Por Tomás Rodríguez León*

El tiempo, dijo el filósofo, es  “imagen móvil de la eternidad inmóvil”, nos somete en sus manecillas a revisar el movimiento según el antes y el después.  Problema de un etéreo fugitivo que  nos despierta sobrevivientes  en el augurio existencial que  consuela diciendo que, a fin de cuentas. el tiempo pasa. Sin haber llegado al fin de una peste mundial, todos llegamos a la sentencia 2020: el año terrible.

Por Tomás Rodríguez León

La pandemia cuestiona  con severidad   los  pilares de la democracia occidental y cristiana.  Las heridas que la epidemia  deja en el cuerpo político y social exponen la incapacidad de recuperación económica del mundo capitalista, por pérdida de la confianza en los gobernantes  y  por su  extravío descomunal  para enfrentar los  desafíos de la  reciente realidad. Los andamiajes  del Estado sufren  descomposición pandémica con alaridos liberales en retirada, repliegue casi criminal que no salva vidas. Pero los partidos comunistas gobernantes, manejan el momento con  su buena práctica social disciplinaria.