Todos conocemos el pánico que hay en Carondelet. Las rejas y alambres de púas se han convertido en decoración permanente, que no se quita ni por Navidad. Además del cuento del golpe, a Lenín Moreno no le deja dormir los casos de corrupción en los que está implicado junto a Rafael Correa, los INApapers y los futuros procesos por el Estado de excepción, represión, violación de derechos humanos, heridos y asesinatos de octubre.

La culpa es de la banca y no de la vaca

André Gunder Frank,  en 1972, utilizó el término de lumpen burguesía  para referirse a las clases dominantes de América Latina que, incapaces de implementar un proyecto nacional, devenían  en  sirvientes de  intereses de  potencias dominantes  y sus grandes corporaciones, misma  lumpen burguesía  que obtiene  ventajas del capital financiero especulativo.

Es probable que en la república de la farándula estas palabras no sean las “políticamente correctas”, sobre todo para un segmento de la sociedad caracterizado por su cinismo y por lidiar a placer con las dádivas de la corrupción arrojadas por el ‘Arroz Verde’, así como también para el feminismo e indigenismo sectario y bravucón.

Martes 19 de noviembre de 2019, a las 21:00 o 22:00, suena fuertemente la puerta de madera. Desde la ventana de mi habitación alcanzo a observar la calle, un policía de operaciones especiales con armamento de guerra y otro vestido de civil, me hacen señas. No tengo idea si es para que les abra la puerta, o están alertando al equipo que se encontraba apostado en la puerta para que actúe.

Mientras una derecha oportunista y ultramontana en Bolivia recurre al socorro imperialista en un nuevo plan cóndor para la región, la juventud y los movimientos populares retoman las calles, los escenarios recuperan la magnitud de la acción directa sobre los ejes ortodoxos de la política y el vaivén se acelera de izquierda a derecha en forma vertiginosa que sería ingenuo creer que no forma parte de la lucha mundial hegemónica.

¿Pueden las teorías sobre una conspiración internacional servir para recomponer el sistema y reforzar la capacidad política del gobierno? Difícil. Por un lado, la amenaza comunista es una muletilla que pertenece al pasado; por otro lado, es difícil que alguien se trague el cuento de que un país pequeño como Cuba, o un país destruido como Venezuela, tengan la capacidad para exportar conspiraciones.