaciones de corrupción hechas a raíz de la traición de Lenín Moreno Garcés no pueden, ni podrán, negar el intento de “asaltar el cielo” hecho por Rafael Correa y la llamada Revolución Ciudadana.

La década perdida dejó un andamiaje – hasta la fecha – difícil de desmontar: el tráfico de influencias, el manejo clientelar de la institucionalidad del Estado y el derroche faraónico de recursos para disfrazar la crisis con bonanza a pretexto de cualquier mejora o compra técnica, tecnológica y de infraestructura; pero también, el deseo perverso por convertir a los funcionarios públicos en trabajadores particulares y mercenarios al servicio irrestricto de las autoridades de turno cuyos intereses no siempre son los mismos que los del país

Con la primavera de las movilizaciones latinoamericanas también se configuró el fascismo. Así como una cárcel se construye de varios materiales, el fascismo fue aliando los microfascismos existentes en las sociedades: élites y clases autoritarias, machismos, racismos, militarismos, violencias paramilitares, mafias, xenofobia, sectas religiosas ultraconservadoras, ignorancia y partidos de ultraderecha, con la consabida persecución ideológica y manipulación mediática de masas.

La minga, concepto de la cosmovisión andina cuyo enfoque paradigmático implica una relación de paridad, complementariedad y reciprocidad en comunidad; ha sido vaciado en toda su esencia por un discurso netamente utilitario y un performance multicolor que lo redujo a su condición de palabreja folklórica instrumentalizada por quienes de forma grosera intentan revestir de decencia los acuerdos contra-natura y los amarres políticos entre la partidocracia de Mocolí y la “Década perdida”, para dejar en impunidad la estela del tráfico de influencias, los indicios de fraude, la pérdida de derechos ciudadanos y la invisibilidad de los resultados electorales.

Los microorganismos del correísmo se propagaron por clones y derivaron en la cepa del Morenovirus. No es complicado auscultar el conjunto de síntomas: la improvisación más descuajeringada, la ignorancia en la administración pública, los embelecos con la burguesía, los amarres de parentesco en los cargos, la demagogia extrema, la corrupción desaforada, el discurso grandilocuente de echar la culpa al otro, las decisiones políticas anodinas tipo “tren playero”, la inhumanidad con los indígenas y trabajadores, la persecución judicial y mediática, la violación de la libertad de expresión, la enajenación perpetua de la soberanía, la xenofobia y el racismo infecciosos.

Fácil entrar, difícil salir del fascismo

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta.

Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.