No es 1984 ni tampoco son los tanques de la Policía rodeando – por disposición del expresidente León Febres-Cordero – la Corte Suprema de Justicia para evitar que los jueces no alineados a su partido asuman la magistratura. ¡No! Es 2020 y son las camionetas del Municipio de Guayaquil que por orden de la alcaldesa socialcristiana, Cynthia Viteri, bloquearon la pista del aeropuerto José Joaquín Olmedo para evitar que un avión de la compañía Iberia y otro de KLM, con 11 tripulantes, aterrice y lleve consigo a cientos de ciudadanos holandeses y españoles a sus países de residencia, pese a contar con los permisos del Estado ecuatoriano. Ese mismo Estado del cual todos somos parte, incluida la alcaldesa.

Si la salud y la enfermedad son dilemas  esenciales en la vida de personas y pueblos, las epidemias son amenazas visibles a la existencia que se constituyen en componentes de crisis que agudizan  determinantes de la economía y la convivencia social, atravesando; valores, principios éticos, recursos naturales y el saber. Todo esto pone en reflexión la supervivencia del ser y del planeta.

El COVID-19 preocupa a las comunidades indígenas y campesinas del Ecuador. Leónidas Iza Salazar, presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi habla sobre la emergencia sanitaria en las comunidades, el rol del Estado en torno a la producción agrícola y la importancia de suspender el pago de los créditos para toda la ciudadanía.

Desde el pasado lunes 16 de marzo, el gobierno ecuatoriano impuso medidas obligatorias para restringir la libre movilidad de los ciudadanos. Pero hay familias que no se pueden quedar en casa, pues si no salen a la calle, no pueden sobrevivir. El COVID-19 es una crisis sanitaria sin precedentes, pero como toda crisis, afecta más a las personas que menos tienen: trabajadores informales, personas sin techo y migrantes.

Es una creencia generalizada pensar que de la crisis y los problemas suelen surgir nuevas oportunidades. Ojalá que la pandemia del coronavirus no se escape de esta afirmación, sobre todo cuando el confinamiento y el cierre de las actividades económicas tienen efectos diferenciados entre la población. Aunque la angustia y el temor por nosotros y quienes nos rodean están presentes en todos los seres humanos, hay quienes podrán soportar el confinamiento en una mejor situación que la gran mayoría de la población del planeta.

El mercado de San Roque es uno de los centros de acopio más transitados de Quito. Desde allí cientos de productores, estibadores y vendedores abastecen diariamente a la capital ecuatoriana con frutas, verduras, granos, pescados y carnes. El fotógrafo quiteño Luis Herrera R. muestra cómo la labor de las y los trabajadores de San Roque continúa, a pesar de la crisis provocada por el COVID19.