“La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo…Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad”
Montesquieu
“Cuando se dice aquella división de poderes, cuando se dice aquella trilogía de Montesquieu ¿no es acaso hora de preguntarse en la historia política si es que eso es una ley divina? ¿Quién determinó que eso es lo que tiene existir? ¿Por qué pensamos así?”
Galo Mora dirigente de PAIS
Parece que Galo Mora ya no quiere que exista divisiones de poderes… quiere repensar la organización del estado…buen aspirante a viejos ensueños… Ninguna novedad tienen los criterios de organización estatal de Sócrates en la Grecia clásica, le da función divina y única sobre la Polis al estado. Hegel y Max Weber en la edad moderna rindieron apología a su organización, en tanto Marx y Bakunin identificaron al estado con la opresión y el dominio.
Maquiavelo y no Montesquieu puede inspirar al dirigente. Maquiavelo sostiene que los atributos del estado son autoridad y obediencia central, o tal vez podría dejarse inspirar por Thomas Hobbes que piensa en el estado con poderes absolutos e indivisibles para imponer la voluntad, “el orden y la civilidad entre los hombres.”. “paz y miedo” su sincera propuesta “L’état ce moi”. Premisa de todos los regímenes absolutistas o totalitarios.
Del derecho divino[1] en el estado, el pensamiento filosófico liberal propuso su terrenalidad humanizada con la división de poderes. Para Montesquieu y Locke, el estado debe ser la sociedad política organizada para servir al individuo. Los derechos a la vida, a la propiedad y a la libertad deben ser trasferidos por contrato a un poder gobernante, misión que se impone para guardar y proteger los derechos del conjunto. En el pensamiento liberal, el fundamento o entidad moral esencial está en el pueblo como soberano. Rousseau va más allá y propone un contrato social para limitar a los gobernantes y sujetarlos a los mandatos ciudadanos. La inconsecuencia liberal sucedió al no evadirse su filosofía del concepto de “libertad” económica que encumbró la explotación capitalista. El otro poder dominador.
La libertad es una sociedad sin estado y sin clases, el comunismo y el anarquismo lo proponen. La libertad, esencia de la filosofía se obligó a construirse en la política, así por ejemplo, la concepción del estado en Alemania con Hegel, retrocedió respecto a la ilustración francesa, el Hegel “político” vuelve divinizar al estado. Marx objeta la concepción hegeliana, defendiendo el principio de división de poderes y proponiendo nuevas divisiones que toman como ejemplo a La Comuna de Paris y su organización descentralizada. Considera que uno de los logros de la revolución francesa, es el Estado político alcanzando desarrollo, donde “no es la constitución quien crea al pueblo, sino el pueblo el que crea la constitución”. Además concibe como logro frente al absolutismo, el concepto parcial de democracia, recogido desde entonces como la esencia de toda constitución.
Se trata para Marx, de que el estado cambie de dueño revolucionariamente; el proletariado en el poder, esto es el contenido, la forma; que el estado se divida o multiplique al nivel decisor de la clase obrera y sus aliados. Si Para Hegel, constitución y leyes dan poder y soberanía al Estado, “el soberano es el monarca”. Para Marx, no hay cabida a la idea del soberano al interior de la soberanía del Estado[2], de plano rechaza el concepto hegeliano del estado como “forma acabada de perfección social”. El Marx ácrata y comunista concibe que la única manera de suprimir la burocracia, sea desde el interés general, (adiciona la profecía de la libertad que es la supresión del estado). La diferencia con el pensamiento anarquista está en la concepción y propuesta de estado transitorio o socialismo. Para Bakunin la destrucción de estado y propiedad privada capitalista no deben separarse o posponerse, para Marx el estado debe extinguirse evolutivamente.
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La revolución bolchevique leninista tampoco se propuso superar la división de poderes. Desde 1905 bolcheviques y mencheviques propusieron nuevas divisiones revolucionarias que dieron origen al poder “dual” de los soviets como órganos legislativos. En 1917 con la revolución de octubre se afirma la estructura soviética y una nueva versión de democracia obrera. En la concepción leninista, el Soviet no es apéndice de la estructura del partido sino expresión de la clase obrera y sus aliados, el partido en el ejecutivo es un instrumento más de la clase obrera. Pervive el concepto de división de poderes. La construcción post leninista, modifica esta visión en aras del fortalecimiento del estado proletario, una opción de necesidad mas no de libertad. Con Stalin llega a su fin la etapa consejista de la democracia obrera soviética
El fascismo, y las versiones diversas de populismo que se le aproximan, preconizan el estado fuerte y la propiedad privada protegida, pretenden suprimir la división de poderes porque su idea es la concentración central[3]. Para el fascismo no existe realización histórica de las clases, porque la voluntad del líder sobre determina el devenir, la sumisión de la razón a la voluntad es la única necesidad política, y el poder absoluto, una nueva deidad reparadora
Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci y el pensamiento neo marxista en la continuidad del humanismo socialista-comunista, jamás consideraron viable superar “la división de poderes” Rosa habla de un estado proletario con una democracia cotidiana y diseminada en la sociedad, bajo la egida de la clase obrera. Antonio Gramsci recupera desde el principio de poder dual soviético el concepto de hegemonía y bloque histórico con dirección de los consejos obreros para ahondar la división de poderes.
Para el pensamiento libertario comunista se trata de suprimir la explotación del trabajo y al estado opresor, siendo una estrategia valida, su atomización en construcciones sociales de autogobierno y autonomía, es decir la súper división.
El ensueño de Mora, contradice el espíritu de Montesquieu y el espíritu de Montecristi, ahí, la izquierda liderada por Alberto Acosta, si tenía parcialmente una versión gramsciana del estado. Versión jacobina que fue suprimida por la vorágine del sobrepeso del ejecutivo que ya anunciaba la ruptura en el equilibrio de las funciones del estado. La división de poderes empezaba a ser derrotada por la suma de intenciones centralistas autoritarias
La realidad presente nos ha demostrado con creces, que la anulación del concepto división de poderes no solo es un sueño sino una realidad que ya vivimos y pretende ser de todos
[1] al cual aparentemente si respetaría el dirigente. hora de preguntarse en la historia política si es que eso es una ley divina?
[2] Marx recupera el concepto de que la soberanía radica en el pueblo como único soberano
[3] todo autoritarismo necesita reiterar la supremacía de lo abstracto sobre lo concreto, el poder sobre el que hacer, la dominación sobre la energía. Dios sobe los hombres, el estado sobre la sociedad. Concentrar en unicidad es su
necesidad
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