¿Juntos y revueltos?

La modernización del Estado correísta alteró el tejido social y organizativo de las expresiones sociales. Las primeras fracturas de la hegemonía correísta se pueden recoger empíricamente en los años 2010 y 2011, pero la primera gran crisis estalla en el 2013, la que se traduce en el revés electoral de 2014 y en grandes movilizaciones.

Hay muchos semblantes de las elecciones. Algunas alcaldesas ganaron ampliamente como Cynthia Viteri, en Guayaquil (52,76%) por Madera de Guerrero, y Lucía Sosa (44,9%), en Esmeraldas por Unidad Popular; o los alcaldes Agustín Casanova (43,77%) en Portoviejo en una alianza del Partido Social Cristiano; Abraham Freire (42,09%) en Lago Agrio en una alianza de Suma; Ricardo Ramírez (54, 6%) en una alianza de Unidad Popular; Javier Altamirano (44,1 %) en Ambato en una alianza de la Izquierda Democrática.

Los partidos políticos han contaminado la sociedad y dividido a los ciudadanos en todo el mundo y haciendo uso del poder ganado en el juego “limpio” de la “democracia”, se han atrincherando en el Estado, del que se han apropiado. Estos, han decidido dividir y alejar la ciudadanía, a la que ya no sirven con prioridad, con tal de mantenerse en el poder.

¡Qué se han de querer reelegir ahora los mismos! ¡Quince, veinte y hasta treinta años! Si no están los mismos, están las mismas familias. Como táctica Matusalén, ahí mismo calentando el asiento; con un negocio en un lado, hacienda en otro; radio en un cantón, televisión en otro; contratos con sobreprecio por aquí, compadre huido por allá, amigo hecho enemigo más allá, ¿cuál también será el gusto?